9 de mayo de 2017 00:00

Arroyo redescubre la cultura tsáchila

Alfonso Aguavil (izq.) es líder de su comunidad en Santo Domingo de los Tsáchilas.

Alfonso Aguavil (izq.) es líder de su comunidad en Santo Domingo de los Tsáchilas. Foto: Cortesía Danilo Arroyo

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Pamela Castillo
Redactora
​(F - Contenido Intercultural)

Después de haber vivido una década fuera de Ecuador, el baterista, percusionista y productor Danilo Arroyo decidió volver al país y reconectarse con su identidad. Su recorrido con los ritmos ecuatorianos se inició con la producción del disco de Mateo Kingman, pero luego presentó su propio proyecto de fusión rítmica.

Así es como el artista presentó su primera producción, denominada ‘Tera Tera’, que en lengua tsáfiki, idioma de la nacionalidad tsáchila, significa “Baila, baila”. Esta canción nació de un viaje que se inició en enero de 2016, cuando fue a Santo Domingo de los Tsáchilas, a El Juncal y a Peguche.

“De la nacionalidad tsáchila se conoce poco o nada. Sentía esa responsabilidad de descubrir los sonidos que se hacen ahí”, comenta Arroyo. Junto con el artista visual Julián Coraggio, Arroyo creó la denominada ‘Experiencia Andina’, una fusión de artes visuales y música de DJ set.

“Los tsáchilas han sobrevivido a muchas invasiones. Santo Domingo se ha convertido en una ciudad de mucho comercio. Los tsáchilas se refugiaron ante la invasión mestiza y no había interacción”. Su mayor motivación para vincularse con esta cultura fue el rescate de su fusión étnica.

“El tsáfiki es muy parecido a los dialectos del Asia. Ellos creen en la magia negra y la magia blanca, adoran a ciertos animales... Ni siquiera los taitas saben bien de dónde vienen”. El artista se reunió con músicos tsáchilas que, ante su sorpresa, tocaban instrumentos esmeraldeños como la marimba y el agua que, según los taitas, fueron una herencia de parte del pueblo chachi.

La canción Tera Tera se dio con la comunidad tsáchila del Bua, en el Centro Cultural Shino Pi Bolon, con la participación de Alfonso Aguavil, líder cultural de su comunidad. La convivencia de Arroyo duró aproximadamente un año, entre viajes de ida y vuelta.

“En ese viaje también está incluida la parte andina, con las visitas a Peguche y a El Juncal. Estamos armando la parte visual y, en junio, lo estrenaremos en el Inti Raymi”. De esta experiencia también saldrá una obra que incluirá artes visuales, teatro a ciegas, artes escénicas y música en vivo.

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