26 de enero de 2016 00:00

Ocho apellidos tsáchilas van desapareciendo en las comunas de Santo Domingo

"No queremos que nuestro apellido se pierda con nuestros hijos”, comenta Diana Machín. Foto: Juan Carlos Pérez/PARA EL COMERCIO

"No queremos que nuestro apellido se pierda con nuestros hijos”, comenta Diana Machín, ante la poca descendencia de los apellidos tsáchilas. Foto: Juan Carlos Pérez/PARA EL COMERCIO

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María Victoria Espinosa
(F-Contenido Intercultural)

Unas 50 personas llevan el apellido Loche en las comunas tsáchilas El Cóngoma y Colorados del Búa, en la provincia de Santo Domingo. Ese es uno de los cuatro apellidos, que poco a poco han ido desa­pareciendo en las comunas.

Franklin Loche asegura que este apellido nació hace más de 150 años, como un apodo de su bisabuelo Horacio. Primero lo llamaron Alochi, en alusión a un árbol nativo caracterizado por ser fuerte.

Luego, a los hijos les decían Lochi. Pero cuando llegaron los primeros colonos a Santo Domingo, hace casi 70 años, se inscribieron en el Registro Civil. “Mi padre, Horacio, nos cuenta que en lugar de la i pusieron la e. Por eso somos tan pocos”.

Según el exgobernador tsáchila Héctor Aguavil, en esa misma época varios tsáchilas al inscribirse no se colocaron sus apellidos verdaderos sino que optaron por el Calazacón, Aguavil o Gende.

Algunos lo hicieron por ser parte de esas dinastías, de las cuales nacieron los poné (curanderos) y gobernadores más reconocidos de la nacionalidad.

Aguavil asegura que los apellidos más conocidos por los tsáchilas y de los que hay registros son: Calazacón, Aguavil, Oranzona, Gende, Zaracay, Loche, Alopí, Sauco, Calástico, Machín.

Aunque agrega que el más antiguo es Languiche, de la comunidad de Otongo Mapalí. Pero en la actualidad ya no hay descendencia de esa última familia.

El historiador Washington Piedra señala que el significado de los apellidos tsáchilas está relacionado con los lugares que para ellos eran importantes, como el bosque, las piedras sagradas o nombres de animales en idioma tsa’fiki.

Luis Machín asegura que su apellido nació en un poblado, ubicado entre El Cóngoma y Colorados del Búa. “Mis abuelos y tíos me contaban que en ese poblado hubo una enfermedad hace unos 200 años, y los tsáchilas estaban muriendo. Los que no se habían enfermado huyeron hacia las comunas vecinas. Por eso no somos tantos”.

Los Oranzona, en cambio, viven en las comunas Colorados del Búa, Otongo Mapalí y El Cóngoma Grande.Otros, como en el caso de María Oranzona, decidieron abandonar las comunas tsáchilas y vivir en Santo Domingo.

“Las comunas son propiedades comunales y nosotros quisimos tener nuestro propio terreno en la ciudad para seguir practicando el chamanismo”.

Aguavil afirma que el apellido Zaracay no es nativo de la nacionalidad, sino de la provincia de Imbabura. Afirma que en 1750, aproximadamente, los tsáchilas vivían en las orillas del río Cocaniguas. Hasta allí llegó un joven comerciante, Segundo Leonidas Zaracay, y se casó con una mujer de la etnia.

Ese matrimonio fue motivo de problemas en la familia de la joven, porque no estaban permitidas las uniones con mestizos. Sin embargo, el joven se quedó y dio origen a este apellido.

Pero Manuel Zaracay asegura que esa historia no está confirmada, porque no hay escritos tsáchilas que daten de esa época.

“Solo los ancianos tsáchilas conocen la verdad sobre nuestra historia, pero lastimosamente no la contaron y no quedó registrada en libros o en materiales audiovisuales”.

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