11 de diciembre de 2015 10:13

Comerse un murciélago también es cultura en Indonesia 

En algunas partes del mundo, como Indonesia, es una costumbre comer murciélagos

Foto referencial. En algunas partes del mundo, como Indonesia, es una costumbre comer murciélagos, que no se puede rechazar por ser una tradición relacionada con la hospitalidad. Foto: Archivo/EL COMERCIO

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Agencia EFE

Dos científicos españoles y un cámara han recorrido cinco continentes durante tres años para descubrir las curiosas relaciones de los murciélagos con los humanos: en Indonesia se los comen guisados, en Australia se les cuida con mimo paternal en "jaulas-cunas" y en Texas (EEUU) o Zambia fascinan al turista.

"Es un 'reality show', no un documental de naturaleza", explica el doctor en biología Carles Flaquer, que se entremezcla y cuela con inocente desparpajo entre las gentes e historias que se cruzan en su camino.

Un camino bastante largo: más de 50.000 kilómetros.
Flaquer y el ambientólogo Xavier Puig visitaron hospitales de murciélagos en Australia, vampiros en México, cocinas del mamífero volador en Bali (Indonesia), proyectos de conservación en Francia y Cataluña, lugares de peregrinación para observarlos en Texas y rutas turísticas más desconocidas para el gran público en Zambia.

Aparte de ser ambos expertos en murciélagos, eligieron este animal alado debido a su singular capacidad de adaptación. Habita en cualquier parte del mundo, salvo en los polos.

La cinta, de 50 minutos y que se estrena en España el próximo día 15, pone el foco en que son las tradiciones y las realidades culturales las que finalmente determinan las interacciones con un mismo hecho natural, afirma el biólogo, cuya aventura no ha estado exenta de dificultades de índole económica. La intención es proyectarlo después en festivales internacionales.

Según sus dos creadores, se trata del primer trabajo realizado en el mundo en el que el protagonista es la interacción del ser humano con el quiróptero, uno de los primeros mamíferos del planeta, de entre 50 y 60 millones de antigüedad.

Entre las anécdotas del rodaje, Flaquer reconoce que uno de los momentos más delicados fue encontrarse ante la tesitura de probar un murciélago para no rechazar la hospitalidad de sus anfitriones.

Sin paliativos califica el sabor de muy fuerte y "horrible", incluidas sus recomendadas alas: un cartílago imposible de masticar.

Según el biólogo, es una cuestión de tradición -"los comen porque les gusta no por necesidad"- y, en contraposición, recuerda los peluches, biberones y "cunas" colgadas del techo con las que algunos colectivos australianos cuidan de los murciélagos.

Son personas de nivel adquisitivo medio, muy organizados, que se dedican al rescate de centenares y centenares de estos animales; "se los llevan a casa y los cuidan como bebés".

En Zambia, Flaquer y su compañero de viaje asistieron a la migración y a la mayor concentración del mundo de "millones y millones de murciélagos", en el Parque Nacional de Kasanka. Es un lugar donde confluyen de modo armonioso la conservación, la actividad turística y la educación.

Algo similar es lo que ocurre en Texas, aunque impregnado de un fuerte sello de "merchandising", propio de Estados Unidos. Se calcula que generan unos ingresos por valor de 10 millones de euros anuales (algo más de nueve millones de euros).

La filmación muestra que en el delta del Ebro (noreste de España) se ha puesto en marcha un proyecto para construir "cajas refugios" cerca de arrozales para que los quirópteros se coman a los insectos.

A su juicio hay que concienciar sobre la necesidad de conocer para proteger y de la existencia distintas formas de relacionarse con la naturaleza, algunas de las cuales no son viables.
Y recuerda al respecto que la biología del longevo murciélago no les permite una recuperación rápida, entre otras cuestiones porque tiene pocas crías.

En México, concretamente en Puebla, el vampiro (una de las especies del murciélago) pone en aprietos a los ganaderos, ya que el animal chupa la sangre del ganado y en ocasiones les transmiten la rabia. "Puede haber años con mucha mortandad, son necesarias campañas de vacunación... Eso implica pérdidas económicas".

"Hay un problema con el exterminio, porque la población confunde a los vampiros con los no vampiros. De las 1.200 especies de murciélagos existentes -cuya dieta se compone fundamentalmente de polen, insectos y fruta- solo hay tres de vampiros".

Los principales problemas que afrontan los únicos mamíferos voladores del mundo es la pérdida de hábitats (bosques maduros) y la proliferación de los insecticidas, que los intoxica y acaba con su primera fuente de alimentación.

Este 11 de diciembre se añade un nuevo elemento de discordia: los parques eólicos, cuyas palas resultan mortales en los desplazamientos de los murciélagos, algunos de los cuales cubren hasta 2.000 kilómetros de distancia. Evitar la mortalidad implica una pérdida de menos del 1% de los beneficios para las eléctricas, afirma.

En la actualidad se están estudiando sistemas de ultrasonidos, pero no se han puesto en práctica.

"Las relaciones que hemos encontrado son de amor/odio, pero básicamente curiosas, que nada tienen que ver" con el imaginario colectivo de Drácula, concluye Flaquer.

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