25 de mayo de 2014 00:05

Mónica Riquetti: 'Ahora puedo hacer lo que me dé la gana'

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Ivonne Guzmán. Editora

Introducción: 

El día que nos citamos para conversar en su departamento, Mónica Riquetti acaba de llegar del trabajo, presentando la renuncia. Está contenta, con las perspectivas de un nuevo proyecto por delante. Se ha pasado la vida estudiando (tiene dos maestrías y acaba de sacar un curso ejecutivo en el Tecnológico de Monterrey) y trabajando en asesoría de Turismo Sostenible, su especialidad. Pero ahora quiere poner en marcha un negocio de ropa y accesorios para perros: Canino Citadino. Es que los animales son su verdadera pasión. Sobre todo, Coco y Canita, con quienes vive, y a los que regaña o consiente, según se portan durante la entrevista.

Testimonio:

Creo que por momentos me viene la crisis de los 40 y me preocupa terriblemente aburrirme, de repente no saber qué hacer y perder el rumbo; caer en la desidia. Me da miedo, a veces, de sentirme viejísima. Y sé que no es verdad, pero es fatal la presión social que hay. Aunque ahora mismo estoy contenta, con un plan en marcha.

Quiero dedicarme por completo a Canino Citadino, porque este proyecto ya está rondándome desde hace dos años y por mi trabajo he podido avanzar poco: ya tengo el logo, empecé a hacer las muestras de la ropa y las correas. También he vendido un poco de manera informal, en un almacén en Cotacachi, porque las personas que tejen son de allá.

Las chompas de Canino son todas tejidas a mano, porque mi idea es emplear a personas que no tienen mucho acceso a trabajo por cualquier situación: edad, discapacidad, falta de educación formal...

Ya estuve haciendo pruebas para ver qué modelos gustan más a la gente, y es patético (se ríe) porque lo que a la gente le gusta es lo que a mí menos me gusta. Ellos quieren muchos colores, ropa de fiesta, y a mí me gustan unas chompas de trencitas, bien clásicas, con cuello tortuga.

Yo creo que fue bueno que me haya tocado poner la renuncia (era empleada de libre remoción de la anterior administración municipal), porque era algo que quería hacer, pero no sabía cuándo, y uno tiende a posponer esas decisiones. Así que 'me dieron decidiendo' y estoy feliz. Canino Citadino es lo que más me ilusiona en este momento, yo diría que es casi una obsesión.

Y espero que de aquí en cinco años el negocio esté consolidado, con distribución en distintos lugares y ojalá en el año cuatro empiece a exportar. Claro que esto es una prueba, así que de pronto no sirve, porque así son los negocios, y en cinco años solo haya la historia. Pero lo voy a intentar.

Si de algo me arrepiento es de haber sido muy conservadora en todo lo que he hecho. Si hubiera sido más valiente, hubiera empezado algún proyecto mucho antes. Uno se acobarda, tiene su zona de confort y van pasando los años y no se da cuenta hasta que llega un punto en el que dice: se me fueron 10 años. Yo tengo un hueco entre los 30 y los 40.

Ahora siento que estoy en una edad de evaluación, de 'rendición de cuentas'. Y he pensado que lo bueno de tener 40 es que puedo hacer lo que me dé la gana y no pasa nada.

Por ejemplo, yo nunca he querido tener hijos y si algún día cambio de opinión mi opción sería adoptar; hay tantos niños en el mundo que necesitan un hogar. Pero ahora el Coco y la Canita son mi hijos, al menos eso dicen los psicólogos (risas). Es otra forma de maternidad.

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