1 de January de 2013 00:01

Manuel Nauya, un ‘predicador’ de los alimentos ancestrales

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No cuenta con  agua para riego, pero en su chacra florecen  el maíz, las habas, mellocos, ocas,   mashuas, quinua, jícamas y plantas medicinales. Son productos andinos que empezaron nuevamente a sembrarse en Chimborazo desde el 2007 y que se consumían habitualmente hasta hace medio siglo.   

Manuel Nauya, de 65 años,  vive en    una pequeña casa de ladrillo, con techado metálico amplio y un patio de tierra  en el que levantó un cerco de madera.

Para proveerse de agua  instaló canaletas plásticas en el techo de su vivienda. Cuando llueve, el líquido se escurre y luego se   almacena en un tanque de hormigón. Vive con    su esposa   María y siete    hijos.

Con mangueras de ½ pulgada, que están conectadas a  tres aspersores, consigue expulsar  el líquido por gravedad hacia  los sembrados que no son extensos.   Su propiedad está  rodeada de árboles de  papel (polylepis), yagual y  chilca. La niebla del páramo siempre está presente.
Su morada está en mitad de una  cuesta. Ahí se llega tras viajar 30 minutos por una carretera asfaltada que conecta Riobamba con  la comuna  Cecel San Antonio.  Nauya es de mediana estatura, piel morena  y siempre ofrece una sonrisa a los visitantes.
Hace 10 años, por su propia convicción, decidió empeñarse  en difundir los conocimientos que aprendió de  su padre Miguel cuando tenía ocho años.

Desde entonces,  labora en la recuperación de las variedades de papa ancestral, quinua, ocas,  mashua y otros productos  que estaban por desaparecer en el pueblo. Logró obtener 10 variedades de papa como cacho, uvilla blanca y negra, tuca  y más. 

Intercambia estas semillas con 27 de las 50 familias que habitan en el pueblo. Para el dirigente Julián Pucha, Nauya es un sabio. “Conoce cuándo ocurrirán  las sequías. También se adelanta a las  heladas y precisa las  épocas más adecuadas para la siembra. Por eso sus vecinos siguen su ejemplo”.    Nauya cree que con  la multiplicación de las semillas andinas  se podrá   evitar una hambruna en el país y en el mundo.
Para él,  son  plantas bondadosas que pueden producir constantemente si se las cuida.

Por eso, se esfuerza por  cultivarlas para  consumirlas con su familia,  pues contienen   vitaminas, proteínas y minerales y evitan enfermedades como la inflamación de la próstata. Sus abuelos y padres  se alimentaban así y  vivieron   más de 100 años.  

Nauya solo utiliza  abonos orgánicos. Los brebajes se elaboran con vegetales  picantes y  amargos que se aplican  en las hojas dañadas de las plantas.  Comparte sus  conocimientos  con Alejandro Pinduisaca, un agricultor de 40 años, trigueño.  “Es el  chacarero del pueblo. Pasa en el campo más de 10 horas trabajando. Es paciente y enseña sin guardar nada de lo que aprendió”.

Si volviera a nacer, Nauya no dudaría en convertirse nuevamente en agricultor. Por ello trabaja para que la gente comprenda que el ser humano debe  mantener la armonía con la naturaleza y   alimentarse de una forma sana.

Hace cinco años se capacitó en producción orgánica andina en la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura.   Ahora participa en charlas. Se entrenó también  en cursos de pecuaria y crianza de animales menores.

La jornada para  Nauya se  inicia  a las 04:30. Prepara el desayuno y sale al campo. Su esposa le  apoya en las tareas. “Es una buena persona,  enseña  sin egoísmos. No le importa tomarse horas explicando sobre las siembras. Es feliz porque nuestro hijo  Darwin, de 15 años, sigue sus pasos”.


