4 de julio de 2014 19:52

Un reto 
motorizado, en Tumbaco

Enduro Tumbaco

Los enduristas eligen caminos polvorientos e irregulares para atravesarlos con una dosis de ingenio y habilidad. Foto: Diego Pallero / EL COMERCIO

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Ana Ma. Carvajal. Redactora

amcarvajal@elcomercio.com (I)

La práctica de enduro abre una lucha con uno mismo. Este deporte de aventura invita a vencer las limitaciones y miedos, a enfrentar los desafíos de la naturaleza y a sobrepasar los obstáculos, con esfuerzo e ingenio.

En el sector de Collaquí, en el valle de Tumbaco, está la pista de motocrós Cantú. Los jóvenes aprendices del deporte no le temen al recorrido. Transitan veloces, dan grandes saltos y toman las curvas con habilidad.

Detrás de esta pista hay un terreno irregular, seco y empinado, ideal para practicar enduro. La confianza que tienen los chicos al inicio del recorrido se convierte en temor cuando aparecen las primeras dificultades del terreno o las limitaciones técnicas de las motocicletas.

David Iturralde tiene 15 años. Viene de una familia motorizada. Su padre Diego y su hermano Ricardo, de 19 años, son expertos en la materia. Por eso, él conduce moto desde los 5 años.

Pide a su padre que lo mire cuando ha logrado dominar un espacio de terreno y puede hacer un buen salto.

Pero entre sus compañeros de travesía ocurren inconvenientes.

‘Maca’ pierde el equilibrio y sufre una caída, apenas minutos después de haber ayudado al más pequeño del grupo a sacar su moto que se quedó embancada entre tierra floja y piedras.

Luego del susto, ella se pone de pie y monta de nuevo, mientras otro joven se preocupa, porque su moto se apaga constantemente.


Diego Iturralde es su instructor. Les anima a salir de los embrollos, está pendiente de todos y supervisa cada movimiento. La ruta de Cantú es corta y sencilla. Pese a ello, lo que podría tomar minutos en cruzar a pie o en un carro, en moto puede tardar horas.

Ese es el reto cuando un grupo se decide a subir en moto al Cotopaxi o al Chimborazo o tomar una ruta desde El Condado o desde Lloa hasta las zonas más altas y rocosas del imponente Pichincha.

Son jornadas extenuantes y cargadas de adrenalina. Cada pendiente o cada grieta son una oportunidad para inventar una forma salir de ahí.

Iturralde afirma que se puede decir que una persona está haciendo enduro desde que compra una moto. “La pregunta es hasta dónde puede llegar uno en nivel de manejo y hasta dónde quiere llegar”.

El enduro es para todo tipo de motociclistas. No importa si tienen 25 o 40 años. Si un niño quiere entrenarse para competir oficialmente, podrá participar desde los 10 años.

El experto dice que no es indispensable hacer un curso de enduro, pero sí es aconsejable, para aprender técnicas y alcanzar metas propuestas.

Para esta práctica no se debe usar moto de calle. El vehículo debe tener buen torque, bajas revoluciones, buena suspensión, buenos frenos.

Ecuador es un paraíso para el enduro, por su geografía, especialmente en Los Andes. Es vital usar protección y estar dispuestos a vivir una aventura a toda máquina.

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