28 de enero de 2015 19:40

Vargas Llosa, de la cárcel de papel a la liberación de la actuación

Mario Vargas Llosa actuará en el Teatro Español de Madrid en la obra de su autoría 'Los cuentos de la peste'. Foto: EFE

Mario Vargas Llosa actuó en el Teatro Español de Madrid en la obra de su autoría 'Los cuentos de la peste'. Foto: EFE

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Agencia EFE
Por: Concha Barrigós.

De la cárcel de papel a la liberación de la actuación hay, al menos, tantos pasos como los que ha dado esta noche (28 de enero) en el escenario del madrileño teatro Español el Nobel Mario Vargas Llosa, que ha puesto carne a sus casi 79 años, a un personaje de su teatro, "resucitado" cuando "hasta él" lo creía muerto.

Vargas Llosa (Arequipa, Perú, 1936) ha estrenado esta noche 'Los cuentos de la peste', dirigido por Joan Ollé y acompañado en escena por su 'musa teatral', Aitana Sánchez-Gijón, y al terminar su interpretación del conde Ugolino ha querido dirigirse a los espectadores, entre ellos el ministro español de Educación, Cultura y Deporte, José Ignacio Wert, y la alcaldesa de Madrid, Ana Botella.

"Quiero expresar mi reconocimiento a Natalio Grueso, ex director del Español, porque resucitó mi teatro, un teatro que incluso yo creía muerto para siempre", ha dicho tras las dos horas y cuarto que dura esta obra inédita del autor de 'Pantaleón y las Visitadoras'.

'Los cuentos de la peste' es la cuarta producción del Teatro Español de una obra teatral del Nobel tras 'El loco de los balcones', 'Kathie y el hipopótamo' y 'La Chunga', también protagonizada por Sánchez-Gijón, muy aplaudida en sus papeles de espectro y amante sadomasoquista.

El autor ha dado también las gracias al actual director del teatro, Juan Carlos Pérez de la Fuente, y a sus "queridísimos" Ollé y Sánchez-Gijón, "con los que hace diez años comenzó una conspiración, un menage a trois que seguirá trabajando por el teatro hasta sus últimas fuerzas", ha asegurado entre bravos.

A sus otros compañeros de escena, Pedro Casablanc (Bocaccio), Marta Poveda (Filomena) y Óscar de la Fuente (Pánfilo) les ha reconocido su "extraordinaria generosidad y paciencia" y les ha asegurado que su amistad será "eterna" y al público le ha agradecido su presencia.

"Todos ustedes sostienen este regalo de los dioses que enriquece nuestras vidas, nos defiende contra la infelicidad y nos da fuerzas contra los desafíos del futuro", ha dicho a los espectadores, que se han encontrado una sala modificada totalmente.

Ollé ha convertido el patio de butacas en "un ruedo, una plaza de toros, un circo romano", vacío de butacas y en el que se han movido constantemente los actores en todas las diagonales, proporcionando al público una visión circular de la acción.

Vargas Llosa se ha inspirado en el 'Decameron' para 'Los cuentos de la peste', y ha elegido ocho de sus cien cuentos para recrearlos con mucha libertad, sin respetar el original, recortando las historias, añadiendo y quitando personajes.

El argumento, como él recordaba en la presentación de la producción, es "esencialmente teatral" porque se trata de un grupo confinado en un espacio que no tiene otra salida que la fantasía si quiere escapar de la "circunstancia fatídica" de la epidemia de peste bubónica que asoló Florencia en 1348, cuando se estima que murieron 30 000 ciudadanos.

La peste descalabra todos los parámetros conocidos y no hay prevenciones morales: "ahora ya no hay pecados, todo está permitido", resuelve un personaje.

Bocaccio, que hasta los 35 años había vivido como un intelectual elitista que escribía sobre clásicos latinos y griegos, decide dar un vuelco a su existencia a partir de la epidemia y entonces escribe, en la prosa fundadora del italiano, cuentos sabrosos e irreverentes de exaltación de los pecados capitales.

"Las mentiras que contáis son tan estúpidas que parecen verdades", hace decir Vargas Llosa a Bocaccio en la onírica Villa Palmieri diseñada por Sebastiá Brossa, que ha conseguido que la sombra trágica de la peste de un tono excitante al dulce abandono con el que se narran las ingeniosas historias sobre "el goce y el placer", tratadas con un lenguaje exquisito y con mucho humor.

Pero también ocupa un buen espacio el horror a una eternidad de espantos, la gran preocupación por el más allá, y el poder liberador del amor.

El Nobel, que ha cumplido su sueño de salirse de sí mismo y vivir otra vida en escena, había dicho que sentía "terror pánico" a la noche del estreno y el subsiguiente y único mes de actuaciones, ya que han decidido que, "si acaso", la obra se llevará a Perú.

Su miedo, decía, estaba relacionado, fundamentalmente, con "la memoria", algo que ha parecido suceder en una de las introducciones a un cuento, cuando Casablanc le ha mirado divertido ante el silencio que ha mantenido y que ha resuelto sin más contratiempos que unos segundos de pausa.

El Vargas Llosa actor se ha tirado por el suelo, ha empuñado una espada, se ha disfrazado, ha reído, dialogado, explicado, argumentado, discutido y narrado pero su momento cumbre ha sido al final, en su desesperado ruego a su amada Aminta para que resistiera y no sucumbiera a la muerte que él mismo le infligía.

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