5 de abril de 2015 21:54

No todos los museos aseguran sus obras

El Museo de Arte Moderno no tiene seguro de arte. La reserva del Museo Pumapungo está asegurada. Foto: Xavier Caivinagua/ EL COMERCIO

El Museo de Arte Moderno no tiene seguro de arte. La reserva del Museo Pumapungo está asegurada. Foto: Xavier Caivinagua/ EL COMERCIO

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Redacción Cuenca (I)

Cuidar el arte y el patrimonio es una inversión costosa. Pagar más de USD 2 millones para asegurar una muestra temporal es un rubro que no todos los museos pueden asumir. Ese fue el valor de la póliza que cubrió las 140 piezas de la colección Erotopías, que se exhibió el año pasado en el Museo Pumapungo de la capital azuaya.

El aseguramiento de las reservas museológicas y de las muestras itinerantes es un desafío para las instituciones públicas y privadas. Es un gasto “enorme” que debe ser meditado, dice René Cardoso, director del museo Remigio Crespo Toral de Cuenca. “Eso representaría tener importantes presupuestos solo para pólizas y no hay recursos”.

En el país, las compañías de seguros ofrecen varias alternativas de pólizas patrimoniales (objetos), y también hay opciones específicas para bienes artísticos. La ideal para las obras de arte es la denominada “clavo a clavo”, señala el director del museo Pumapungo, Jonathan Koupermann.

Este seguro se contrata para las reservas y exposiciones temporales y cubre desde el proceso de embalaje hasta el traslado de las piezas, así como la exhibición. Es la póliza que exige el Instituto Nacional de Patrimonio Cultural para que los bienes patrimoniales del Ecuador salgan al exterior.

Los costos suben cuando se trata de colecciones itinerantes o extranjeras, explica el curador de arte Hernán Pacurucu. Para las exposiciones, los curadores buscan lugares que tengan seguros o acuerdan con los artistas para que las obras se movilicen sin dificultad.

Pacurucu recuerda que en el 2011, cuando fue curador de la Bienal de Cuenca, pagaron un poco más de USD 1 millón para asegurar tres obras del artista ecuatoriano Luigi Stornaiolo. El costo depende de varios factores. Entre otros, la técnica utilizada, la trayectoria del autor y el momento artístico.

Los artistas tienen claro su valor, dice Pacurucu, por eso los curadores se responsabilizan de la seguridad de las obras. Ellos supervisan el embalaje, arman operativos de traslado y controlan cada detalle de la exhibición. Es la fórmula para que el arte viaje sin limitaciones.

La inversión en los seguros se maneja con hermetismo en los museos y es parte de su protocolo de seguridad. En la capital azuaya, el Ministerio de Cultura es la única institución que tiene una póliza para toda su reserva. El año pasado pagó
USD 600 000 por 700 000 piezas que se exhiben en 14 museos de todo el país.

Pero la mayoría de los museos públicos y privados no está en condiciones de asumir esos valores, porque sus presupuestos son bajos, señala Cardoso. Según él, en los museos municipales se manejan cifras inferiores a USD 500 000 al año. Ese monto debe alcanzar para la conservación, restauración y promoción.

Para asegurar, primero deben inventariar y avaluar sus colecciones, un proceso que no todos cumplen o están en proceso de cumplir. Ante eso, optan por estrategias económicas y aplican la norma de la prevención. Es más fácil y económico asegurar el entorno en el que están las colecciones, que comprar un seguro, asegura Cardoso.

En Cuenca, la preocupación por mejorar los protocolos de seguridad es reciente. Hace un año se hizo pública la desaparición de 12 piezas del Museo Remigio Crespo, que estaban en un baúl con candado.

En la actualidad, ese espacio cultural tiene cámaras y sistemas de alarmas, pero la colección todavía no cuenta con un seguro. El Municipio cuencano inició un proceso para asegurar las reservas que están a su cargo, pero recién se encuentra en la etapa de valoración de las piezas para actualizar la información, dice el tesorero municipal, Wilson Campoverde.

Además, es necesario que el valor requerido se incluya en el presupuesto anual. La situación es más compleja para los museos privados, que se financian con el cobro de entradas o donaciones y no tienen recursos para estructurar un sólido sistema de seguridad, dice Juan Cordero, propietario del Museo de las Culturas Aborígenes de la capital azuaya.

Algo similar ocurre en Ambato, Loja o Riobamba, asegura Koupermann. “Los museos privados, sobre todo los religiosos, tienen más limitaciones”.

Los museos de las Conceptas de Loja y Riobamba tienen un convenio con la Policía y los museos de la Casa de la Cultura tienen seguros especiales.

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