13 de March de 2015 21:14

La nostalgia de una época revive el baile del swing

Música, vestuario y emotividad se conjugan para dar ritmo al baile de los años 20, ahora en Quito. Foto: Galo Paguay / El Comercio

Música, vestuario y emotividad se conjugan para dar ritmo al baile de los años 20, ahora en Quito. Foto: Galo Paguay / El Comercio

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Ana Belén Veintimilla

En los años 20 era fácil reconocer el uso del saxofón para dar la tonada del jazz. De este estilo se derivó un baile particular lleno de alegría, el swing. Representantes del género como Duke Ellington, Cole Porter o George Gershwin aparecieron para formar las grandes orquestas y dar vida al swing en EE.UU.

El swing es un estilo que toma los bailes lindy hop y el charleston para contagiar de alegría al jazz. Yolanda Endara, profesora de swing, reconoce el término ‘jitterbug’ como elemental para describirlo, “es un estilo vibrante, porque tienes al rebote como base en todo el baile. Además de esto, se encuentran las patadas, triples y giros” que se aplican.

Durante la década de los 80, el swing resurgió especialmente en escenas como la neoyorquina. El gusto por la estética vintage y el poder del baile ha revivido una vez más esta tradición social ahora en Quito. En la Casa de la Cultura Ecuatoriana, Yolanda junto a Yulia Endara y Daniel Quelal dan clases de swing, dividido en dos modalidades: en parejas y el ‘solo jazz’. El segundo formato permite a los asistentes bailar una coreografía que, al final del mes, se presenta en una fiesta de época.

Las faldas largas, un poco más abajo de la rodilla, los colores brillantes, los ‘polka dots’, o círculos que contrastan el atuendo, son algunos de los detalles que se visibilizan en estas fiestas para el vestuario femenino. Los hombres, sin embargo, retornan a la elegancia que dan los tirantes, sombreros y, por supuesto, los ternos. Para Yulia -en cuanto al vestuario- el swing tenía una tendencia marcada por el charleston pero “ahora tenemos la libertad de tomar la ropa del siglo entero y acoplarla. La idea es que la gente se sienta elegante. Porque una fiesta de swing es algo especial”.

Miguel Jiménez, de 22 años, se acercó a las clases de swing por el gusto a la música de época “me pareció interesante, porque no es común aprender este baile”. Lo que más le impresionó es que practicar esta danza le ha permitido distenderse, “yo estudio medicina y esto me ha ayudado para estudiar y relajarme”.

La música se baila contando en seis y ocho tiempos. “Puedes fusionarlos y ahí parece que surge la riqueza del swing, en estos cambios”, asegura Yulia. El paso básico viene del charleston, basado en un ‘rock step’ que funciona como mecerse hacia atrás con pequeñas patadas hacia adelante.

Quelal lo ve como un ritmo “que te incita a moverte, te induce alegría y a expresarte bailando”. Todos los instructores aprendieron de una manera autodidacta y, por ello, reconocen la facilidad de adaptación que tiene el género. Aunque para Yolanda se necesita mínimo un año para poder dominar los pasos básicos y desenvolverse libremente en el swing.

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