Fabián Paca  / Técnico en productos andinos

‘Oca,  mashua y   quinua
 salvan a los campesinos’Se denominan tubérculos andinos tradicionales porque fácilmente se adaptan, crecen y dan sus frutos en  las superficies sobre los 3 100  y 3 800 metros sobre el nivel del mar.  
En las comunidades  indígenas y campesinas  estuvieron en riesgo  de desaparecer. Una de las causas principales fue la implementación   del monocultivo de la  cebolla y las papas, que en un inicio fueron productos rentables en el mercado.
Por eso se    dejaron  de lado las semillas de las papas cacho negro, chiwila, tushpa, que son algunas de las variedades  nativas.    Gracias a la capacitación y a la recuperación de  las semillas en las comunidades, a través del intercambio de las mismas, estas nuevamente están en producción y son parte de la  alimentación  diaria.  

La gente del campo comprendió que es importante regresar a la agricultura ancestral y dejar  de lado los  agroquímicos. Desde hace 14 años, en las  comunas se están cultivando  ocas,  mellocos, quinua y  mashua en forma orgánica.
Estos productos son una buena fuente  de vitaminas, minerales y  aminoácidos que proporcionan energía para el trabajo incluso  en condiciones adversas. Por eso, nunca falta en las mingas y se la consume en los tradicionales cariuchos que es un preparado  con habas tiernas, papas, mellocos y  choclo.

En los pueblos nativos la oca y la mashua se consumen soleados. Es decir, durante un mes se exponen al sol para que se endulcen y luego se  cocinan durante 15 minutos.
El rescate es parte de la seguridad alimentaria en las comunidades. En las grandes ciudades, este  producto  no es valorado y es por eso que la producción  es escasa  y local.  

La quinua es el producto que más despuntó en las comunidades indígenas, puesto que el 80% de la producción se exporta a otros países, mientras el 20% se consume en las familias. Eso mejoró la nutrición de los niños, puesto que el 43% de los infantes de 0 a 5 años tienen  desnutrición en Chimborazo.  

También, se elaboran  productos agregados como galletas, fideos, barras energéticas, pinol,   bebidas, chocolates, etc. Chimborazo exporta al año alrededor de 500 toneladas anuales a Estados Unidos, Francia, Alemania y otros países.
La producción está por los 10 000 quintales. Hay 1 700 familias de 90 comunas de Colta, Guamote, Alausí y Riobamba que siembran. Hay  700 hectáreas de quinua en la provincia.


Variedad
 El consumo ayuda a reforzar  el bienestar
Las ocas, la mashua y los mellocos  pueden consumirse cocinados, fritos,  en ensaladas o en mermeladas.  Un grupo de mujeres de Lupaxi produce desde hace cuatro  años mermeladas. Utilizan los productos andinos como  materia prima. Su producción se vende  en supermercados y tiendas de Riobamba. El frasco de 250 miligramos cuesta  USD 2.

Teresa Pagalo,  presidenta de esta agrupación,  explica que la jalea gusta a la gente  por su alto contenido de proteínas. Estos tubérculos están compuestos por el 84,3%     de agua, 1, 1%   de proteína, 13%    de carbohidratos, 0, 6% de grasa y 1,0% de fibra.  El contenido proteínico varía, pero puede tener cantidades significativas de retinol  o vitamina  A.

Quinua
Este grano regresa a los páramos andinos
La Fundación ERPE trabaja con las organizaciones campesinas de Chimborazo.  Ellos le venden  la producción de quinua orgánica. Tras la cosecha llega a la fábrica Sumak Life. En ese sitio entra a un proceso de lavado y secado.

Luego se envasa  en fundas  y sacos para la venta local  y la exportación.

Los 500 gramos se venden en USD 1,90. La quinua tiene 7,1  g de proteína por cada 100 gramos, el doble de lo que contiene el arroz o  el trigo. Es fácil de digerir, su sabor es agradable y está  considerado como  un alimento nutracéutico por la facilidad proteica que tiene para combinarse con otros granos y semillas o leguminosas. Es excelente a para los infantes, pues es rica en hierro, calcio, fósforo y vitaminas.


LAS FRASES

‘‘Las semillas andinas estaban  en proceso de extinción. Recuperé 10 variedades de papas”.

“La gente debe entender  que hay que estar en armonía con la naturaleza y  comer sano”.

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