28 de noviembre de 2017 00:00

Los menores aprenden sobre la cultura Tsáchila con juegos

En la escuela Tomás Rivadeneira enseñan a valorar a la etnia tsáchila. Foto: Juan Carlos Pérez para EL COMERCIO

En la escuela Tomás Rivadeneira enseñan a valorar a la etnia tsáchila. Foto: Juan Carlos Pérez para EL COMERCIO

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María Victoria Espinosa
Redactora
(F - Contenido Intercultural )

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En la comuna El Poste, ubicada en Santo Domingo, los niños tsáchilas aprenden con una metodología lúdica.

Los profesores de la escuela Tomás Rivadeneira realizan proyectos en los que incluyen clubes de fútbol, ejercicios de agilidad mental, gastronomía, artesanías, dibujo y lectura.

El único requisito para participar es que toda la comunicación sea en tsáfiki, el idioma nativo de la nacionalidad.

En los clubes, los niños de entre 6 y 12 años aprenden sobre la medicina ancestral, la comida y vestimenta típica, pero a través de juegos y de varios concursos.

El viernes pasado, por ejemplo, desarrollaron un festival deportivo y cultural. Los niños debían escoger una actividad con la que se identificaran. Yuri Aguavil, de 9 años, optó por el concurso de pintura y resultó la ganadora.

Los niños tenían que hacer un dibujo en 15 minutos sobre cómo cuidar la naturaleza. En la pintura, Aguavil dibujó a dos niñas en la aldea El Poste. Ellas recogían la basura de las calles y cerca de los árboles. A lo lejos se veía al carro recolector de basura.

Flavio Aguavil, presidente de la comuna El Poste, señaló que desde hace unos cinco años ya se trabaja con los niños y las familias para concienciarlos sobre la importancia de pertenecer a una etnia.

“Antes nos sentíamos avergonzados de ser tsáchilas y eso lo reflejábamos en nuestros hijos. Ahora los más pequeños se sienten orgullosos y nos transmiten ese sentimientos a los más grandes”, afirmó.

El docente José Calazacón, de la escuela Tomás Rivadeneira, señaló que de los 200 estudiantes de la escuela, al menos el 90% ya domina el idioma nativo. Para lograrlo se han establecido normas.

Por ejemplo, las reglas de los partidos de fútbol se dicen al inicio, en tsáfiki. Ningún niño deberá hablar español durante el juego.

Además, se les envían deberes en los que debe involucrarse toda la familia. Las madres deben preparar un plato típico de la nacionalidad y al siguiente día, en clases, el niño debe exponer cómo se hizo esa receta y los ingredientes que usaron. “Así no solo aprenden el idioma sino también los platos típicos”, dijo Calazacón.

También se hacen clubes de lectura. El material que utilizan son cuentos y relatos tsáchilas. En ese club se realizan tres actividades. El primero es aprender a leer pictogramas.

Los niños deben representar con dibujos las oraciones que desean expresar.

De igual manera deben consultar con sus padres o en diccionarios tsáfiki, las palabras que no entiendan. La idea es que también elaboren historias a partir de las vivencias en la comuna con relación a las costumbres y tradiciones.

Por último, los niños realizan un concurso de lectura en el que deben mostrar sus habilidades para pronunciar las palabras y modular la voz.

El club de artesanía se encarga de realizar bisutería e indumentaria tsáchila. Para eso, el trabajo se inicia en el bosque donde deben recolectar las semillas. En el remanente de la comuna son guiados por un chamán, quien les explica sobre el tipo de semillas que atraen las energías positivas. También reciben clases con las madres de familia, quienes les enseñan a elaborar el tunan (falda, en español).

Fabián Aguavil, vicepresidente de la escuela Tomás Rivadeneira, señaló que desde que los niños participan en los clubes se sienten más motivados para ir a las clases.

Él afirmó que estas actividades han incidido en cambios de hábitos entre los estudiantes y sus familias. Cuenta que en el desayuno ya no aceptan que las mamás les hagan sánduches, porque prefieren la bala de plátano verde (plato típico hecho con plátano molido).

La preferencia por la música tsáchila también es uno de los cambios notorios. En las escuelas se han construido y también han donado instrumentos nativos como la marimba. En los recreos hay niños que aprenden a entonar esos aparatos, elaborados con pambil y caña guadúa.

Las niñas danzan al compás de las melodías que los niños se inventan y cuando llegan a sus casas, quieren seguir practicando. A veces sintonizan la radio tsáchila Sonba Pamin.

La historiadora María Aguavil dice que es la primera vez que los niños se muestran interesados por la cultura nativa.

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