6 de febrero de 2016 00:00

El Museo de Arte Moderno une la tradición con lo contemporáneo

Una sala dedicada a la pintora Débora Arango. Sus obras rebeldes causaron polémica a mitad del siglo XX. Foto: Armando Prado / EL COMERCIO

Una sala dedicada a la pintora Débora Arango. Sus obras rebeldes causaron polémica a mitad del siglo XX. Foto: Armando Prado / EL COMERCIO

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Ana Cristina Alvarado

Medellín es una ciudad dinámica. La arquitectura experimental que dio paso a construcciones como el centro de convenciones Plaza Mayor (2006) o el Parque de los Pies Descalzos (2000) han delineado una urbe ágil y cosmopolita.

Este interés por apostar por nuevas estrategias de construcción -en las líneas de la innovación y lo ecoambiental- no dejó de lado una parte importante de la identidad medellinense: el paisaje. La arquitectura ‘paisa’ actual también se inspira en la superposición de volúmenes, como un reflejo visual de las laderas que rodean la ciudad.

El Museo de Arte Moderno de Medellín (MAMM) es uno de los íconos arquitectónicos de Colombia por reunir las características antes mencionadas. La institución fue fundada en 1978 y en 2009 se mudó a su nueva locación. Esta se edificó a partir de la adaptación de una antigua fábrica siderúrgica.

Talleres Robledo es una fiel muestra de la arquitectura industrial que a medidados del siglo pasado se desarrolló en la capital antioqueña. En el 2006, la Alcaldía de Medellín entregó en comodato esta fábrica al MAMM.

La recuperación se centró en el respeto del carácter espacial y formal para una función cultural. Sus condiciones ‘catedralísticas’ en cuanto a espacialidad, altura y luz fueron una oportunidad para tener diferentes actividades generadas por el museo.

Se conservó la fachada principal del edificio -como testigo de la memoria urbana- y se realizaron innovaciones que cumplen con las normas internacionales de museografía. En el 2009, el MAMM se convirtió en uno de los primeros vecinos de Ciudad del Río, una exzona industrial.

El Departamento de Comunicación del MAMM explicó que cuando llegó el museo, la zona empezaba a habitarse. Así que se convirtió en el eje de desarrollo y de activación de procesos comunitarios.

En septiembre del 2015 se inauguró la expansión. En estos nuevos 7 220 m² se disponen cinco pisos. En el primero está el nuevo ‘hall’ de ingreso, que conserva el estilo de la fábrica, el depósito de obra y los espacios comerciales. En el tercero están el teatro -para 256 personas- y los laboratorios interactivos. En la segunda planta están las oficinas; la cuarta la conforman salas de exposiciones y, en la última, se encuentran el salón de eventos y la terraza.

El nuevo edificio sigue una tendencia de arquitectura moderna que consiste en la superposición de volúmenes limpios, sin un orden geométrico e interconectados por escaleras y terrazas, dándole preponderancia al espacio público. Así se puede recorrer el edificio de arriba para abajo sin necesidad de ingresar.

También se puede cruzar de forma horizontal a través de una calle que enlaza el edificio con la plaza. Fue construido, además, para que sea accesible a distintos públicos.

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