5 de marzo de 2015 19:53

Las mujeres prefieren carreras sociales por sobre las técnicas

La artista Graciela Guerrero estudia una maestría en Antropología Visual en la Flacso. Foto: María Isabel Valarezo/ EL COMERCIO.

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Redacción Sociedad

“Supongo que es por las máquinas pesadas y los equipos”, dice Maribel Santellán para explicar por qué en su carrera, Ingeniería Industrial, tan solo hay cuatro mujeres en una clase con 20 chicos. Luego de más de cuatro años de carrera ya no se le hace raro estar rodeada de hombres, tanto profesores como estudiantes.

Maribel es de Otavalo y su familia tiene una productora de ropa en ese cantón. Le apasionan los procesos que manejan las empresas y el desarrollo de proyectos. A pesar de no ser una carrera muy popular entre las mujeres, está muy entusiasmada por lo que le espera.

En el 2013, 15 685 mujeres estudiaron en las carreras de ingeniería, industria y construcción frente a 51 510 hombres que optaron por esas profesiones. María del Pilar Troya, subsecretaria de Educación Superior de la Senescyt, explica que las mujeres prefieren otro tipo de carreras -como la educación, el trabajo- vinculadas más a lo social y el cuidado médico.

Si bien en el ámbito educativo, a nivel parvularia, primaria y secundaria, hay una prevalencia de docentes mujeres, en la universidad sucede algo distinto. Allí, el personal académico femenino llega apenas al 35,9%, según datos del 2013.

Los cargos de responsabilidad en las universidades están ocupados mayoritariamente por hombres. María Amelia Viteri tiene un PhD en Antropología Social y Cultural por la American University. Como académica reconoce que es un campo de juego desigual. “La academia requiere mucha preparación y muchos años de dedicación exclusiva a la universidad”, y agrega que “muchas veces es imposibilitado por cargas laborales para mantener a las familias”.

Ella logró acoplar su vida personal y profesional para cumplir sus metas gracias a la ayuda familiar y al apoyo incondicional de su pareja para repartir el trabajo doméstico y el cuidado de su hija. Para Viteri, la carrera cuesta arriba estuvo vinculada a la interseccionalidad de “ser mujer, ser latina y una académica joven sumadas a la endogamia propia del medio”, asegura.

En el arte sucede algo similar. A lo largo de la historia, las mujeres han estado en una lucha constante por entrar en este campo. Hoy, el mundo del arte sigue dominado por hombres, a pesar de que las mujeres han demostrado que su sensibilidad es vital en este campo.

Graciela Guerrero tiene 33 años y estudió Artes Visuales en
la Universidad Casa Grande de Guayaquil. Cree que la poca incursión de las mujeres en la carrera de arte en el país tiene varias lecturas. Una es que ellas, por lo general, siempre piensan en construir una familia antes que los hombres y en la práctica lograr vivir del arte toma mucho tiempo. “Cuando estudiaba había un promedio de 25 hombres por cada cinco mujeres”.

Según Guerrero, “la inserción o legitimación dentro del arte es compleja por eso muchas mujeres que estudiaron esa carrera terminan como gestoras, críticas o historiadoras de arte”. Las diferencias se ven reflejadas en el valor de las obras. El trabajo hecho por hombres tiene -en el mercado- un valor superior al de las mujeres.

Esta desigualdad del reconocimiento económico trasciende del arte a otras áreas. En el mundo del espectáculo, hace poco, la actriz Patricia Arquette, al recibir el premio Oscar, dio un discurso de reivindicación de la mujer en el ámbito laboral.

“Todas las que han dado a luz, que pagan sus impuestos y que son ciudadanas de esta nación (EE.UU.), hemos luchado por los derechos de todos los demás. Ya es hora de que tengamos de una vez por todas el mismo salario (que los hombres) y los mismos derechos para las mujeres”.

Su pronunciamiento hizo que se actualice el debate de la equidad de género. Este domingo, 8 de marzo, se cumplen 105 años desde que existe Día Internacional de la Mujer. Aunque en 1975 recién se instituyó el 8 de marzo como la fecha exacta.

Una fecha que exige no solo que los hombres cumplan y protejan los derechos femeninos sino que las mismas mujeres los hagan respetar, al entrar, por ejemplo, en carreras que pueden ser más ‘masculinas’.

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