11 de October de 2014 16:22

Nancy Santi: 'Trabajo para que se acabe el maltrato a la mujer'

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Ivonne Guzmán. Editora

Introducción:

Nancy Santi es una mujer hermosa de muchas maneras. Quizá su secreto sea mantenerse con las ilusiones en ebullición; sus sueños son del tipo: salvar la selva o que las mujeres de su pueblo tengan voz y voto en su comunidad, un poblado cerca del Perú bautizado Kawsak Sacha.

Sin embargo, sus formas son modestas. Pero no hay que confundirse; Nancy ha sido capaz de dejar un mal matrimonio, aunque su tradición se lo impedía, o de caminar una semana para decirle al Presidente que no permitirá que toquen sus tierras. Hace un año, ella y sus compañeras iniciaron la Marcha por la Vida para gritarle al mundo que no cambian la vida por petróleo.

Testimonio:

De niña me gustaba conversar con mi abuelito, preguntarle de dónde venimos y saber cómo se hablaba el idioma sápara (Nancy es kichwa con ancestro sápara); me gustaba escuchar sus cuentos. Yo era la más curiosa de todas mis hermanas, por eso aprendí de mis abuelitos los saberes ancestrales.

He luchado para salir adelante, porque no me gusta la vida que han tenido nuestras mamacitas, que eran maltratadas no solo por los esposos, sino también por gente de afuera. Y ahora trabajo para que se acabe el maltrato a la mujer en mi pueblo.

Cuando fui a la ciudad (Puyo) a tratar de estudiar yo tenía 15 años y ahí me di cuenta de que algunas mujeres de la comunidad salían a las ciudades y se olvidaban de nuestra identidad, se metían al alcoholismo y a los bailes. Eso me dolió, por eso me metí luego a la dirigencia.

Yo me comprometí cuando tenía 17 años. En nuestra cultura antiguamente los padres se ponían de acuerdo entre ellos y entregaban a las muchachas; ese fue mi caso. El abuelo de mi marido era un chamán muy temido, por eso mis papás me entregaron. Acepté el compromiso, pero sin amor. Tuvimos cuatro hijos, pero con él yo no vivía bien. Era borracho, me maltrataba y no le gustaba trabajar. Después de siete años decidí separarme porque no quería esa vida. Mi mami decía que las mujeres kichwas no se separan de sus esposos por malos que sean, que tenía que aguantar como había hecho ella. No me apoyó, pero igual me separé.

Ahora con mi segunda pareja tengo tres hijos; ya vivimos juntos nueve años. Estamos bien; él me apoya en todo y es un hombre trabajador. No le gusta ser líder, sino pasar trabajando la tierra para que yo pueda ser dirigente. Pero primero no aceptó.

Desde los 20 años he pasado trabajando, primero en la comunidad, luego en el pueblo y ahora en la organización (Defensoras de la Selva Viviente) para defender nuestro territorio y nuestros derechos.

La marcha del año pasado la hicimos para que se sepa a nivel mundial que algunos pueblos no aceptamos la explotación petrolera; hay compañeros interesados que negocian a escondidas, pero las comunidades no queremos. Y las mujeres somos las que más nos oponemos.

A veces me pongo a pensar cómo será cuando la Amazonía sea explotada. ¿Tendremos la misma biodiversidad? Me preocupa y me da miedo. ¿Qué irá a pasar cuando nuestros ríos sean contaminados, cuando nuestra selva no tenga animales?, ¿pasarán hambre nuestros hijos?, ¿nos tocará depender de la ciudad, comer enlatados? Y así ya no es lo mismo, por eso hay que valorar la naturaleza y la identidad, porque sin cultura y sin identidad una mujer kichwa no es nada.

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