13 de junio de 2018 00:00

Las Octavas de Corpus se celebraron en una parroquia rural de Patate 

El festejo, con más 150 años de antigüedad, se realizó en una parroquia rural del cantón Patate. Los priostes dicen que en esta zona se asentó el pueblo Panzaleo. Foto: Modesto Moreta/ EL COMERCIO.

El festejo, con más 150 años de antigüedad, se realizó en una parroquia rural del cantón Patate. Los priostes dicen que en esta zona se asentó el pueblo Panzaleo. Foto: Modesto Moreta/ EL COMERCIO.

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Modesto Moreta
Coordinador. (F-Contenido Intercultural)

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La fiesta se prendió en Patate. Las detonaciones de los voladores y el sonido de la banda de pueblo se escuchaban en todos los rincones de la parroquia El Sucre, del cantón Patate, en Tungurahua. Este pintoresco poblado de agricultores, enclavado en la cordillera oriental, festeja la tradicional Octava de Corpus Christi.

Las mujeres vistieron sus trajes autóctonos, compuestos por un anaco negro, pachalli morada (bayeta) y blusa blanca con bordados de hilo. Los hombres llevaron poncho rojo tejido con lana de borrego, pantalón y camisa blancos y sombrero de paño negro. Los habitantes desfilaron por las calles adoquinadas y de tierra.

“Recuperamos nuestra vestimenta -que se dejó de usar hace años atrás- y el festejo de más de 150 años, en este sector donde se asentó antiguamente el pueblo Panzaleo”, contó Ángel Zumbana, uno de los ocho priostes de este año.

Desde temprano, en su casa hubo un movimiento inusual. Decenas de amigos y familiares entraron y salieron disfrazados. Cubrieron su rostro con una máscara color blanco y portaron sobre su cabeza cuernos de vacuno. “Es el toro mocho, el personaje que representa a la yunta, que aún se usa en el pueblo. Este es arreado por la vaquera”.

También hubo danzantes y las tradicionales ‘lavacareras’ como se las conoce en el pueblo. Ellas transportaron sobre su cabeza recipientes plásticos repletos con frutas, papas y cuyes asados. “Son 19 jochas o regalos, que entregamos como ayuda al prioste o al dueño de la fiesta”, dijo Luis Sailema, dirigente del barrio El Calvario.

También en cuatro camionetas transportaron grandes castillos o palos ensebados decorados con frutas, ropa, cuyes y gallinas vivas, que son montados en el estadio de El Sucre.

Los danzantes bailaron al ritmo de violín, bombo y acordeón, que fue interpretado por los cuatro integrantes del grupo Los Luceritos de la Mañana. Ellos presentan, desde hace más de 30 años, melodías autóctonas y sanjuanitos.

Este año, Zumbana -con ayuda de los familiares y amigos- financió los gastos que implican alimentar a más de 400 personas que acompañan en la celebración. Contó que despostó 3 toros, 100 gallinas, 8 cerdos y preparó 10 barriles de chicha de maíz. Además, el tradicional champús elaborado con mote.

“El festejo es en agradecimiento a San Francisco, por los favores y milagros recibidos”, explicó Efraín Flores, vecino del sector.

Los moradores de El Sucre tratan de mantener viva la fiesta, que es considerada un patrimonio de Patate, aseguró Jaime Landa, dirigente del barrio San Carlos, que bailó al ritmo contagioso que impuso la banda Una sola Alegría.

Luis Pullupaxi, presidente de la Junta Parroquial, indicó que hace dos años realizó una investigación con los taitas y mamás del pueblo para recuperar la esencia de las Octavas de Corpus Christi. “Empezamos a recuperar la vestimenta, los personajes como el toro mocho y el danzante”.

En la fiesta participan los vecinos de los barrios Cuatro Esquinas, El Centro, Cruz Loma, San Carlos, San Francisco.

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