19 de julio de 2017 14:50

El material genético del Ecuador está 'desprotegido internacionalmente', según el Ministro del Ambiente

Tarsicio Granizo, ministro del Ambiente, se mostró optimista de que la Asamblea ratifique el Protocolo de Nagoya sobre el Acceso a los Recursos Genéticos. Foto: archivo EL COMERCIO

Tarsicio Granizo, ministro del Ambiente, se mostró optimista de que la Asamblea ratifique el Protocolo de Nagoya sobre el Acceso a los Recursos Genéticos. Foto: archivo EL COMERCIO

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Agencia EFE

El ministro de Ambiente, Tarsicio Granizo, aseguró hoy (19 de julio del 2017) que el material genético de Ecuador está "desprotegido internacionalmente", con excepción de un "blindaje" en la región andina, por lo que aspira a que la Asamblea Nacional ratifique mañana, 20 de julio, el Protocolo de Nagoya.

"Afortunadamente, a nivel regional tenemos la decisión 391 del Acuerdo de Cartagena, de la Comunidad Andina que, de alguna forma, nos blinda y nos cubre a nivel regional, pero, a nivel internacional, más allá de la región andina, estamos desprotegidos", dijo Granizo en entrevista con Efe.

Se mostró optimista de que el Parlamento ratifique el Protocolo de Nagoya sobre el Acceso a los Recursos Genéticos, que está orientado a la participación justa y equitativa en los beneficios que se deriven de la utilización de los recursos genéticos.

Con el mencionado instrumento ratificado, el Ministro comentó que Ecuador podrá "rastrear el material genético", pues el protocolo indica que entre dos países que son parte, uno de origen y otro de destino del material genético, este último tiene la "obligación" de informar de dónde obtuvo el mismo.

Explicó que si investigadores de otro país desarrollan una medicina, con base en un recurso ecuatoriano, y generan ingresos y ganancias, estas ganancias deben repartirse, también, entre los dueños del material genético, "particularmente si son pueblos o nacionalidades indígenas".

Ello, apuntó, porque son esos pueblos los que tienen, muchas veces, el conocimiento ancestral en el "cual se basan los laboratorios para hacer las investigaciones".

Indicó que quizá más del 70% de las medicinas que se vende en las farmacias "proviene de recursos de biodiversidad", de los que se han "beneficiado las grandes empresas farmacéuticas, sin que los países de origen de esa biodiversidad obtengan mayor ganancia o mayor beneficio de eso", dijo.

El Ministro opinó que Ecuador "tiene una deuda pendiente que es no haber ratificado el Protocolo pese a que es un país megadiverso y que es parte del Convenio de Diversidad Biológica".

Granizo subrayó la importancia de la ratificación del Protocolo porque durante mucho tiempo ha habido "biopiratería, robo, saqueo de recursos genéticos".

Comentó que "empresas, instituciones, laboratorios", se han llevado recursos genéticos de distintas naciones, los ha procesado, han desarrollado productos con base en ellos, "y se han hecho ricos sin que haya ningún beneficiado para el país de origen".

"Esa es la idea de tener un Protocolo, que regule este tema de comercio de material genético", añadió al recordar que hay grupos, a los que llamó "ecologistas radicales", opuestos a la ratificación del Protocolo.

Explicó que los detractores argumentan que, "de alguna forma el Protocolo de Nagoya abre la puerta a la biopiratería, cuando, en realidad, es todo lo contrario", aseveró.

Subrayo que "mucho de la garantía de aplicación del Protocolo de Nagoya se basa también en las legislaciones nacionales" y subrayó que la de Ecuador "promueve y apoya los conocimientos ancestrales".

Por ello, insistió en que "mal puede el Protocolo ser algo negativo; más bien refuerza internacionalmente lo que Ecuador ya tiene nacional y regionalmente", dijo al agregar que el país también cuenta con el Código de Ingenios y el Orgánico Ambiental, "que refuerzan el tema de propiedad intelectual".

Granizo apuntó que su Ministerio está empeñado en impulsar el tema de la bioeconomía, un concepto mediante el cual la gestión ambiental se inserta en la matriz productiva.

Al hablar sobre la biotecnología, comentó que hay laboratorios que trabajan en los exudados de las pieles de las ranas para buscar moléculas que, eventualmente, puedan servir para fines biomédicos, cosméticos, alimenticios.

Se preguntó, entonces, cómo se puede comercializar esos productos legalmente en el extranjero sin un Protocolo de Nagoya, instrumento que busca la participación justa y equitativa en los beneficios que se deriven de la utilización de los recursos genéticos.

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