Las máscaras que decoran sin traicionar su identidad 

Máscara natural de Indonesia. Foto: Alfredo Lagla/EL COMERCIO

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Víctor Vizuete. E. (I)

Es el polo opuesto de las tendencias tecnológica y minimalista, tan en boga en la actualidad. Se trata de la llamada decoración étnica, que comenzó como una moda y que cada día gana más terreno, hasta el punto de ser considerado un estilo.

Este estilo, explica Natasha Vivar, de Zientte by Dejavu de Cumbayá, refleja la preferencia por vivir en ambientes naturales y sanos, y privilegia la utilización decorativa de objetos y accesorios tradicionales y ancestrales de etnias y culturas del mundo.


Las máscaras son de los artículos más socorridos para reflejar el estilo étnico en las viviendas y otros espacios. Estas pueden tener varios orígenes y funciones. Pueden ser tribales, de guerra, festivas, ceremoniales, religiosas, explica Silvia Cabrera, de La Étnica de Cumbayá.

Son clásicas en el Ecuador, por ejemplo, las que reflejan la Diablada pillareña, en Píllaro, o las que utilizan los danzantes de Pujilí en las fiestas de Corpus Christi de junio.

Estas máscaras se complementan con objetos del mismo corte como baúles, cencerros, esculturas, alfombras, lámparas de cristal de sal, cuarzo o jade... Muchos de estos objetos, afirma Cabrera, tienen otro componente adicional, que es intangible: son reconocidos como curativos o bioenergéticos, como los cuarzos, las piedras de jabón y las ‘máscaras del silencio’.


Las máscaras que oferta La Étnica son traídas de sitios tan distantes como Indonesia, Japón, India y algunos países del África.


Una máscara natural elaborada en madera de sándalo, por ejemplo, es tallada a mano por los indonesios y su expresión es fuerte, para alejar las malas energías de una estancia determinada, explica Cabrera.


Se trabajan con una técnica aborigen australiana, con una diferencia: los indonesios las pintan con jeringuillas de diferentes grosores; los aborígenes australianos lo hacen mediante tubos de bambú.

Así también están hechos los gekos, elefantes, cerbatanas, afirma Cabrera.
Los precios varían según el tamaño y el acabado de las piezas.

Las más simples cuestan USD 69.
Las que oferta Dejavu de Cumbayá, en cambio, son de cerámica. Son pintadas en acrílico con un ‘look’ de lápiz, parecen sombreadas con un lapicero. Son piezas únicas, de estilo mexicano y se acoplan a cualquier estilo, incluido el minimalismo.
Son objetos de gran impacto visual y ornamental, contextualiza Vivar.

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