13 de diciembre de 2017 00:00

El montuvio se orienta con su propia señalética

Ángel Mejía, del sitio La Virgencita, puso una señalética. Fotos: Katherine Delgado/ para EL COMERCIO

Ángel Mejía, del sitio La Virgencita, puso una señalética. Fotos: Katherine Delgado/ para EL COMERCIO

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Bolívar Velasco
(F-Contenido Intercultural)

Los montuvios se idearon su propia simbología para establecer una forma nativa de comunicación visual con sus familiares, vecinos y conductores.

Es una antigua costumbre que este grupo étnico creó para diferenciarse de la semiología universal, sobre todo
de la existente en las señales de tránsito.

Una llanta que cuelga de un árbol o un madero con una figura parecida a la de una persona y hasta espantapájaros son algunos de esos elementos. Los portales de las viviendas, linderos y sitios estratégicos para las paradas de vehículos son los lugares más escogidos para ubicar este tipo de señalética.

La llanta tiene un doble significado. Por un lado sirve para alertar que en ese sitio existe una vivienda y también para que los choferes de los buses tengan como guía a la hora de parar en un pueblo.

Ángel Mejía habita en el sitio La Virgencita del cantón El Carmen. Él emplea la señal de la llanta para comunicarse con sus clientes a los que provee de leche en bidones.

Ellos saben que en ese sitio deben recoger los recipientes a partir de las 05:30 de cada día.

Mejía asegura que a través de esta señal pueden ubicar hasta geográficamente a un desconocido. El color de las llantas es un signo que permite diferenciar un lugar de otro y hasta los miembros de un pueblo.

Por ejemplo, el color blanco significa que en ese lugar habita una sola familia. El anaranjado se utiliza para indicar que hay hasta cinco familias en un mismo lugar.

El conductor Patricio Zambrano, de la compañía Reina del Camino, dice que los manabitas utilizan estas señales para anunciar su punto de llegada. “Muchas veces no conocemos el nombre del pueblo, pero sí los tramos donde están las llantas pintadas de varios colores”.

En la zona de Santa Gema, en el cantón El Carmen, son muy habituales los maderos con formas de un cuerpo humano. Al menos una docena de estos elementos han sido decorados por sus habitantes con ropa desechable.

Francisco Murillo asegura que estas figuras son adecuadas para disuadir a los extraños que intentan delinquir.

Santa Gema está ubicado en un punto muy oscuro y en las noches se vuelve vulnerable a la delincuencia. Es por eso que los habitantes adecuaron los maderos para que los extraños crean que hay vigilancia permanente.

Murillo colocó uno de esos accesorios en la esquina de su vivienda y dice que desde entonces ya no llegan extraños.

La figura del espantapájaros en cambio se observa en haciendas alejadas de las vías. Los montuvios aún los utilizan para ahuyentar a las aves de rapiña. Algunos incluso son construidos con neumáticos.

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