29 de marzo de 2016 12:15

La literatura local durante el ‘boom’ no fue solo el ficticio Marcelo Chiriboga

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Gabriel Flores
Redactor (I)
gflores@elcomercio.com

Marcelo Chiriboga es un nombre que para los ecuatorianos resulta cada vez más familiar. El escritor chileno José Donoso habló de él en sus libros ‘El jardín de al lado’ (1981) y ‘Donde van a morir los elefantes’ (1996); el mexicano Carlos Fuentes en ‘Cristóbal Nonato’ (1987) y ‘Diana o la cazadora solitaria’ (1994); y el escritor ecuatoriano Diego Cornejo, en su novela ‘Las segundas criaturas’, del 2010.

La última referencia a este escritor ficticio que nació de la mente de Donoso y de Fuentes, miembros del ‘boom’ literario de los años sesenta y setenta, ha llegado desde el cine con el estreno, vía ‘streaming’, del falso documental ‘Un secreto en la caja’, de Javier Izquierdo.

Una aparición que, en el mundo de letras, reactivó el debate sobre el trabajo literario de los escritores ecuatorianos durante esos años.

¿Qué autores ecuatorianos que publicaron en esas décadas han sido olvidados? César Chávez, director de la Biblioteca del Centro Cultural Benjamín Carrión, una de las más copiosas en literatura ecuatoriana, menciona a autores como Miguel Donoso Pareja, Nelson Estupiñán Bass, Jorge Enrique Adoum, Fernando Tinajero y Alejandro Carrión.

Para Chávez, la narrativa ecuatoriana de la época no tuvo el mismo brillo de innovación artística que la de los escritores del ‘boom’, a saber: Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa, Julio Cortázar, José Donoso y Carlos Fuentes, entre los más representativos. “En la década de los sesenta -dice- no hubo esa gran experimentación que otros escritores de la región hicieron sobre la novela contemporánea”.

El catedrático universitario Álvaro Alemán agrega que, si bien los escritores del ‘boom’ tenían una gran destreza narrativa de gran aliento, habría que sumar su posición de figuras metropolitanas que promovían una imagen de Latinoamérica: “Hay que pensar que fenómenos como el ‘boom’ son artificiales, en el sentido que son el resultado de campañas de marketing publicitario de ciertas editoriales”.

Alemán coincide con Chávez en que entre los escritores destacados de estas décadas están Nelson Estupiñán Bass, quien publicó títulos como ‘El último río’, ‘Senderos brillantes’, ‘Las puertas del verano’ y ‘Toque de queda’; Jorge Enrique Adoum, con ‘Entre Marx y una mujer desnuda’; y añade el nombre de César Dávila Andrade, quien en 1966 publicó ‘Cabeza de gallo’.

Acriterio del escritor Leonardo Valencia, las décadas de los sesenta y setenta fueron momentos de cambio dentro de la literatura ecuatoriana.

Una época en la que empezó a formarse una nueva generación de novelistas ecuatorianos que se daría a conocer a finales de los setenta y comienzos de los ochenta. A las obras citadas añade ‘La mantícora’, de Alfredo Pareja Diezcanseco, y ‘Carta larga sin final’, de la escritora Lupe Rumazo.

Alemán y Chávez también coinciden en que estas décadas estuvieron marcadas por un gran trabajo literario en el ámbito de la lírica.

Destacan nombres como los de Francisco Granizo, Efraín Jara Idrovo, Rafael Díaz Icaza, David Ledesma Vásquez, Jorge Enrique Adoum y el grupo de los Tzántzicos, quienes conjugaron la poesía y la política en un intento de posicionar la idea del arte ‘comprometido’.

Los Tzántzicos se preocuparon por averiguar cuál era su responsabilidad política como escritores.  En ese contexto, ¿habría que lamentarse por no contar con un escritor ecuatoriano en el ‘boom’ latinoamericano? Alemán sostiene que un lamento de esa naturaleza implica un desconocimiento profundo de la literatura ecuatoriana que existió durante esos años.

Chávez concluye que para la literatura ecuatoriana en realidad no pasa nada relevante por no haber tenido un escritor dentro del ‘boom’. Este bibliotecario de larga trayectoria sostiene que cada literatura tiene su propio devenir histórico, social y cultural.

Leonardo Valencia añade que había suficiente con el resto de escritores latinoamericanos y con lo que estaba ocurriendo con la novela a escala mundial. Para él, Marcelo Chiriboga es un estupendo motivo de ficción. “Ahora, Chiriboga es importante -dice- por lo que Cornejo Menacho e Izquierdo han dicho de él, o mejor dicho, a través de él”.

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