28 de julio de 2014 15:59

¿Podríamos entrar en una nueva guerra mundial? 

Margaret MacMillan prestigiosa historiadora y autora del libro '1914, De la guerra a la paz'. Foto: Wrtiers Trust of Canada

Margaret MacMillan prestigiosa historiadora y autora del libro '1914, De la guerra a la paz'. Foto: Wrtiers Trust of Canada

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Ivonne Guzmán. Editora

Margaret MacMillan  es la autora del libro ‘1914, De la guerra a la paz’, rectora del St. Antony’s College en la Universidad de Oxford y una de las historiadoras más prestigiosas del mundo y junto con Christopher Clark y Harold James una autoridad en la Primera Guerra Mundial, que estalló hace 100 años, el 28 de julio de 1914.

En una entrevista telefónica concedida hace un par de meses por MacMillan, la historiadora contestó a algunas preguntas sobre paralelismos entre los contextos de la Primera Guerra Mundial y el momento actual.

¿Cuáles podrían ser las motivaciones para empezar una guerra mundial ahora?

Creo que es muy improbable (eso también se pensaba antes de la llamada Gran Guerra, de 1914). Pero las motivaciones para la guerra están siempre ahí y pueden ser por territorio, por prestigio, por agua, por honor, por cuestiones de poder. Pero es improbable porque las armas son tan destructivas y de tan largo alcance en este momento que un conflicto mundial sería demasiado costoso para todos.

En su libro menciona que en 1914 cuestiones como la defensa del honor desataron la guerra, ¿cree que Vladimir Putin puede tener también algo con su honor que desate una guerra?

A Putin le gusta apostar, arriesgar, y lo ha hecho con lo que pasó con Crimea (que inició la crisis de proporciones que protagonizan actualmente Rusia y Ucrania), a sabiendas de la posición de Occidente y de Ucrania. Pero creo que no es el único ruso que se siente así respecto de este tema; los rusos se sintieron muy humillados por lo que les pasó al final de la Guerra Fría (en 1991). Y creo que ese sentimiento debe tomarse mucho más en serio de lo que ha sido tomado, porque Rusia es una potencia y quiere proteger sus fronteras.

Cuando la primera Guerra explotó, en su libro usted dice que el mundo en ese momento no tuvo un líder que pudiera evitar la tragedia. ¿Ahora sí existe ese líder con la suficiente imaginación y visión para evitar un conflicto mundial?

Tenemos que esperar que los tengamos, que sean líderes sensibles, calmados y preparados para comunicarse con la otra parte. Que no sean apresurados, pero que sí sean firmes y creo que la persona a la que todos ven es a (Barack) Obama. Es un hombre inteligente y tiene que ser cuidadoso. Y ahora el problema que tiene es decidir cómo responder a esto que está pasando. Hay mucha división en Occidente, los rusos se dan cuenta de esto y están aprovechándolo.

Su libro también menciona peligros actuales, similares a los de hace un siglo, como la violencia religiosa o las protestas sociales. ¿De alguna manera estamos experimentando desde hace un tiempo una guerra de alcance mundial de baja intensidad y larga duración?

Creo que tenemos muchas guerras de baja intensidad, muchas de ellas son guerras civiles nacionales, y también estamos viviendo guerras con nexos internacionales; hay guerras inspiradas en ideologías religiosas, que cruzan fronteras, son movimientos internacionales. Estoy pensando en Al Qaeda y su guerra de terror contra Occidente. Actualmente no estamos viviendo muchos conflictos organizados por los Estados ni entre Estados, sino conflictos llevados adelante por grupos con razones muy específicas y con vínculos internacionales.

Son otro tipo de guerras.

Sí, son guerras distintas a las que estábamos acostumbrados, que eran las que se daban entre Estados organizados. Y ahora estamos viendo guerras dentro de los Estados con vínculos con otros grupos fuera de esos Estados.

¿Como sociedad, estamos conscientes de los riesgos que hay de que se detone un gran conflicto mundial?

Creo que tendemos a estar más enfocados en el combate al terrorismo o los conflictos civiles, porque no hemos tenido por un buen tiempo un gran conflicto entre Estados. Ya no pensamos en esa posibilidad después de que finalizó la Guerra Fría. Nos parece muy improbable ver a países en guerra, ya no esperamos una gran guerra generalizada.

¿Y este gran conflicto pudiera comenzar con estos grupos pequeños que están desestabilizando a los países por dentro?

Siempre hay un peligro cuando hay un conflicto que está siendo influenciado por fuerzas externas, como en Siria por ejemplo, que tiene una guerra civil, y que también soporta la influencia de partes interesadas externas que están involucradas, como Arabia Saudita o Irán. Y existe el peligro de confrontación directa entre países.

La opinión pública tiene cada vez más protagonismo gracias a las redes sociales, por ejemplo. ¿Cómo esto puede influir para propiciar o detener una guerra mundial?

La opinión pública puede ser muy importante y puede funcionar de muchas maneras, pero en los conflictos mundiales es difícil que gente de tantos lados pueda sentirse cercana a cosas que pasan en sitios tan distintos y lejanos; aunque puede ser que otras veces funcione. Hay mucha gente opinando sobre todo, presionando por cosas que no pasan en sus países. De hecho muchos actos terroristas están tratando de generar impacto en la opinión pública.

¿Esta opinión pública fuerte entonces puede ayudar más a evitar conflictos que a generarlos?
Es difícil de decir, porque muchas veces la opinión pública puede desatar también un conflicto. A veces mete leña al fuego, como en las guerras civiles, y a veces dice que ya está harta de la guerra, como en Irlanda del Norte o en Colombia.

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