3 de octubre de 2014 18:52

Michely Grijalva: 'Quiero que mis hijos tengan una vida más llevadera que la mía'

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Ivonne Guzmán

Introducción:

A Michely Grijalva le tocó crecer de golpe, cuando a los 18 años se embarazó y su padre la sacó del colegio y la puso a trabajar. La vida no ha sido amable con ella, pero Michely le ha dado pocas oportunidades de verla llorar.

“Nunca lloro, aunque ahora siento que me quiebro más”, me dice mientras conversamos en la oficinade la Red de Salud de las Mujeres Latinoamericanas y del Caribe, en la cual trabaja. Entre las pruebas por las que ha pasado está la grave enfermedad de su segundo hijo: mielomeningocele pie equino varo. Ella se niega a darse por vencida y está armando una fundación para ayudar a los niños que, como Mateo, la padecen.

Testimonio:

Mi conocimiento sobre temas de género viene de una vivencia personal. Tengo un hijo que es homosexual y eso me ha hecho investigar mucho sobre la homosexualidad. Cuando él salió del colegio, me dijo: Mami, esto pasa en mi vida… Es fácil mirar desde afuera, pero cuando lo vives quieres saber más; entonces empecé a estudiar todo lo que conlleva el género.

Justo en ese momento surgió un proyecto en el Innfa (el desaparecido Instituto Nacional del Niño y la Familia), donde yo trabajaba y conocí a Diana Castellanos, que es una persona trans; ella me refirió a la organización en la que trabajo ahora. Fue ahí que dije, perfecto yo quiero trabajar en derechos y en género, sobre todo. Porque el tema de género es muy complicado en Ecuador y Latinoamérica; hay todavía mucha represión en este aspecto.

Con mi trabajo intento ayudar para que las mujeres no se permitan ser vulneradas ni maltratadas, porque yo sé lo que es eso.

A los 18 años fui madre y mis papás me dieron la opción de perder a mi hijo, pero yo decidí tenerlo. Fue muy duro. Yo viví todo mi embarazo en el encierro y con mucha tristeza, pero a la vez me sentía feliz porque tomé la decisión de tenerlo. Después terminé el colegio a distancia. Me salí de la casa a los 19 años, y por un año nadie de mi familia supo de mí; llegué a conocer lo que es la pobreza absoluta.

Son tantas las cosas que me han pasado. Cuando entré a la universidad (a estudiar Psicología; no terminó la carrera) fui violada por unos compañeros. Ha habido un cúmulo de agresión física y psicológica en mi vida, por eso yo intento que mis hijos no vivan así. Trato de que ellos tengan otro mundo, con las dificultades que conlleva esta vida, pero que sea mucho más llevadera que la mía.

A pesar de todo, yo sigo con fuerza; a cualquier adversidad trato de enfrentarla con una sonrisa, busco soluciones y me entusiasmo con mis proyectos. Sobre todo con el de la fundación que estoy levantando con mis hermanos y con la gente del Baca Ortiz, donde hay muchos niños con mielomeningocele pie equino varo y escasos recursos económicos. Esta enfermedad es muy costosa.

Creo que hay solo dos cosas que me preocupan en la vida: que todavía en Latinoamérica seamos tan cerrados y no aceptamos que hay diferentes gustos y géneros. Me asusta que haya tanta violencia en contra de los homosexuales, los trans, las lesbianas. Me da miedo el mundo en el que está viviendo mi hijo mayor; cuando él sale yo me asusto y pienso: ¡Dios mío, qué le va a pasar!

La segunda cosa que me preocupa es que Mateo pueda morir. Y como siempre digo: Lo que Dios quiera, pero voy a luchar hasta el final.

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