8 de noviembre de 2015 00:00

La nanotecnología no logra salir de las aulas de los centros del país

Los laboratorios del  Centro de Nanociencia y Nanotecnología de la Espe funcionan en Sangolquí. Foto: Foto: Vicente Costales / EL COMERCIO

Los laboratorios del Centro de Nanociencia y Nanotecnología de la Espe funcionan en Sangolquí. Foto: Foto: Vicente Costales / EL COMERCIO

Compartir
valorar articulo
Descrición
Indignado 13
Triste 0
Indiferente 2
Sorprendido 2
Contento 6
Diego Ortiz
ortizd@elcomercio.com

Esfuerzos aislados. Falta de consensos. Poco apoyo financiero a la investigación. Estos son algunos de los peros que se escuchan entre los especialistas que actualmente forman parte del naciente ámbito de las nanociencias de manufactura ecuatoriana. 

A pesar de que el panorama pareciese desalentador, esta es una realidad que ha marcado el rumbo de uno de los campos más polémicos dentro de las ciencias. Y lo es, en tanto que varias de sus propuestas se mantienen aún en la teoría, por lo cual la experimentación se convierte en un revés.

Es ahí donde nace la cuestión de fondo: ¿es necesario desarrollar en el país las nanociencias a pesar de las millonarias cifras que implican tanto sus investigaciones y experimentos?

Para el profesor Fernando Javier Torres -investigador del departamento de Química de la Universidad San Francisco de Quito (USFQ) y director del Grupo Ecuatoriano para el Estudio Experimental y Teórico de Nanosistemas-, la apuesta por las nanociencias en el país tendrá un efecto directo en la población. Con ello se refiere a las aplicaciones de este campo en la remediación ambiental, la catálisis del petróleo, el ­aprovechamiento de materiales, entre otros.

En el momento, centros educativos como Pontificia Universidad Católica del Ecuador, Escuela Politécnica del Ejército, Escuela Politécnica del Litoral, Escuela Politécnica Nacional, Universidad Técnica Particular de Loja, Yachay Tech, USFQ, Escuela Politécnica Superior de Chimborazo, Universidad Nacional de Chimborazo, entre otras, cuentan ya con planes de estudio o de investigación en los que se aplican estudios en nanociencias. De estos, Yachay Tech cuenta con la carrera de Ingeniería en Nanotecnología, por lo que los especialistas ­esperan que en este espacio, que cuenta con apoyo financiero gubernamental, se cree un laboratorio que sirva tanto a su comunidad científica como al resto de investigadores radicados en el país.

Esa es justamente una de las inquietudes que mantiene Torres. En países como Estados Unidos y Francia, donde ha colaborado como investigador, él comenta que el Estado es el primero en poner en marcha los laboratorios de nanotecnología más avanzados al servicio de toda los investigadores locales, lo cual tiene, en principio, un doble efecto. Por una parte se apoya a la comunidad científica con espacios para poner en práctica sus estudios teóricos (que en todas las ocasiones requieren de grandes presupuestos para su desarrollo). A esto se suma una suerte de concentración de los recursos hacia la investigación, con lo cual se democratizaría el acceso a fondos públicos con base en los resultados que se comprueben en laboratorio.

Luis Cumbal, director del Centro de Nanociencia y Nanotecnología de la Espe, sabe bien que el desarrollo de estas investigaciones no es cosa sencilla. Una de las trabas es que varios de los investigadores (como en su caso) son autodidactas en este campo. Es por ello que él, premio Eugenio Espejo de este año , trabaja desde dos frentes para remediar esta situación. 

El primero de ellos es la formación académica de los estudiantes que llegan desde distintas carreras hasta el centro que dirige. Inmediatamente con ellos empieza otra parte de su plan: su inserción en los laboratorios. A su criterio, si es que se quiere hablar de un futuro de la nanotecnología en el Ecuador, este requiere necesariamente de grupos de investigación consolidados con los cuales se puedan llevar a cabo proyectos de largo aliento y que muestren verdaderos resultados.

Pero estos son tan solo los pasos iniciales en la consolidación de un área que está dando pasos exitosos en la medicina, las nuevas tecnologías, el ambiente y la seguridad alimentaria. Tal como lo suscriben los editores de la revista ACS Nano, en este campo se encuentran las innovadoras oportunidades de mercado para los investigadores.

Es por ello que el apoyo gubernamental se convierte en el puntal para que los investigadores creen alianzas estratégicas con la empresa privada para monetizar sus patentes. Tal como es el caso de Liquipel, el emprendimiento nanotecnológico creado en California (EE.UU.) y que cuenta con una franquicia en el país. 

Henry Molina, especialista en marketing tecnológico, mira que el caso de Liquipel estableció un nuevo paradigma en el mercado nacional. No solo mostró que la nanotecnología es comercializable sino que sacó un producto tan específico como este (un revestimiento nanotecnológico para celulares) que atrajo, inmediatamente, el interés del usuario estándar.

FRASES

“Aún falta reforzar las bases educativas de las ciencias”.
Fernando Torres, químico

“Hay que impulsar ­este campo con la investigación”.
Luis Cumbal, investigador

Descrición
¿Te sirvió esta noticia?:
Si (8)
No (2)