17 de mayo de 2017 00:00

Materiales lúdicos tienen sello Kayambi

Gabriela Melgar (blanco), estudiante de la Universidad Central, explica son la fiesta. Foto: Francisco Espinoza / para EL COMERCIO

Gabriela Melgar (blanco), estudiante de la Universidad Central, explica son la fiesta. Foto: Francisco Espinoza / para EL COMERCIO

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José Luis Rosales
Redactor
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(F-Contenido Intercultural)

El Inti Raymi, una de las cuatro celebraciones más importantes del pueblo indígena, está plasmado en un libro artesanal, que aún no tiene nombre.

Mientras pasa las hojas, Gabriela Melgar, estudiante de la Universidad Central del Ecuador (UCE), relata a un grupo de infantes los personajes populares de esta festividad.

Uno de los chicos despega un Aya Uma del texto, que les permite interactuar. “Este ícono representa al guía espiritual de la Fiesta del Sol”, comenta la futura educadora.

La niña mira con curiosidad la máscara colorida que lleva en el rostro el personaje, representado en un títere. Como este hay muchas piezas, de diferentes colores y texturas, que los niños pueden manipular.

Este libro educativo fue diseñado por estudiantes de la Escuela de Educación Inicial de la UCE, para la formación integral de los pequeños que asisten a los Centros Infantiles del Buen Vivir (CIBV) y a la Escuela Municipal de Cayambe, en el norte de Pichincha.

Se trata de 45 CIBV, que han firmado convenios con el Estado, a los que asisten 1 870 niños. Mientras que el plantel municipal posee 600 estudiantes.

Según Elizabeth Rivera, directora de la unidad para la Protección de Derechos del Cabildo local, este instrumento lúdico, uno de los varios que se han elaborado desde marzo pasado, se diseñó gracias a un acuerdo entre el Municipio y la Universidad Central.

El valor agregado del material es que todo gira en torno a la chakana, un símbolo de los pueblos originarios andinos.

Esta figura sirve como organizador de los conocimientos y ambientes, explica Edison Cando, catedrático universitario. “Los estudiantes han aprendido cómo vincular los saberes ancestrales con estas experiencias de aprendizaje”.

Cada sábado, 44 estudiantes de la UCE se trasladan desde Quito hasta Cayambe. La mitad del grupo trabaja en el laboratorio de aprendizaje e investigación del pueblo Kayambi.

El resto se encarga de capacitar a los padres de familia sobre estimulación temprana. Para ello, se han establecido cuatro sedes: Ayora, Cangahua, Pisambilla y en la cabecera cantonal.

Para la confección de los artículos lúdicos, que son de papel, cartón, telas y madera, se diseñaron con el ícono y colores de la cosmovisión indígena.

En cada uno resalta cuatro tonos. El rojo que simboliza el bien sentir (alli yamanti); el azul, bien pensar (alli yachay); el verde, bien decir (alli rimay); amarillo, bien hacer (alli ruray), comenta Marilyn Iza, estudiante de la UCE.

Cada una de estas gamas, igualmente, organiza formas de relación con el entorno. Es decir, el rojo está vinculado a la crianza de la comunidad. El azul con la chacra. El verde con la geobiodiversidad y el amarillo con la familia. El blanco, en cambio, está relacionado a la espiritualidad.

“Si se conjuga estos cinco elementos los niños van a tener un nivel de armonía y conocimiento integral, no solo en lo intelectual, sino también en los espiritual”, asegura Rivera.

Con la chakana además se han recreado los raymis (festividades) principales: Pawkar (Florecimiento), Inti (Sol), Kulla (Fertilidad) y Kapak (Sabiduría).

La idea es que los niños aprendan jugando los saberes ancestrales sobre cada personaje, explica Jessica Barahona, que cursa el sexto semestre.

Poco a poco, los infantes van familiarizándose con personajes como el aruchiko. Este es el armonizador, dice un niño. El wasi kama es el protector de la comunidad, repiten en coro sus compañeros.

“La chinuka -que se denomina a las mujeres que se encargan de las tareas de servicio- es equivalente a la feminidad y fertilidad y el takidor el unificador comunitario”.

También con la figura de la chakana se han definido nociones para trabajar en el hogar o en la clase. Sobresalen colores, elementos, sabores, sentimientos, sensaciones y hasta sonidos con los que imita a los animales...

De esta manera, los universitarios y los comuneros buscan demostrar que los saberes ancestrales siguen vigentes.

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