5 de March de 2014 00:04

Las mujeres son mayoría en la universidades públicas y privadas

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En febrero del 2013, María Belén Díaz, de 24 años, regresó al Ecuador. Vivió en España desde los 12. Allá aprendió catalán y terminó la secundaria. Al graduarse pasó la prueba de selectividad, que le aseguró un cupo para estudiar Trabajo Social en la Universidad de Rovira i Virgili, en Tarragona. Pero no pudo traerse el título.

Sus planes no se concretaron. Su madre María Elena Aguilar dejó de trabajar y solamente pudo costearle durante un año la carrera. El esfuerzo de cuidar adultos mayores en una institución le provocó una lesión en el brazo izquierdo.

La señora, de 61 años, lo cuenta en una vivienda ubicada en Las Casas y Carvajal, en el centro norte de Quito. La propiedad está a punto de ser vendida. Le pertenece a su madre, quien padece cáncer a la piel, por lo que recibe cuidados paliativos. Además, hace dos años sufrió un infarto cerebral.

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Antes de lesionarse, María Elena con una tarjeta de crédito pagaba 6 000 euros por semestre. Como se quedaron sin recursos, su hija María Belén decidió volver a Quito, con la idea de conseguir una plaza en la Universidad Central. Su mamá se adelantó en el 2012 por la enfermedad de la abuela y la imposibilidad de laborar.

Al llegar, María Belén se preparó en un preuniversitario para rendir el Examen Nacional para la Educación Superior (ENES). Obtuvo 850 puntos sobre 1 000 y pasó además el Examen Exonera, por lo que ingresó directo al primer semestre. Estudia Informática aplicada a la educación, en la Facultad de Filosofía de la Central.

En esa universidad, según datos del Sistema Nacional de Información de la Educación Superior (Sniese) estudian 24 918 mujeres y 15 506, hombres. Ellas son mayoría en las aulas de todas las universidades, públicas y privadas.

Según datos del Sniese y de Senescyt, en el sistema universitario hay 308 803 mujeres de un total de 555 413 alumnos. Es decir, ellas son el 55,5%.

En abril, María Belén Díaz comenzará el segundo semestre. Por estudiar una carrera considerada de interés público recibe USD 340 al mes, un sueldo básico. Debe mantener un promedio de 8 puntos sobre 10 para no perder la beca.

El dinero lo usará para pagar USD 210 en una residencia, en donde sirven las tres comidas diarias; para costear material de estudios y viajar a Santo Domingo de los Tsáchilas, algunos fines de semana.

Su madre María Elena se mudará allá con su hermana mayor, Marjorie, de 34 años. En septiembre ella, su cuñado y sus sobrinos de 9 y 5 años también regresarán de España.

Hay más estudiantes beneficiados con el subsidio de la Senescyt y el IECE. Entre ellas Mayta Vásquez, de 22 años; la menor de 12 hermanos.

Su padre José Elías, de 74 años, está jubilado. Y Juana, de 70, siempre ha sido ama de casa. Ambos son otavaleños. Le han enseñado algo de quichua.

La chica lo entiende pero no sabe escribirlo. Cuando era niña, según recuerda, "era mal visto" hablar esa lengua.

Su nombre significa Esperanza. Siempre le han interesado los idiomas y la posibilidad de enseñarlos. Obtuvo 870 puntos en el ENES y consiguió un cupo en Educación Plurilingüe, para ser profesora; también le gustaría ser traductora. Pasó la nivelación con 8,5 y en abril empezará el primer semestre.

En los últimos días de enero, el IECE le comunicó vía e-mail que recibiría también un salario mínimo vital, por mes.

"Mi papá está feliz. Con esta ayuda podré concluir mis estudios. Él está jubilado y no puede mantenerme", relata.

Eduardo Vergara es otro padre ilusionado ante la posibilidad de que su hija continúe sus estudios. En un local, en la parte posterior del Mercado Central, alquila teléfonos. Allí muestra la foto de su primogénita, María Teresa, de 27 años.

Este hombre, que se crió en el puesto de frutas de sus padres, le apostó a la educación de sus dos hijas. La mayor, María Teresa, se graduó en el Colegio Marista, de donde terminó como abanderada del Pabellón Nacional. Por eso consiguió media beca para ingresar a la UDLA. Allí se graduó de Ingeniera Ambiental.

Vía telefónica, desde Manta, donde integra el equipo de fiscalización ambiental de la Refinería del Pacífico, la muchacha cuenta que en julio empezará su posgrado en Australia.

Ella anota que desde hace varias generaciones su familia ha trabajado en el Mercado Central de Quito. Asegura: "Para mí es un orgullo haber podido educarme gracias a ese lugar. La de mis padres es una labor honrada y digna".

En contexto. El 8 se conmemora el Día Internacional de la Mujer. Se recuerda lo ocurrido en 1857, cuando obreras de textiles de Nueva York protestaron por las malas condiciones laborales. En Ecuador, la Constitución (art. 57) garantiza la igualdad de mujeres y hombres.

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