25 de noviembre de 2015 00:00

Miguel Littín: ‘El cine latinoamericano es el más pobre pero también el más libre’

El cineasta chile Miguel Littín dialogó con EL COMERCIO sobre sus trabajos cinematográficos y su relación con Gabriel García Márquez.

El cineasta chile Miguel Littín dialogó con EL COMERCIO sobre sus trabajos cinematográficos y su relación con Gabriel García Márquez. Foto: Julio Estrella/EL COMERCIO

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Fernando Criollo
Redactor

A inicios de los años 70, Miguel Littín apenas pudo escapar a salvo del Chile tomado a la fuerza por las tropas militares de Augusto Pinochet. El entonces presidente de Chile Films se exilió entre México y España donde continúo desarrollando su cinematografía.

El cineasta chileno estuvo nominado en Cannes por ‘Actas de Marusia’ (1975) y ‘El recurso del método’ (1978) y a los premios Oscar con ‘Actas de Marusia’ (1975) y ‘Alsino y el cóndor’ (1982). Littín llegó al Ecuador invitado por el Consejo Nacional de Cinematografía (CNCine) para presentar ‘Allende en su laberinto’ (2015), el más reciente de sus filmes en el que refleja la vitalidad de su activismo y que consolida su estilo personal.

Minutos antes de recibir un reconocimiento por parte de Fernando Sempértegui, rector de la Universidad Central del Ecuador, el director sostuvo un diálogo con EL COMERCIO en el que habló sobre su trayectoria, su relación personal con Gabriel García Márquez y la situación de la producción latinoamericana en el contexto regional y mundial.

¿Cómo describe a Littín director de ‘Allende en su laberinto’ en comparación con Littín director de ‘El chacal de Nahueltoro’?


Como se sabe por la mitología griega, cuando un hombre entra al laberinto sale vivo o sale muerto y lleno de gloria y yo espero salir con las dos cosas. Quiero decir que (‘Allende en su laberinto’) es un filme que costó un trabajo muy grande por el peso histórico del presidente Allende, a quien tuve la suerte de conocer y con quien colaboré. En cuanto al ‘Chacal de Nahueltoro’ veo a un joven de 25 años con muchas inquietudes y pasión, buscando desesperadamente retratar una realidad cruel y dolorosa con una cámara en la mano y una idea en la cabeza. Un cineasta tratando de conmover a un país sobre el caso de los campesinos pobres de Chile, teniendo en cuenta que tenemos permanentemente una deuda con la gente que vive en condiciones precarias.

¿Cuál es el argumento que guía la película de Allende?

Corresponde a los principios mismos de la tragedia griega y está situada temporalmente entre las siete de la mañana, cuando el presidente Allende entra al Palacio y es recibido con todos los honores militares y las dos de la tarde cuando su cadáver sale envuelto en un manto boliviano. Se trata de un hombre que va, se busca a sí mismo y enfrenta el desafío de cruzar el umbral de lo cotidiano hacia la memoria de la gente. Asume esa decisión al calor de los acontecimientos que suceden allí cuando defiende, con su vida, el derecho de le gente a elegir un presidente y mantenerlo en el poder el tiempo constitucional que se ha establecido por su decisión. Voy al hombre y a su espíritu. Quise retratar un hombre, no una estatua.

Entonces, hablamos de una radiografía del suceso…

Es una crónica poética o un poema estremecido en los que uso fragmentos e imágenes de una memoria en un punto que se intenta romper. Lo que hice fue recoger los fragmentos de la memoria y de la historia y proponer una visión distinta.

¿Es posible percibir un cine militante en la producción cinematográfica contemporánea?

La única militancia que existe es con el hombre y los principios del humanismo. La única militancia posible es la convivencia, la tolerancia, la democracia y la búsqueda de nuestra identidad, porque sabiendo quiénes somos podemos enfrentar el mundo. Si no, estaríamos en peligro de ser absorbidos por una economía global que no tiene sentimientos. El arte no tiene derecha ni izquierda solo refleja la condición humana y el espíritu del ser humano.

¿Cómo incidió el encuentro con García Márquez en su vida y en su carrera?

