3 de noviembre de 2014 21:46

Las muestras de arte público se tomaron calles y plazas de Ambato

El robo de las almas por medio de una fotografía fue uno de los espacios que se abrieron en el Grafff 2014. La cabina estuvo en la plaza Urbina, de Ambato. Foto: EL COMERCIO

El robo de las almas por medio de una fotografía fue uno de los espacios que se abrieron en el Grafff 2014. La cabina estuvo en la plaza Urbina, de Ambato. Foto: EL COMERCIO

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Dalia Montalvo.  Redactora  (I)
dmontalvo@elcomercio.com

Tres puertas de madera amarradas entre sí formaban una especie de bombo que cubría a los artífices de uno de los 17 eventos del sexto festival de arte público Grafff 2014, que se desarrolló hasta ayer en Ambato. La cabina estaba ubicada en la plaza Urbina, centro de la urbe.

Juan ‘el raro’ era uno de los artistas a cargo del show “Pierda su alma (tan solo por dos dólar)”. Él contaba, mientras tomaba las fotos que se ‘robaban el alma’ de las personas, que no se trata de un robo como tal, sino que la idea es que la gente entregue su alma en el altar.

Su compañera de trabajo tiene como nombre artístico Suerte. Los dos junto a Lorenzo Idrovo montaron el altar para participar en el festival de arte gráfico. “Tuvimos la idea de hacer algo distinto y optamos por levantar, utilizando materiales reciclados, la instalación. Tenemos una cámara instantánea e hicimos las conexiones de arduino para que la foto se robe el alma de las personas”.

Las expresiones artísticas representan actos simbólicos que llamaron la atención de la gente que pasaba o ingresaba a la plaza Urbina. “La interacción con el espacio y las personas es lo importante. Si no se acercan, se quedan mirando desde lejos o por último se arriesgan y prueban el espectáculo. Eso es arte público”, añade Juan.

En el mismo lugar, el arborlista Fausto Wolffenbuttel colocó un jardín en donde funcionó la “Banca de Sueños” para pedir deseos. “La dinámica es simple: la persona se sienta en la banca, recoge dos piedras del suelo, las contiene en su mano mientras hace un pedido para su vida. Después tira una de las piedras al suelo y guarda la otra”. 

En la parte superior del mercado el colectivo Al Ocio Socio instaló el espacio “Mirando al volcán”. Víctor Hoyos, uno de los miembros del club, explicó que la propuesta es abordar el espacio público como un lugar para estar y no solo para transitar. “El objetivo es recuperar el sentido de habitar la urbe, ofreciendo un lugar de encuentros entre ciudadanos dispuestos a relajarse y a compartir. Creemos que el ocio es fructífero, por lo que el proyecto propone un área lúdica para estar cómodo y sentirse dueño del tiempo, en medio de la ciudad”.

Eduardo Kingman participó en el conversatorio del festival. Para él los espacios públicos son asumidos como áreas de intervención pública y no se conciben como la relación que tienen con la reconfiguración de la vida social. “Un espacio público es una especie de área que sirve para el reordenamiento social. Actualmente hay la tendencia a redefinir los espacios públicos en relación con el turismo o el patrimonio, pero no se piensa en la gente y eso representa un problema”.

Por esa razón, añade Paulina León, curadora del evento, el Grafff 2014 planteó crear una serie de dispositivos artísticos en la ciudad de Ambato que permitan activar el entorno entendiendo al espacio público en su dimensión social, cultural y política. “Queremos volver a dotar de humanidad a los espacios, propiciar un lugar de relación y de identificación entre la gente, de vida urbana, de intercambio de conocimientos y de expresión comunitaria, de convivencia urbana”.

Felicidad! fue otro de los actos del festival. Con la participación de la Orquesta de Cámara de Ambato, conformada por instrumentos específicamente de cuerdas con el acompañamiento de piano sorprendieron a la gente que pasaba por el parque Cevallos con un Flashmob interpretando el Himno de la felicidad.

En las calles de Ambato, dos grupos y dos pintores realizaron murales. Entre ellos estuvo James Rubio, Ledania, Decertor y el colectivo Coxomorama. Sus trabajos se pueden observar en la entrada a Miraflores, en las intersecciones de las calles Olmedo y Mejía, y Francisco Flor y Juan Benigno Vela, y en los exteriores de la fábrica El Cóndor.

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