23 de abril de 2016 15:01

La mala construcción, un agravante del sismo

vicente costales, / el comercio  De esta pintoresca casa de dos plantas emplazada en Muisne solo quedó la fachada.

El edificio donde funcionaba la Mutualista Pichincha en Portoviejo muestra los efectos que causó en su estructura el terremoto. Los pisos superiores aplastaron a los inferiores. Foto: Vicente Costales/EL COMERCIO

Compartir
valorar articulo
Descrición
Indignado 26
Triste 7
Indiferente 1
Sorprendido 1
Contento 4
Víctor Vizuete E. 
Editor (I)
vvizuete@elcomercio.com

¿Qué pasa cuando en una canasta llena de huevos se colocan más y más? Pues llega un momento en que la cantidad supera a la capacidad y los huevos se caen, rompen y desparraman.

Otra alegoría: ¿cuál será el resultado final si a esa misma canasta repleta de huevos se adicionan varias capas superiores de cantos rodados, mucho más pesados? Sencillo: los huevos que están en la parte baja se aplastarán como mantequilla por el exceso de peso.

Eso es, precisamente, lo que sucedió con muchas -demasiadas- de las 1 125 edificaciones que colapsaron durante el sismo de 7.8 grados Richter que sucedió hace una semana en el territorio nacional, explica el Arq. Fernando Hinojosa.

Y aunque hubo casas caídas en Quito, Guayaquil y Santo Domingo de los Colorados, las ciudades y pueblos de Manabí y Esmeraldas son las más afectadas. Algunas, como Pedernales, tienen 364 construcciones afectadas.

El exceso de pisos y, por ende, de peso fue el causante de derrumbes, no solo de construcciones informales sino de inmuebles que se suponía que cumplieron con los requerimientos municipales como la licencia de construcción y el permiso de habitabilidad para poder funcionar.

El Hotel Royal de Pedernales es un ejemplo. Colapsó totalmente. No quedó piedra sobre piedra. En varios edificios colapsados se ven las losas enteras una sobre otra.

Eso es señal inequívoca de que la falla estuvo en los soportes u apoyos (columnas) que no fueron debidamente calculados o fabricados (diámetros de hierros incorrectos, cantidades deficientes, mal armado de la estructura de hierro, mala proporción en la mezcla de hormigón), afirma el arquitecto Eduardo Báez.

Se constata que pisos completos están enteros, pero totalmente inclinados, porque se rompieron sus columnas en el cuello (unión de columna con la losa).

“Hay varios hoteles que tienes sus tres primeros pisos en pie y los tres superiores totalmente destruidos: prueba de que los primeros estuvieron calculados y construidos con las normas, pero luego los aumentos –tres pisos superiores- fueron construidos empíricamente sin cumplir los estándares sísmicos. En otros casos, edificios que se inclinaron enteros a un solo costado, porque sus columnas no resistieron el peso combinado con la vibración y el mal suelo”.

Estos errores constructivos solo son parte de todo un ‘kit’ que causó el desastre. La construcción informal, que alcanza el 70% en el país es, obviamente, un factor de riesgo muy importante.

Casas levantadas sin planos ni aprobaciones, sin la supervisión de un profesional, levantadas solamente con la práctica de un maestro mayor no tienen mucha garantía de sismorresistencia.

Es más, muchas de ellas se levantan por etapas, con los ingresos periódicos de las familias (utilidades, décimo tercer sueldo). Eso repercute en la  homogeneidad de los materiales de construcción y, por extensión, en una pérdida de las cualidades de resistencia de los materiales, explica el Arq. Fernando Almeida.

En la Costa, según el ingeniero-arquitecto Aldo Echeverría, también es muy cuestionable la calidad de los materiales que se utilizan.

El agua que se usa para las construcciones muchas veces tiene sales minerales que perjudican la mezcla de los materiales. De igual forma, la arena de mar no sirve para la construcción porque sus partículas no son iguales. Y aunque el agua del mar no se utiliza, cuando se lo hace corroe el hierro de las varillas.

En estos casos hay que triplicar la cantidad de cemento para generar una buena resistencia, asevera Echeverría. El Arq. Mario Vásconez resume los errores constructivos en dos grupos: los arquitectónicos y los estructurales.

Entre los primeros anota: diseño de edificios demasiado esbeltos (delgados y altos) y con excesiva masa en las plantas altas (pisos y balcones volados), lo que desplaza el centro de gravedad del edificio.

En los errores estructurales, Vásconez afirma que la mayor parte de las edificaciones se levantaron sin estudios de suelos, con las consiguientes deficiencias en los cimientos.

También se observa columnas con secciones insuficientes en las plantas bajas, las cuales tienen espacios con luces excesivas (longitudes).

Descrición
¿Te sirvió esta noticia?:
Si (30)
No (2)