Estuve exiliado de Chile y en ese momento los que estábamos afuera no sabíamos lo que ocurría en el país. Entonces regrese a Chile de forma clandestina, con otra apariencia y otra identidad. Filmé en Chile la vida cotidiana de la gente durante la dictadura. Cuando García Márquez, un gran amigo desde los años 70, se enteró, me llamó y me pidió que le contara esa experiencia. En mi casa en Madrid, nos sentamos a conversar sin saber que estaba escribiendo un libro. Luego en su casa recibí un manuscrito donde aparecía Miguel Littín en primera persona (‘La aventura de Miguel Littín clandestino en Chile’). Eso hizo crecer nuestra amistad pues esas cosas se hacen con un amigo y tuve la suerte de que el autor de esa obra fuese García Márquez.

¿Cuáles fueron las repercusiones de esa obra?

Un escrito de García Márquez sobre Chile y los sectores democráticos que luchaban por derrocar la dictadura sin duda iba a recorrer el mundo, otro de los objetivos era reunir dinero para donarlo a la Escuela de Cine de San Antonio de los Baños en Cuba y la tercera razón –que ahora lo puedo decir- era para protegerme junto a toda mi familia, pues el brazo del crimen de la dictadura era muy largo.

¿En donde coincide la literatura de Márquez con el cine de Littín?

El ‘Gabo’ me acompañó en parte de ‘Actas de Marusia’ cuando estábamos en México. Fue varias veces a la moviola donde estaba editando, le mostré los primeros cortes. Imagínese que me llamaba a las seis de la mañana para que vaya a su casa y leyese lo que estaba escribiendo en ese momento. Fui uno de los primeros lectores de los manuscritos de ‘Crónica de una muerte anunciada’. El ‘Gabo’ estudio cine en el Centro Experimental de Roma y quería ser cineasta. No nos pusimos de acuerdo cuando yo quería filmar ‘El otoño del patriarca’ y terminé haciendo ‘El recurso del método’. En cambio, cuando yo estaba escribiendo una novela el Gabo me dijo que no pierda el tiempo. Y al preguntarle la razón me dijo que yo estaría terminando la novela cuando él acabara de hacer una película. Extraño mucho al Gabo porque eran tiempos muy felices y salían grandes proyectos de conversaciones como esta o hacíamos un viaje y yo veía como escribía y él veía como filmaba.

¿Cuáles son las circunstancias y los contextos que definen y condicionan el cine de América Latina en la época actual?

En los últimos años ha crecido la producción en cantidad y calidad y han aparecido nuevas generaciones de cineastas que se han incorporado con nuevas temáticas y poética que van transformando el universo temático, tomando en cuenta la diversidad y riqueza de nuestra cultura. Hay un problema serio en la distribución y exhibición de las películas en los distintos países. Hoy en día prácticamente hay un enclave colonial en el sector de la distribución que hay que tomarlo con un sentido patriótico y no ideológico ni político, porque es un derecho de América Latina tener salas para que sus películas se exhiban y crucen fronteras.

¿Teniendo en cuenta la democratización del cine a partir del desarrollo de nuevas tecnologías, cómo ve la relación entre la línea de reflexión y entretenimiento en el cine regional?

Absolutamente compatible y necesaria. Además todo producto cultural bien realizado entretiene, siempre que no se deje de ampliar el campo de visión de la creatividad. Por qué hemos establecido esta especie de división arbitraria donde hay un cine a la derecha y otro a la izquierda. La cinematografía es nacional y ahí se contienen todos los aspectos de la diversidad cultural.

¿Cuál es el aporte de la cinematografía latinoamericana al cine mundial?


Una visión cultural y del mundo distinta y también la libertad. El cine latinoamericano es el más pobre pero también el más libre. Los cineastas latinoamericanos no dependen de los productores y nadie les dice qué tienen que filmar. Un director extranjero tal vez no tenga la seguridad de que nadie va a cortar un fotograma de su película. Generalmente en las películas de la gran industria los directores no suelen tener la última palabra sobre su obra.

¿Un proceso de industrialización del cine en la región podría coartar esa libertad?

No, porque esa industrialización no va a producir lo mismo porque hay un arbitraje desde los institutos. En la medida en que esos institutos tengan la mayor amplitud ideológica y democrática se fortalecerá la idea de que el cine es de los autores y no de la industria. La industria solo acompañaría este proceso. Porque no se trata de negar sino de sumar y de ampliar la visión.

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