23 de octubre de 2016 09:06

Los Nobel de la Paz, premios llenos de chascos...

Juan Manuel Santos recibirá el Nobel de la Paz de este año, pese a que el conflicto en Colombia no ha finalizado.

Juan Manuel Santos recibirá el Nobel de la Paz de este año, pese a que el conflicto en Colombia no ha finalizado.

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Dennis Rodríguez
Editor (O)

La adjudicación a Juan Manuel Santos del Nobel de la Paz 2016 atiza nuevamente la polémica alrededor de los desatinos del Comité Noruego en la selección de los ganadores.

En el caso del Presidente de Colombia, los reparos sobre si merecía la distinción, a la que aspiraron 376 candidatos, no han cesado de acumularse.

Entre las críticas cobra mayor relevancia una que esbozó el periodista británico John Carlin, en la columna titulada ‘Premio Nobel prematuro de la Paz’, que el diario español El País publicó hace poco.

Carlin expone el argumento central por el cual aún no se puede hablar de una pacificación real en el país de Gabriel García Márquez, merecedor sin pero alguno del Nobel de Literatura de 1982. “Santos ha ganado el Nobel por haber hecho la paz con las FARC. Pero aún no lo ha hecho con (el exmandatario colombiano) Álvaro Uribe, principal opositor al tratado firmado con la guerrilla. Hasta que los dos se pongan de acuerdo no se puede hablar del fin definitivo de una guerra civil que ha durado más de medio siglo”, anota.

En efecto, Uribe –cabeza del derechista Centro Democrático- no pareciera tener prisa en hacer las paces con Santos. Tampoco en abordar una renegociación rápida de los acuerdos firmados por su sucesor y Rodrigo Londoño, alias ‘Timochenko’, cabecilla de las FARC, el pasado 26 de septiembre.

Para no llegar con las manos vacías a Oslo, el 10 de diciembre, día en el cual recibirá el galardón, Santos se halla en una carrera contrarreloj, para mantener vivo el proceso de paz con la guerrilla marxista.

Pero los chascos del Comité Noruego no empiezan o terminan con el caso del sucesor de Uribe. Al igual que ahora, en el 2009, para sorpresa de muchos, el seleccionado fue Barack Obama, quien había desembarcado en la Casa Blanca a inicios de ese año. Y en enero del 2017 abandonará el poder, dejando a su país enfrascado en varios frentes de guerra.

El veredicto del Comité Noruego destacó entonces “los esfuerzos del Presidente de EE.UU. por trabajar en favor de la paz en el mundo” y porque ha creado “un clima nuevo para la política internacional”.

Al igual que este año, la entrega de la distinción activó una cascada de reacciones.

Si se toma en cuenta la perspectiva histórica que encierra, la opinión de la periodista británica Minnette Marrin, que el periódico The Sunday Times publicó en 2009, sintetiza mejor los errores en la adjudicación del reconocimiento al primer Presidente afroamericano de EE.UU: “Una cosa queda razonablemente clara: No hay nada noble en el Premio Nobel. Muchas de las personas que deberían haberlo ganado no lo hicieron. Varios que no lo deberían haber recibido lo obtuvieron, como el palestino Yasser Arafat o Le Duc Tho, de Vietnam del Norte. No debería sorprenderme escuchar que el premio ha recaído en Obama. Lo que me sorprende y me entristece es que lo haya aceptado (…).

La distinción le fue entregada a Obama en momentos en que su país libraba guerras en Iraq y Afganistán, y mantenía abierta la cárcel de Guantánamo, en Cuba. Un escenario que, siete años después, no ha cambiado mucho. Al contrario: ha empeorado, como consecuencia de la intervención de Washington en los conflictos que azotan a Siria, Libia, Yemen, entre otros, así como en la reactivación de la nueva Guerra Fría, que lo enfrenta con Rusia y pocos niegan.

El líder palestino Yasser Arafat ganó el Nobel de la Paz en 1994, pero la pacificación no llegó a Oriente Medio.

El líder palestino Yasser Arafat ganó el Nobel de la Paz en 1994, pero la pacificación no llegó a Oriente Medio.

Pero Santos y Obama son solo algunas de las demostraciones más recientes de los yerros del Comité Nobel. Los cuestionamientos vienen desde más atrás. Por ejemplo, desde 1994, cuando el laurel fue a parar en manos de Arafat y de los israelíes Simon Peres y Yitzak Rabin “por su contribución histórica al proceso de paz entre Israel y Palestina”. Pero los acuerdos nunca se firmaron y la violencia en ese punto caliente de Oriente Medio se mantiene.

Además, el “historial de violencia, terrorismo y sangre” de Arafat hizo que un miembro del Comité renunciara. Peres, por su lado, fue el ministro de Exteriores del ‘halcón’ Ariel Sharon, uno de los líderes de Israel que reprimió con más violencia los territorios ocupados de Palestina.

O desde 1973, cuando se concedió el premio a Le Duc Tho y al entonces secretario de Estado de EE.UU., Henry Kissinger, por los acuerdos que pusieron fin a la Guerra de Vietnam. Pero documentos desclasificados por Washington han demostrado el papel perverso que Kissinger jugó en la seguidilla de golpes de Estado que se dieron en América Latina, en la década de los setenta, y en la represión que siguió a los cuartelazos. Le Duc Tho, en tanto, rechazó el Nobel.

La polémica que rodea a los Nobel de la Paz se ahonda por otro motivo: entre los candidatos a ganarlo figuraron dos de los mayores genocidas de la historia. El líder soviético Iósif Stalin, gestor del ‘Terror rojo’ que segó más de 22 millones de vidas, fue nominado en 1945 y 1948. Y en 1939, año en el que empezó la II Guerra Mundial, estuvo de candidato Adolfo Hitler, el demencial líder de la Alemania nazi.

En cambio, pese a que fue candidatizado cinco veces, Mahatma Gandhi no recibió el premio. Un galardón póstumo al político indio maquillaría los desatinos del Comité.

Controversias literarias

La polémica desatada este año por la entrega del Nobel de la Paz ha tenido un aderezo adicional: el anuncio de la Academia Sueca de que el Nobel de Literatura 2016 es para estadounidense Bob Dylan. Él todavía no lo ha aceptado.

Y el debate sobre el premio para el músico nacido en Duluth, Minnesota, ha alcanzado niveles impensados. El ganador de la distinción en el 2010, Mario Vargas Llosa, ha resumido el sentimiento de los críticos al lanzar esta pregunta ácida: “¿El próximo año se lo darían a un futbolista?”.

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