5 de September de 2014 00:00

Nicanor Parra, el antipoeta que cumple 100 años

Se espera que Nicanor Parra asista a la celebración organizada esta semana. Foto: Archivo.

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Redacción Cultura (I)
cultura@elcomercio.com

En ‘Fundadores de la Nueva Poesía Latinoamericana’, del escritor argentino Saúl Yurkievich, un clásico de los estudios literarios, se menciona a Octavio Paz y a Vicente Huidobro como dos poetas claves de la región. Sin embargo, el nombre de Nicanor Parra, pese a ser contemporáneo y haber nacido el mismo año que Paz, no aparece en el tratado de Yurkievich.

Nacido hace un siglo en San Fabián de Alico (un pueblo del centro sur de Chile), su nombre, relacionado en principio con la física y la matemática, irrumpió en Latinoamérica con el libro ‘Poemas y Antipoemas’, en 1954.

Su propuesta era “innovadora”, tal como la había calificado Pablo Neruda en las solapas de la primera publicación de ese poemario. Lo más evidente en ‘Poemas y Antipoemas’ es el empleo del lenguaje coloquial, su desarrollo narrativo y el abierto humor sardónico que asume enfrentar al propio interlocutor con su escritura. Tres campos que lo exponían ante los lectores; ubicándolos en el mismo estrado; generando complicidad en ellos mediante su “poesía conversacional”, como llaman algunos expertos a esta escritura.

El trasfondo, y he ahí su punto de inflexión para las letras de la época, era “bajar a los poetas del Olimpo”, parafraseando uno de los versos de su poema ‘Manifiesto’. O en palabras del poeta Rodrigo Pesántez (Azogues, 1937): “Desmantela la escritura canónica y la saca del sendero donde el fulgor lírico ufanaba sus estilos para instaurarla en un nuevo espacio artístico”.

No por ello Parra descuidó la construcción formal de su lenguaje. Algo que varios de sus detractores, como el poeta Pablo de Rokha (1894-1968), vieron tan solo copia de estilos. Incluso le acusaron de ser una reacción “a los grandes maestros”, en especial por su inicial oposición al discurso literario de Pablo Neruda.

Sin embargo, el crítico René de Costa, en el prólogo de ‘Poemas y Antipoemas’ (Cátedra, 1988), y la periodista Leila Guerriero, en la revista Babelia, subrayan el uso fluido de figuras retóricas o de estrofas complejas como la octava o la silva.

De ahí que Parra haya bautizado a su escritura como ‘antipoesía’: para descolocar el estatuto superior e idealizado que se había asignado a la milenaria expresión literaria.

El crítico y escritor peruano Julio Ortega menciona en su prólogo a ‘Poemas para combatir la calvicie’ (1993) que el poeta chileno asume la tradición del oficio y lo reactualiza. Eso motiva al mismo Parra a advertir el influjo de Neruda, Gabriela Mistral o César Vallejo y transformarlos en meros referentes.

A esto añade Ortega que los próximos libros publicados a ‘Poemas y Antipoemas’, más las intervenciones visuales de las que participó, dicen del cambio constante en el trabajo de Parra.

Quizá los orígenes de la ‘antipoesía’ estén a inicios de la literatura en lengua castellana, en el siglo XIII. El primer poeta conocido en el idioma, el clérigo Gonzalo de Berce, ya había divisado una poesía dirigida a la gente común. En el siglo XVII Arthur Rimbaud lo llamó “el lenguaje de la tribu”.
Mas fue Parra quien dio categoría especial a lo oral en la poesía. Como señala el escritor y académico guayaquileño Marcelo Báez Meza: “Logró que los poetas miraran el lenguaje de manera diferente: ver la poesía de manera no poética”.

De otro lado, su lectura de filósofos como Friedrich Nietzsche señala el influjo para la puesta en duda de concepciones románticas del mundo.

Su influencia en la poesía ecuatoriana, concuerdan los poetas Xavier Oquendo Troncoso(Ambato, 1972) y Pesántez Rodas, se palpó especialmente en la generación de los 60 y en el grupo de los Tzántzicos. Euler Granda (Riobamba, 1935) de la generación de los 60, o Raúl Arias de los Tzántzicos son ejemplo de su eco.

El poeta azogueño, que vive en Guayaquil, conoció a Parra en Nueva York, hacia 1971. En esa fecha, él junto a otros escritores ecuatorianos dictaban un seminario sobre poesía ecuatoriana, mientras que el chileno asistía a un conversatorio en la Universidad de Columbia.

En otra ocasión, en el Poetry Center de esa ciudad, Nicanor Parra tuvo una presentación con Jorge Carrera Andrade junto a otros escritores.

La relación con el país no se quedó en la correspondencia con Pesántez y en los recitales en EE.UU. También estuvo de paso por Guayaquil en 1969, como miembro jurado del concurso de poesía Aurora Estrada. Además, Parra conocería al poeta guayaquileño Hugo Mayo, exponente del vanguardismo. Ambos aparecen en una foto junto al crítico de arte Juan Hadatty Saltos y su esposa.

Sin embargo, al preguntar sobre su vigencia en el país, para Marcelo Báez no existe. Igual lo ve Pesántez Rodas al decir: “Sí se puede hablar de una asimilación de recursos innovadores y sobre todo de su actitud estética, humana y social frente a la vida”.

Según Báez, la ‘antipoesía’ no existe como tal sino “una contrapoesía; (pues) para que exista poesía debe haber una sensación de ritmo y eufonía y Parra la tiene”. En cambio, Pesántez señala que esta “no es sino la poesía de siempre, mirada y elaborada desde otra dimensión de los lenguajes. Es un mecanismo creativo auténticamente latinoamericano”.

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