6 de octubre de 2017 00:00

Una deficiente nutrición afecta al universitario

Fabricio Ortiz, de 27 años, mejoró su alimentación tras la sugerencia de su médico. Foto: Julio Estrella / EL COMERCIO

Fabricio Ortiz, de 27 años, mejoró su alimentación tras la sugerencia de su médico. Foto: Julio Estrella / EL COMERCIO

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Paola Gavilanes
Redactora (I)

A solo meses para alcanzar el título de comunicador organizacional Fabricio Ortiz, de 27 años, descubrió que tiene el colesterol alto, condición que aumenta el riesgo de padecer una enfermedad cardíaca.

Esa alteración en su estado de salud se produjo, según su médico, por el consumo recurrente de comida rápida como parte de su rutina universitaria.

A él, por ejemplo, le encantaban las papas fritas, un producto que alcanza las 1 000 calorías, es decir, la mitad de las sugeridas al día por la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO): entre 2 250 y 2 500 para jóvenes de entre 18 y 30 años sedentarios o con actividad física moderada.

La preferencia por la comida ‘chatarra’ genera, según Sara Rivera, asesora nutricional de Herbalife, la ingesta de entre 4 000 y 4 500 calorías al día, ya que además de las papas fritas, los universitarios comen hamburguesa, galletas, chocolates, chicharrón, gaseosas.

Esa sobredosis de calorías preocupa porque, además de ser excesiva, la mayoría proviene de productos que carecen de nutrientes.

Como consecuencia llegan enfermedades como la obesidad, hipertensión, colesterol alto, diabetes e incluso desnutrición. Los universitarios también registran mareos y bajo rendimiento académico.

Francisca Cifuentes, nutricionista, añadió que ese consumo desmedido ocurre porque los estudiantes universitarios omiten el desayuno, la comida más importante del día, pues llega después de un ayuno prolongado, y también por la falta de opciones en los lugares aledaños a las universidades y de presupuesto. Una salchipapa, por ejemplo, alcanza los USD 1,50, mientras que un almuerzo cuesta entre USD 2,50 y 3.

Para reducir el riesgo de sufrir enfermedades, Cifuentes aconsejó iniciar la mañana con un desayuno que contenga todos los macro y micronutrientes que el organismo necesita para enfrentar la jornada estudiantil: proteína, carbohidratos, grasas saludables, vitaminas y minerales. Como ejemplo citó: un vaso de leche, fruta picada, huevos y una rebanada de pan con aguacate.

Para días de mayor trajín, Rivera recomendó un batido o suplementos que contengan todos los nutrientes.

Recargadas las energías, los estudiantes están listos para arrancar con sus clases, que por lo general empiezan a las 07:00 y terminan a las 19:00, pues muchos estudian en la mañana y noche.

Para evitar la ingesta de comida ‘chatarra’, las especialistas sugirieron incluir un snack a media mañana y a media tarde. En total, un estudiante entre los 18 y 30 años debe sumar cinco o seis comidas al día.

La clave, según Cifuentes, es organizar el menú de la semana con anticipación y aprender a seleccionar la comida más saludable. Ahora que es tendencia la comida manabita, el plátano verde podría ser una buena alternativa, siempre que sea cocinado al horno o vapor. El cevichocho es otra opción.

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