6 de enero de 2015 15:03

Michael Keaton juega a la autoparodia y avanza hacia el Oscar con 'Birdman'

Michael Keaton interpreta a Riggan en 'Birdman', un personaje que lucha por triunfar en Broadway. Foto: AFP

Michael Keaton interpreta a Riggan en 'Birdman', un personaje que lucha por triunfar en Broadway. Foto: AFP

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Agencia EFE
Madrid

Una estrella del cine de superhéroes en horas bajas que lucha por resurgir. Pese al evidente paralelismo entre el protagonista de 'Birdman' y el propio Michael Keaton, el actor estadounidense asegura a Efe que cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.

"Lo irónico del asunto es que, en el fondo, creo que me parezco menos a este tipo de personaje que a cualquier otro que haya hecho. He interpretado a asesinos -'The Merry Gentleman' o 'Desesperate Measures'- con los que me identifico más que con Riggan", afirma Keaton, el primer Batman de masas del cine reciente.

Tras acaparar siete nominaciones a los Globos de Oro, la nueva comedia negra del mexicano Alejandro González Iñárritu avanza con paso firme hacia los Oscar y entre los favoritos está Keaton por su intensa y delirante radiografía del ego artístico.

"Birdman es una película sobre actores, sobre Hollywood y sobre Broadway, y todo eso me interesó", explica, "pero sobre todo me atrajo lo profundamente humano, lo oscuro, lo loco, lo divertido. En una sola escena, en 30 segundos, el personaje cruza por un amplísimo rango de emociones. Fue todo un reto", añade.

Iñárritu, que con 'Babel' (2006) obtuvo siete nominaciones a los premios de la Academia de Hollywood, asegura que obviamente sí pensó en el bagaje de Keaton a la hora de escribir el guión de 'Birdman'.

"La autoridad que tiene Michael, muy pocas personas la tienen. Michael inventó este tipo de superhéroe global, fue el pionero, con todos los 'pros' y 'cons' que conlleva", subraya el realizador y guionista mexicano.

"Y además tiene una extraordinaria capacidad para ir de lo cómico a lo trágico en segundos, de una en forma en que muy pocos actores son capaces. Sus características eran perfectas", subraya.

Entre bambalinas, alrededor del personaje de Riggan y su lucha por triunfar en Broadway con una adaptación de Raymond Carver, pululan Edward Norton -otro actor de ego insostenible- y Emma Stone -como la hija de Riggan-, además de Naomi Watts y Zach Galifianakis.

"La manera en que Alejandro escribe siempre tiene un enfoque multidimensional", afirma Norton. "Sus personajes se esfuerzan, tienen nobles intenciones, pero también son egoístas".

"Unos te gustan al principio y luego descubres su lado oscuro y otros al revés, como ocurre con mi personaje, que al principio te cae mal pero luego ves que hay algo más. Me encantan ese tipo de historias. Todo lo complejo es más interesante", explica.

Emma Stone, que también sabe lo que es el cine de superhéroes -ha sido la última novia de 'Spiderman'- asegura que trabajar en una producción independiente como esta ha sido "una experiencia única" y cree que, más allá de la industria de Hollywood, cualquiera puede identificarse con los personajes.

"Al principio pensé que el tema era una lucha muy específica sobre lo que les ocurre a los actores, y que no todo el mundo iba a entenderlo, pero ahora creo que cualquiera puede identificarse con el hecho de tener una parte pública y una privada, y la batalla diaria sobre lo que debes y no debes hacer", apunta la actriz.

Además de Keaton y de Iñárritu, otro serio aspirante a la estatuilla dorada es el director de fotografía, el también mexicano Emmanuel Lubezki, responsable en buena medida del prodigioso (y falso) plano secuencia que abarca casi todo el metraje.

En el intrincado laberinto de pasillos y camerinos, detrás del telón, el movimiento de cámaras y actores se convierte en una meticulosa, brillante y, por momentos, alucinante coreografía.

"Quise que todo fuera contado desde el punto de vista del personaje, poner a la audiencia en sus zapatos de forma radical", explica Iñárritu. "Es así como vivimos la vida, no editamos, navegamos con los ojos abiertos".

La ejecución, admite, fue "extraordinariamente difícil". "Cuando uno no cuenta con la fragmentación, la edición que aporta el ritmo interno, es como escribir sin comas y puntos, te puedes perder", señala.

"Pero todo lo que sucede en esta película es absolutamente verdad, no hay manipulación alguna, todos estamos desnudos ahí. Ha sido como tocar en vivo, no puedes esconder los errores, lo que hay es lo que hubo".

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