20 de noviembre de 2015 00:00

Manuel Saquipay es el último tejedor de Tarqui

El azuayo José Manuel Saquipay, de 87 años, aún utiliza su telar de cintura. Foto: Xavier Caivinagua/ EL COMERCIO.

El azuayo José Manuel Saquipay, de 87 años, aún utiliza su telar de cintura. Foto: Xavier Caivinagua/ EL COMERCIO.

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Lineida Castillo
Redactora
(F-Contenido Intercultural)

Los vecinos que vieron tejer en su juventud a José Manuel Saquipay, de 87 años, destacan su creatividad. Valoran las figuras indigenistas que plasmó en ponchos, bayetas, chalinas…
Por un camino angosto y empedrado se llega a la comunidad de Chaullayacu, en la parroquia cuencana de Tarqui. Casi al fondo de este silencioso poblado vive Saquipay, el último tejedor de esta parroquia.

Su envejecido telar de cintura ocupa un rincón del corredor por donde se llega a su dormitorio, en una humilde casa de adobe y bahareque. La construyó cuando tenía 18 años con ayuda de su padre José Miguel, de quien aprendió a tejer. Si bien perdió la fuerza, visión y la rapidez sigue tejiendo bayetas. Antes también hacía colchas, ponchos, gorros…

La bayeta es una prenda que utilizan los indígenas como cinturón y la colocan sobre el poncho o la pollera. Ahora él dedica dos horas al día para tejer una prenda para su esposa María Duchitanga, de 58 años.

Ella le asiste con el hilado de la lana de borrego con técnica ancestral del guango (montón) que sobrevive entre los pueblos andinos. Pese a los años que viven juntos, ella no aprendió el tejido de estas prendas. “Siempre me pareció difícil el trenzado de los hilos”, dice la campesina, quien viste chalinas elaboradas por su esposo.

Dos de los nueve hijos de Saquipay aprendieron la técnica, pero se dedican a otras actividades. También les enseñó a otros vecinos, que ya no están en Tarqui, porque con el tiempo migraron fuera del país.

Según él, no es un oficio que deja ganancias y se pone de ejemplo. “Nací y vivo pobre, despojado de cualquier lujo porque las ganancias solo alcanzaban para sobrevivir”.

Eso desanimó a muchos artesanos, dice Teresa Jarama, de 74 años, lideresa de Tarqui. Ella recuerda que hace unos 40 años había más 15 familias que se dedicaban a tejer de manera artesanal los ponchos, chalinas, bayetas, manteles…

El proceso era bastante largo. Empezaba en los cerros donde las esposas trasquilaban a los borregos. Duchitanga, esposa de Saquipay, era diestra en el corte de la lana y lo hacía acompañada de sus hijos, quienes le ayudaban a atar y sostener los animales para no lastimarlos.

Ahora ya no hace el trasquilado, pero sigue hilando la fibra que adquiere afuera, para abastecer de materia prima a su esposo. Esta tarea empieza con el escarmenado de la lana.

Luego colocaba un guango (montón) en el huso (especie de palillo) y con los dedos pulgar e índice va apretando la fibra y formando un fino hilo resistente que lo enrolla sobre otra vara de madera.

Los dos aprendieron a tinturar el hilo con plantas de la zona y obtener los colores deseados. Por lo general, los ponchos son blancos y con diseños de estrellas, sol, ovejas… en las partes bajas. En cambio, las bayetas tienen una mezcla de colores rojo, azul, verde y negro.

Teresa Jarama recuerda que su vecino Saquipay fue multifacético. El tejido fue su oficio principal, pero también dedicaba tiempo a la agricultura, ganadería y elaboración de herramientas como el yugo y el arado, que siguen utilizando los agricultores para preparar la tierra para sembrar.

Por ejemplo, desde hace una semana avanza poco a poco en la elaboración de un yugo para su hijo. También, participaba activamente en las mingas comunitarias para obras básicas como la apertura de vías, sistemas de riego, agua y energía eléctrica.

Saquipay se reniega porque este oficio y otras prácticas ancestrales como hablar el kichwa están casi extintos. “En Tarqui los jóvenes no hablan esta lengua nativa por vergüenza”. Él lo hace desde que empezó a pronunciar sus primeras palabras.

En su habitación guarda como un tesoro una Biblia y un cancionero de música religiosa escrito en kichwa que le obsequió un sacerdote redentorista que evangelizó en esta zona. Los utiliza todos los días para rezar el rosario de las 05:00.

Los costos
Una bayeta cuesta desde USD 10 hasta 20.

La región
Tarqui es una parroquia rural de Cuenca.

Otra tradición
El tejido de sombreros de paja sigue en la zona.

Actividades
En Tarqui se dedican a la agricultura y ganadería.

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