6 de agosto de 2016 15:37

Seis miradas sobre una misma ciudad en el Museo Nómada

Proyecto Museo Nómada se inicia en La Floresta. Foto Pavel Calahorrano Betancourt / EL COMERCIO

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Fernando Criollo
Redactor (I)

Entre café, fruta y postres servidos a los comensales que llegaron a la Casa Warmi, en el sector de La Floresta, se instaló el primer encuentro del Museo Nómada, un proyecto cultural que busca convertir los espacios urbanos en un museo de arte contemporáneo.

Ana María Garzón, Rosa Jijón y Jaime Izurieta están al frente de este museo que pretende trascender los límites del espacio físico para convertirse en una institución errante y virtual que acerque la experiencia del museo a la gente de una forma distinta y participativa.

Derivas es el nombre del primer proyecto que busca reapropiarse de la ciudad a través de la reflexión, el debate y el arte. El restaurante quiteño fue el punto de encuentro de seis observadores de la ciudad, artistas, gestores culturales, urbanistas y profesionales convocados para responder una inquietud planteada por la organización: ¿qué es la ciudad?

La tertulia protagonizada por Mónica Varea, Carla Pinto, John Dunn, Juan Baquerizo, Estefanía Cardona y Ana Rodríguez, se constituye en la primera etapa de un proceso creativo que busca la participación activa de la ciudadanía.

Mónica Varea inició la charla con una idea de ciudad que parte de la memoria y la nostalgia de la abogada, escritora y librera que adoptó a Quito como su hogar, al que añora como una ciudad con más paisajes y menos concreto, cuya vida transcurría entre tiendas de barrio en lugar de centros comerciales.

Para Carla Pinto la ciudad es una experiencia que se vive “puertas afuera” donde se convierte en sinónimo y deseo de libertad primero y en fuente de narrativas después, que parte del afecto, la apropiación de los espacios y la interacción de sus individuos. Johnn Dunn, en cambio, ve la ciudad como un invento que ha permitido la supervivencia de la sociedad pero que ha llegado a subvalorarse hasta convertirse en un lugar de paso. Frente a esa idea plantea volver a lo básico, a la ciudad vista desde el peatón, capaz de descubrir “una ciudad más allá de los lugares donde sí se puede caminar” para reencontrarse con una ciudad oculta en esos rincones vetados. Para Juan Baquerizo el reto está en encontrar y volver a darle sentido a aquellos ‘burgos’ o elementos sociales y culturales icónicos alrededor de los cuales se reagrupe la comunidad.

Si para Estefanía Cardona la ciudad es una expresión tangible y presente de la sociedad definida por sus espacios y sus identidades urbanas para Ana Rodríguez, se trata de un diálogo entre distintos tiempos y formas de habitar un mismo espacio, que se presenta como un ente que evoluciona a partir de las necesidades y demandas cotidianas.

El objetivo es que esta intervención sea el catalizador de un proceso artístico que se derive en la creación de una serie de afiches trabajados por Fabiano Kueva, Wendy Ribadeneira, Felipe Escudero, María José Rodríguez, Santiago Del Hierro, Roberto Vega y Sofía Acosta. También es una respuesta, dice Izurieta, ante la “desmaterialización” de espacios culturales contemporáneos que no han logrado rebasar el concepto tradicional de museo. La presentación de las obras está prevista para la primera semana de septiembre.

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