28 de octubre de 2016 11:20

‘Tazas rosas de té’ rescata del olvido a los muertos de la masacre de Aztra

El 18 de octubre de 1977 centenares de obreros que trabajaban en el ingenio azucarero Aztra perdieron la vida a manos de policías que les dispararon a mansalva.  Ayer, 27 de octubre del 2016, su  memoria  fue rescatada en ‘Tazas rosas de té’, una pieza es

El 18 de octubre de 1977 centenares de obreros que trabajaban en el ingenio azucarero Aztra perdieron la vida a manos de policías que les dispararon a mansalva. Ayer, 27 de octubre del 2016, su memoria fue rescatada en ‘Tazas rosas de té’, una pieza escénica. Foto: Galo Paguay/ EL COMERCIO.

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Gabriel Flores

Para los ecuatorianos las masacres colectivas son esos acontecimientos macabros que han sucedido en lugares distantes. Se habla de los muertos y desparecidos de las dictaduras de Chile, Brasil o Argentina pero nunca de los que perdieron la vida en el país. ¿Hubo dictadura en Ecuador?, ¿hubo muertos y desaparecidos?, ¿se masacró a gente?

El 18 de octubre de 1977 centenares de obreros que trabajaban en el ingenio azucarero Aztra perdieron la vida a manos de policías que les dispararon a mansalva. Todo por iniciar una protesta que buscaba mejoras en sus condiciones laborales.

Ayer, 27 de octubre del 2016, la memoria de estos obreros fue rescatada en ‘Tazas rosas de té’, una pieza escénica que forma parte de la programación de la segunda edición de la Fiesta Escénica de Quito 2016. Un golpe a la desmemoria de un país que ha encontrado en el olvido tempranero la forma más eficaz para no salir de su zona confort.

En el último piso de Casa Mitómana, un invernadero cultural que abrió a inicios de este año, el trabajo dramatúrgico de Gabriela Ponce y las actuaciones de Martha María Lasso, María Dolores Ortiz y María Josefina Viteri lograron incomodar al espectador y lo sacaron de ese sensación de relax que le ha dado la comedia ‘light’, tan popular en estos días.

Alejada del panfleto reivindicador del teatro político, ‘Tazas rosas de té’, construye una poética en torno a la memoria y a la importancia de inventariar a nuestros muertos. En el escenario, un pequeño mundo salpicado de tierra, -polvo eres y en polvo te convertirás- hay tres actrices que juegan a olvidar y a recordar y también hay decenas de voces.

Esas voces apagadas y entrecortadas son testimonios reales de los sobrevivientes de esta masacre. Voces que forman parte del archivo sonoro del documentalista ecuatoriano Pocho Álvarez. Esos testimonios sin rostro se intercalan con la historia de una mujer que se niega a que ocurra el olvido tras la muerte de su ser querido.

Esta mujer descubre que la única forma de ganarle la partida al olvido es a través de un inventario riguroso de los objetos que formaban parte del mundo de su muerto. ¿Se ha hecho un inventario de lo ocurrido en Aztra? En ‘Tazas rosas de té’ se recordó que hasta la fecha solo uno de los cuerpos fue velado, que la ley no ha determinado culpables y que los obreros fueron convertidos en fantasmas.

Cuando la muerte asalta de golpe y sopetón lo que busca la persona que está de luto es que las huellas de esa ausencia no se borren. ¿Si no existen huellas entonces habrá que desenterrar a los muertos?, eso es lo que hace la protagonista de esta historia.

En el mundo construido para ‘Tazas rosas de té’ hay una pequeña lámpara, hay un sillón con las piernas de lo que una vez fue un cuerpo, hay dos mujeres oficinistas que tramitan los documentos para el olvido, hay una mujer que se suicida y hay, sobre todo, un ejercicio de colocar a la memoria como algo trascendente para la vida.

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