15 de May de 2015 20:47

María Antonieta Rueda: 'Ahora me siento libre'

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Ivonne Guzmán

Introducción:

María Antonieta Rueda me dijo que no es la primera vez que le propuse ser parte de esta serie (que termina hoy). Casi un año después, la casualidad nos volvió a cruzar y aceptó. Al teléfono y en persona, su voz es envolvente y ella, muy agradable. María Antonieta está especializada en turismo y ha dedicado buena parte de su vida y su energía a prepararse: música, idiomas y ahora está sacando su título de pregrado con miras a un posgrado. Esta dedicación empezó como un escape a su realidad: ser lesbiana en una sociedad que creía que eso es una enfermedad. Pero eso ha ido cambiando y ahora estudia porque le encanta hacerlo.

Testimonio:

Descubrí que soy lesbiana a los 11 años. El primer día de clases conocí a una chica de mi colegio que tenía dos años más que yo. Solo recuerdo haber tenido muchas emociones grandes cuando la veía. Me ilusionaba, pero no tenía conciencia de lo que me pasaba.

Yo demuestro mucho mis sentimientos y deduzco que lo demostré tanto que al final de ese año lectivo la psicóloga del colegio me llamó. Fui a su oficina y de un modo muy grosero me dijo: "Me acaban de decir que tú eres lesbiana". Y yo, en mi inocencia, le respondí: "¿Qué es lesbiana?". No sabía qué significaba. Ella me respondió: "No te preocupes, vete a tu curso". No pudo decirme nada más. Y supongo que mi respuesta inocente fue la que me salvó de una expulsión.

En la noche llegué a mi casa, tomé un diccionario y busqué la palabra. El diccionario decía: lesbiana igual homosexual. Y busqué homosexual y ese día empezó el conflicto más grande de mi vida.

A partir de ahí dejé de acercarme a esa chica. Eso provocó que yo tuviera una aversión terrible a expresar mis sentimientos. Me bloqueé totalmente. Y por muchos años viví inventando nombres masculinos para amores femeninos completamente platónicos. Hasta los 25 años no me relacioné (sentimentalmente) con chicas; pero tuve un enamorado por tres años.

Cuando entré a tercer curso decidí entrar a la banda del Consejo Provincial de Pichincha y creo que eso reemplazó muchas cosas. Muchos de mis amigos que de adolescentes vivieron este mismo conflicto estuvieron en drogas, alcohol y a mí aprender música me ayudó mucho, porque me encerré en eso. De hecho, fue la salvación de mi adolescencia.

Empecé a leer mucho sobre el tema. Yo no podía expresarlo y quería saber qué tan bueno o tan malo era. Así que empecé a ir a la biblioteca de la Católica y la mayor parte de la literatura sobre homosexualidad era muy funesta. Recuerdo un libro de Cuauhtémoc Sánchez en el que la homosexualidad era comparada con la drogadicción. Y te decía que cada día tenías que decir: no soy homosexual, no soy homosexual.

He visto cómo ha cambiado la sociedad, cómo cambió mi familia. Y ahora me siento libre, porque es un mundo mejor. Yo salí a la primera marcha gay activa de Quito, y éramos cuatro pelagatos, como dirían ahora. Creo que fuimos unas cinco o seis mujeres, unas cuantas personas trans, unos cinco hombres. Nos dieron una esquina de El Ejido. Siempre he estado cercana a los movimientos activistas aunque no ha sido mi prioridad y no me considero una activista política, mi activismo va desde mi visibilidad. Pero en un tiempo más, luego de tener mi negocio propio, me encantaría dedicarme al activismo.

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