6 de September de 2014 00:00

Las obras claves para el culto a Gustavo Cerati

Fueron seis las ocasiones que Cerati llegó al Ecuador. La primera en 1986 en su primera gira en América Latina. Foto: Archivo / EL COMERCIO

Fueron seis las ocasiones que Cerati llegó al Ecuador. La primera en 1986 en su primera gira en América Latina. Foto: Archivo / EL COMERCIO

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Luis Fernando Orquera. Redactor
forquera@elcomercio.com (I)

Aunque los fanáticos acérrimos de Gustavo Cerati y Soda Stereo se sientan incómodos con la manifestación de pesar desde el lado del público menos conocedor, tal efecto habla del grado de influencia de la música del argentino. Pudo llegar a personas de diferentes gustos musicales y regiones geográficas; todo esto pese a que gran parte de ese público lo haya conocido por las obras cliché.

Pegar en el muro de Facebook canciones como De música ligera, Persiana Americana o Cuando pase el temblor, de Soda Stereo, no tiene nada de malo, si lo que se trata es de recordar al compositor argentino por sus obras más cantadas, más queridas a gran escala. Sin embargo, no estaría demás que, a manera de celebrar la vida de Cerati, también exista una suerte de empape con sus obras de culto; aquellas que los fans más enterados se jactan de disfrutar con cierta lejanía de las masas.

Bajo la premisa de que la mayoría de personas de Ecuador nacidas entre 1970 y el 2010 han escuchado aunque sea de rebote algunos de los éxitos más sonados del argentino, este apartado deja de lado los álbumes con canciones que pululan en karaokes . Hoy, entramos en dos hitos de su discografía que más que populares fueron vanguardistas desde un sentido musical.

De la etapa con Soda Stereo, no cabe dudas que 'Dynamo', de 1992, fue como un chirlazo a todo lo producido antes en la carrera de la, entonces, banda de rock latino por antonomasia. Ese carácter se revelaba incluso al sonido de un disco que de por sí ya había dado un vuelco al estilo del grupo; el antecesor ‘Canción animal’, de 1990.

¿Por qué escucharlo? Aquí se aprecia a una banda más sintonizada con la corriente de la época: el shoegaze y la música experimental sin caer en fórmulas incomprensibles. No es gratuito que All Music haya puntuado esta placa con 4,5 estrellas de cinco posibles. Para todo conocedor, ‘Dynamo’ es referente para el sonido que caracterizó al rock latinoamericano de la década.

Por otra parte, su segundo trabajo de estudio como solista, el ‘Bocanada’, de 1999, es la placa para descubrir al Cerati más iluminado desde el punto de vista de la producción. Aquí se alejó temporalmente del sonido de guitarras y encendió sin miedo sus máquinas de secuencias y sintetizadores análogos y digitales. Como buen admirador del trabajo en estudio de los Beatles y de productores como Phillip Spector, en este álbum el estudio se convirtió en otro instrumento musical.

En su época -al igual que con ‘Dynamo’- el disco no fue bien procesado por la vieja guardia ‘sodera’. Ambos conceptos fueron incomprendidos e incómodos para esa facción, mas llevó al artista a nuevos públicos. Es desde aquí que se entiende que la influencia de Cerati se siente no solo en músicos que bordean los 40 años sino también en más jóvenes que tienen un tercio de la edad del autor.

La producción de videos con la firma de Cerati buscó la vanguardia, especialmente en los 90 y en el nuevo milenio. Cerati supo rodearse de artistas visuales que se alinearon para entregar obras de arte como el sensual Zoom o el simple Cactus, cuyo romanticismo no es efectista sino que radica en la intimidad compositiva de Cerati.

Si se menciona esto al fan acérrimo, o sus proyectos alternos Plan V, Ocio o Roken y la banda sonora que compuso para la cinta ‘+ Bien’, el argumento de la incomodidad se cae. Cerati era para todos.

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