30 de noviembre de 2016 00:00

‘Me fui a volver’, la esencia de un disco volcada a las tablas

El cantante y actor Gato Muñoz y el músico Víctor Andrade actúan en el drama musical ‘Me fui a volver’. Fotos: Wladimir Torres / EL COMERCIO

El cantante y actor Gato Muñoz y el músico Víctor Andrade actúan en el drama musical ‘Me fui a volver’. Fotos: Wladimir Torres / EL COMERCIO

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Alexander García
Redactor (I)

Volcar la esencia de un disco al teatro, eso es lo que se ha propuesto el Gato Muñoz –trasunto del cantante y performer español Raúl Teba-, quien junto al ecuatoriano Víctor Andrade practica una nueva forma de poner en escena un concierto.

En ‘Me fui a volver’, una obra de teatro musical para la micro escena, la pareja toma tres canciones del último disco del madrileño (2016) y una creada para la ocasión por el guayaquileño, para introducir al público en un trance de estados emocionales.

El drama musical de 18 minutos de duración, lleva un mes representándose en una sala para 20 personas Pup Up, un centro de teatro alternativo de espacios reducidos en Guayaquil.

Entre la actuación, el canto y pasajes de corporalidad, el dúo representa a los personajes de los que hablan sus canciones al tiempo que interpretan la música.

Cantan uno a la vez o los dos juntos, a coro, acompañados de una guitarra, en una pieza cuya dramaturgia partió de una escena de la película ‘Un año con trece lunas’ (1978), del director alemán Rainer Werner Fassbinder.

‘Me fui a volver’ cuenta en tono de ensoñación el epílogo de una ruptura amorosa, cuando Christoph (Andrade) regresa por su guitarra a la casa donde ha convivido con Elvira (Muñoz). “Seis semanas encerrado”, “42 días”, mencionan en un diálogo.

La pareja intercambia gestos y palabras de recriminación, de ternura contenida y tensión homosexual, juegos y luchas de poder donde la música resulta un desfogue.

La obra empieza con Muñoz travestido, sentado con una falda en el suelo, practicando movimientos erráticos y repetitivos en el suelo, propios de la danza contemporánea. “Me aburro, me aburro”, desespera.

En una escena los diálogos son acompañados por acordes de guitarra, una frase se repite como disco rayado, en otra el conector acústico del instrumento produce sonidos hondos, cual quejidos, cuando un personaje lo coloca sobre la piel del otro.

Destaca la hondura de las canciones, interpretadas con el dejo flamenco propio del español, que fusiona jazz y tango, pero quien también ha trabajado con mezclas de cumbias, música electrónica o hip ­hop. En el último disco, marcado por la melancolía, el acento absoluto está puesto en lo acústico, refiere Muñoz

“Quisimos destacar los elementos oníricos, musicales, ese aliento poético”, indicó Andrade, guitarrista y vocalista de la banda de rock guayaquileña Niñosuarios. En su primera incursión en la actuación toca además un solo de guitarra, como parte de la banda sonora que es en sí misma la obra de teatro.

Muñoz fue 13 años actor y la obra marca un regreso a las tablas luego de seis años, aunque advierte que siempre aderezo la música con teatralidad. “Soy muy performático, mis conciertos en directo van con escenografía, trabajo con bailarines, intento que los músicos actúen”, explica el artista, que lleva 4 años viviendo en Ecuador.

Cuando las distancias se hacen cortas /y nos encontremos al ayer / surgirán de pronto nuevas formas / que acaricien los regazos de una piel, dice una de las letras.

“Está es otra forma de performar un disco, de darle vida, de difundir la música y apostar por un teatro distinto a la comedia, que es el que prima en Guayaquil”, agregó Muñoz. “Y los temas conectan con la historia, Víctor ha sabido encajarlos en la dramaturgia de cada momento”.

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