7 de marzo de 2018 00:00

'Mandíbula' es una novela que explora lo femenino-monstruoso

La escritora ecuatoriana Mónica Ojeda aborda el tema de las relaciones entre mujeres en su último libro. Foto: Archivo / EL COMERCIO

La escritora ecuatoriana Mónica Ojeda aborda el tema de las relaciones entre mujeres en su último libro. Foto: Archivo / EL COMERCIO

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Alexander García
Redactor (I)

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La nueva novela de Mónica Ojeda (Guayaquil, 1988) arranca con el secuestro de una colegiala por parte de una profesora de lengua y literatura con estrés postraumático, en una historia sobre un grupo de chicas y sobre un primer amor entre mujeres adolescentes.

“También es una historia sobre el miedo en sus distintas facetas”, dice la autora. Se trata de la tercera novela de la escritora ecuatoriana, incluida el año pasado en la lista Bogotá39, del Hay Festival 2017, como una de los 39 mejores escritores latinoamericanos de ficción menores de 40 años. El libro fue publicado a fines de enero en España, por la editorial española Candaya.

El tema del doble, el miedo, “la violencia que respira adentro del amor”, las relaciones entre mujeres en la adolescencia o entre madres e hijas son temas que la autora quiso explorar en el libro.

“La idea surgió, primero, con la intuición poética de la mandíbula como algo bello y terrible a la vez. La cita de (Jacques) Lacan ‘Estar dentro de la boca de un cocodrilo, eso es la madre’ dinamitó gran parte de la novela en mi cabeza”, cuenta Ojeda, quien actualmente reside en Madrid. “Quise trabajar sobre un mundo de lo femenino-monstruoso y las relaciones entre hermanas, madres e hijas, mejores amigas, etcétera”, señaló la joven escritora.

Un ensayo-carta incluido poco después de la mitad de la novela, saltos en el tiempo (“la linealidad narrativa es algo que me sigue aburriendo”) y una experimentación con el lenguaje marcan la obra, que toma distancia de los formatos múltiples que había usado en su libro anterior.

“No tengo fórmulas o recetas a la hora de sentarme a trabajar una novela: me gusta arriesgarme y hacer algo diferente a lo que he hecho antes, como si empezara desde cero, que es lo que literalmente ocurre”, agrega la escritora. “Mi estrategia es no tener estrategia. No crear fórmulas. Hurgar lentamente en el asombro, como dice (Enrique) Verástegui”.

Hace más de un año, cuando empezó a escribir ‘Mandíbula’, la escritora sopesó por un momento las expectativas que podrían tener los lectores de su obra anterior, pero dice que se apresuró a sacar de inmediato esa idea de su cabeza.

“No se puede escribir pensando en quiénes te leerán y ser descarnado y honesto y arriesgado a la vez –explica-. Creo que es fundamental escribir como si nadie fuera a leerte nunca, con una cierta desesperación y esperanza de que al menos alguien lo haga: un total desconocido al que le quieres decir tus últimas palabras y que representa tu única posibilidad de conectar con otro antes de desaparecer. En esa circunstancia no podrías hacer otra cosa que decir la verdad. Hay que escribir de esa forma”, concluye la joven ecuatoriana.

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