11 de noviembre de 2014 16:09

La forma sencilla de entender la misión de Rosetta

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Diario El Tiempo de Colombia
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Este miércoles (12 de noviembre), sobre las 3:35 a. m., científicos del mundo cruzarán los dedos para que una nave, a 500 millones de kilómetros de la Tierra, pueda posarse por primera vez sobre un cometa, el 67P/Churyumov-Guerasimenko, y marcar así una nueva hazaña en la carrera espacial.

De lograrlo, sería el séptimo cuerpo celeste al que llega una misión de una agencia espacial de la Tierra, tras Venus, Marte, la Luna, Titán (la mayor luna de Saturno) y los asteroides 433 Eros y Itokawa.

La espera será angustiante: siete horas de descenso del módulo Philae para que, una vez se desprenda de la sonda Rosetta, recorra 22,5 kilómetros (0,18 metros por segundo) hasta anclarse en una zona del cometa denominada Agilkia.

Una maniobra que ha sido calificada de alto riesgo por expertos, pues además de que se llevará a cabo por primera vez, la superficie del cometa, del tamaño de la isla de Providencia, podría jugar una mala pasada por su composición y por estar plagada de rocas y grietas.

El astrofísico colombiano Juan Diego Soler, miembro del Instituto de Astrofísica Espacial, en París (Francia) y columnista de EL TIEMPO, explica que es una oportunidad única. No hay plan B. “Es comparable con la llegada del hombre a la Luna y el arribo de la primera sonda a Marte”, dice.

Por eso, al igual que miles de investigadores en el mundo, mañana estará desde el Instituto siguiendo paso a paso la misión, que comenzó en marzo del 2004, cuando Rosetta fue enviada en el cohete Ariane 5 al espacio, desde Kourou, en la Guayana Francesa.

Para alcanzar más rápido el cometa, Rosetta recurrió a los campos de gravedad de la Tierra y de Marte. Así recorrió cuatro órbitas en torno al Sol y se aproximó tres veces a la Tierra y una vez a Marte, que la propulsaron, tareas que le tomaron siete años.

Cuando lo logró, la sonda entró en un estado de hibernación entre mayo del 2011 y enero de este año, una especie de ‘coma inducido’ del que fue despertada para retomar su misión de alcanzar el cometa 67P/Churyumov-Guerasimenko, que lleva el nombre de dos astrónomos ucranianos que lo descubrieron en 1969, acompañado por 67P, que lo identifica como el número 67 en ser descubierto.

El pasado 6 de agosto empezó a hacer historia al alcanzar la órbita de este cometa, algo nunca antes logrado. Desde entonces, las investigaciones se concentraron en ubicar el punto apropiado para enviar el módulo Philae, hazaña que se espera lograr mañana. “Rosetta tiene que aproximarse casi hasta ir a la misma velocidad del cometa. Luego (a unos 22,5 kilómetros de distancia) soltará a Philae y a medida que este vaya cayendo, los propulsores lo pegarán al cometa, pues no hay gravedad”, explicó Soler.

El primer anuncio que recibirán los investigadores en el Centro Europeo de Operaciones Espaciales, en Darmstadt (Alemania), será la confirmación de que se ‘agarró’ del cometa, para lo cual desplegará arpones que lo mantendrán firme en terreno.

La información la recibirá Rosetta a través de dos antenas que la conectan con Philae y los datos serán transmitidos a la Tierra a través de satélites. Esta y todas las señales que envíe Philae tardarán 28 minutos en llegar a la Tierra, lo que pondrá un ingrediente más de suspenso. Otra de las tareas iniciales será tomar una foto panorámica, que por su peso también tardará en llegar.

“El logro técnico es suficiente. Se va a aprender más sobre cometas con la llegada de Philae, que todo lo que hasta hoy se sabe de estos en la historia. Además, se tendrán datos directos”, añade el astrofísico colombiano.

Los secretos que esconden los cometas aún son desconocidos para la ciencia. Sin embargo, hay un punto inicial en el que se enfocarán las investigaciones: tratar de establecer si el agua y el material orgánico que los componen tienen relación con materiales en la Tierra, lo que podría dar luces sobre si el agua de los cometas dio origen a los océanos.

Para estudiarlo, cuenta con 11 instrumentos científicos que incluyen una cámara sensible a la luz visible e infrarroja, un taladro para extraer muestras y un espectrómetro para determinar su composición.

Estos cuerpos (los cometas), que no son más que bolas de hielo y polvo interestelar, están en un lugar del Sistema Solar, más allá del planeta Neptuno, en donde la luz del Sol es solo resplandor. De vez en cuando –añade Soler- la cercanía de Neptuno altera el equilibrio, y uno de estos trozos de roca y hielo sale de su órbita estable y se precipita hacia el Sol, como es el caso del 67P/Churyumov-Guerasimenko, que se mueve a más de 50 veces la velocidad de un avión comercial.

“La sonda Rosetta es como un halcón volando junto al avión más grande de una aerolínea colombiana”, dice Soler.

Sin importar qué ocurra mañana, la misión se prolongará hasta finales del 2015 o comienzos del 2016, tiempo durante el cual Philae y Rosetta acompañarán al cometa en su viaje hacia el Sol. Eso permitirá conocer detalles de cómo cambia su vida, a medida que se acerca al astro rey.

Siga en vivo el aterrizaje de la sonda Rosetta en el cometa 67P/Churyumov-Guerasimenko:

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