22 de noviembre de 2016 00:00

La música y la danza de los afroecuatorianos se difunde

Manuel Mosquera es quien dicta las clases de marimba en la Unidad Educativa Madre del Salvador, en Esmeraldas. Foto: Marcel Bonilla/EL COMERCIO

Manuel Mosquera es quien dicta las clases de marimba en la Unidad Educativa Madre del Salvador, en Esmeraldas. Foto: Marcel Bonilla/EL COMERCIO

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Marcel Bonilla
Redactor
(F-Contenido Intercultural)
marcel.bonilla@elcomercio.com

Un grupo de niños de cuatro barrios que están junto a las orillas del río Esmeraldas aprenden danza y música tradicional del pueblo afroesmeraldeño. Asisten a clases tres veces a la semana.

Son 120 pequeños que habitan en barrios como Isla Piedad, Puerto Limón, Brisas del Mar y Santa Martha. Ellos practican desde hace tres meses los diferentes tipos de danzas tradicionales como el andarele, caderona y torbellino.

Las antiguas instalaciones de la Escuela Madre del Salvador, ubicada en el barrio Santa Martha de la ciudad de Esmeraldas, se han convertido en el sitio destinado para los ensayos, de 17: 00 a 19:00.

Los practicantes bailan descalzos y muchas veces con la ropa que llevan puesta que después la cambian por las faldas típicas largas o los pantalones cortos; mientras otros portan instrumentos, como el bombo o la marimba.

Así como este espacio, desde hace seis meses un grupo de gestores culturales de Esmeraldas trabaja en una propuesta para la instalación de cuatro escuelas de música y danza formales. El objetivo es que sean lugares donde se enseñen los acordes y otros ritmos ancestrales del pueblo negro.

Con la aprobación de la Ley Orgánica de Cultura, se conformará el Sistema Integral de Información Cultural (Registro Único de Artistas y Gestores Culturales o RUAC) con el que se brindaría un respaldo a todos los promotores que realizan sus actividades sin apoyo. La idea de esta iniciativa es conocer también en qué condiciones trabajan estos artistas e incluirlos en una base de datos oficiales.

Manuel Mosquera, presidente de la Corporación Casa de la Marimba, y quien dirige a los 120 niños y adolescentes, explica que sí existe la necesidad delegar lo aprendido a las nuevas generaciones.

Por ahora, se ha empezado con un proyecto piloto en Santa Martha, agregó, y luego se hará en San Rafael, en el sur de la ciudad. La iniciativa se trasladará posteriormente a otras dos parroquias rurales del cantón Esmeraldas.

En la ribera del río Esmeraldas habitan afroesmeraldeños que migraron de poblaciones del norte: como Colón Eloy, Timbiré, Selva Alegre, San Javier, Urbina, La Boca, San José de Cachaví y Tambillo, que trajeron consigo el sabor de la marimba a la ciudad.

Son los hijos de estos migrantes los que ahora toman la posta de sus ancestros para fortalecer la cultura musical de Papá Roncón, Escolástico Solís, Remberto Escobar y José Nazareno, cantores y marimberos esmeraldeños.

Uno de los herederos de la música tradicional es Adrián Castillo, uno de los cinco músicos de 16 años que, en tres meses, aprendió a tocar cinco piezas musicales en la marimba.

Su abuelo Cecilio Solís y su padre David Solís son músicos. Ambos le motivaron para que fuera parte de los jóvenes que se preparan en música y danza con Manuel Mosquera.

Alberto Castillo, profesor de marimba en el Conservatorio Musical, apoya a los nuevos músicos con los ensayos de lunes a viernes, de 08:00 a 10:00.

Jenny Palacios, de 16 años, a más de cantar y danzar recibe clases de percusión los viernes y sábado, con Mosquera. Sus padres son originarios del norte de Esmeraldas y le han inculcado el amor por la cultura afroesmeraldeña.

El proceso de formación en música y danza tradicional tiene el apoyo del vicario apostólico de Esmeraldas, Silvino Mina Corozo, quien prestó las instalaciones de Madre del Salvador para los ensayos.

Mina es originario de Playa Grande, una población afro ubicada en el río Cayapas, cantón Eloy Alfaro, norte de la provincia de Esmeraldas, de donde son los padres de los niños que aprenden danza. “Apoyaremos todos los procesos culturales para mantener en alto nuestras tradiciones”, señala, Mina, quien también apoya a niños y niñas con problemas de conducta.

Los músicos afroesmeraldeños, como Hugo Quiñónez y Jackson Arroyo, coinciden en que hace falta una verdadera política pública que ayude a mantener las tradiciones y ­
fortalecer estas tradiciones.

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