13 de julio de 2015 17:45

NUMA crea artesanías con conciencia ecológica

NUMA junto a otras 15 marcas promocionan y venden sus productos en la casa 707 en La Ronda. Foto: Ramiro Aguilar/ EL COMERCIO

NUMA junto a otras 15 marcas promocionan y venden sus productos en la casa 707 en La Ronda. Foto: Ramiro Aguilar/ EL COMERCIO

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Gabriela Vivanco
Redactora (I)

Algunos son grandes, otros pequeños; son coloridos y ninguno se repite. Se trata de los ‘monstruocos’, juguetes hechos con botellas plásticas recicladas y tela, una de las artesanías estrella del colectivo Nosotros Unimos Manos por el Ambiente (NUMA).

Sabrina Jaramillo, creadora de los productos, los denomina juguetes de transformación. Junto a los ‘monstruocos’ NUMA comercializa carteras, monederos, espejos, lámparas, diademas, imanes, etc., que son elaborados con materiales reciclados como papel maché, botellas de plástico y reutilización de utensilios como sartenes; en fin, cualquier objeto se puede transformar en otro.

La idea -explica Jaramillo - es crear objetos útiles a partir de materiales considerados como basura, mediante el trabajo artesanal. La fabricación de estas artesanías es uno de los pilares del colectivo, el otro es la educación, compartir su conocimiento sobre el ambiente con la sociedad.

En NUMA se hacen monederos con los restos de las botellas de plástico. Foto: Captura

A través del contacto con fundaciones, NUMA Reciclarte da talleres de cuidado del ambiente y de reutilización de materiales en escuelas, colegios, comunidades y asociaciones a lo largo y ancho del país. El objetivo es que los grupos aprendan un mecanismo para emprender un negocio, pero también que la información se siga replicando con otros grupos. ”La idea es que el conocimiento se pueda llevar a más lugares y así crezca”, indica Jaramillo.

En estos talleres se explica la importancia de la conservación del ambiente, se capacita a la gente sobre el daño que causan los materiales y se enseña cómo trabajarlos. Según los materiales del entorno y las necesidades de los participantes del taller, luego se dictan clases prácticas en las que se crean artículos, reutilizando materiales.

Según el colectivo, la artesanía y el arte funcionan como una suerte de herramienta de concienciación y educación. Jaramillo explica que cualquier persona puede elaborar productos a partir de materiales reciclados sin la necesidad de tener una inversión importante.

“El fin es que la gente cree, no que les vayas a decir qué hacer, que ellos desarrollen su creatividad”, dice. Los artículos elaborados no tienen que tener necesariamente un fin comercial, pueden también ser solucionar necesidades cotidianas como la elaboración de palas y escobas con botellas recicladas o la construcción de huertos.

El fin no es solo vender, sino que las personas lleven "productos con conciencia". Esto significa incentivar la creatividad para que los materiales se reutilicen. Jaramillo narra con agrado que este fenómeno de la reutilización y el reciclaje ha crecido, aunque es necesario que se siga expandiendo a todos los rincones.

El colectivo es parte de la asociación Artesanía Urbana la cual tiene un local en la casa 707 de La Ronda, en el Centro Histórico de Quito. En la tienda se exhiben los productos de esta y 15 marcas más. En una esquina, de las ramas de un árbol cuelgan pájaros de madera de distintos colores, junto a este se encuentra un estante con decenas de libretas que lucen impresionantes diseños en sus portadas; muy cerca se encuentran las joyas elaboradas con plata y hojas naturales; hasta se puede conseguir un delicioso chocolate o una picante mermelada.

La diversidad es el ingrediente principal del local. NUMA, Verónica Valencia, Mano Luz, taller La Polilla, Arte en Cumbayá, Mariposa Manchada, Suspiro, Dulce fuego, Uchu, Juuqui, Carmena, Miguel Varea, Cacawito, 93, Luna de Plata y el Huerto de Hina son las 16 marcas que conforman la Asociación.

Estas firmas se unieron para fomentar la artesanía que existe en Quito. A pesar de que algunos artículos pueden resultar similares, ninguno se repite porque son hechos manualmente. “Cada objeto tiene su diseño, su historia, su alma”, señala, Sabrina.

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