29 de abril de 2016 00:00

Los maestros y los alumnos aprendieron del terremoto

César Coffré, de Ecomundo, muestra el equipamiento para ­emergencias.

César Coffré, de Ecomundo, muestra el equipamiento para ­emergencias. Foto: Enrique Pesantes/El Comercio

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Elena Paucar
Redactora (I)
epaucar@elcomercio.com

El teléfono del inspector César Coffré no paraba de sonar. Después del sismo del 16 de abril del 2016, los padres de algunos de sus estudiantes querían contarle su experiencia. “Me decían que los chicos habían organizado a la familia. Ellos les dijeron qué hacer y qué medidas tomar”, recuerda.

Coffré es también el comandante de Incidentes en caso de emergencias del Centro de Estudios Ecomundo. Coordina el Plan de Reducción de Riesgos en este plantel de Guayaquil, con 1 350 alumnos. El protocolo abarca posibles escenarios, como sismos, y se actualiza anualmente.

El de este nuevo ciclo escolar, que arrancará el lunes en la Costa, está en fase de ajustes tras el terremoto de 7.8 de magnitud que azotó al país. “Cada año organizamos simulacros, con y sin aviso. Nuestros estudiantes están cada vez más inteligenciados en los protocolos; se ha creado una cultura de prevención y resiliencia”, dice Coffré.

El mapa con las 12 rutas de evacuación y las ocho zonas seguras del plantel resalta en la cartelera del Comité Institucional de Gestión de Riesgos, que lo dirige el rector Ivo Orellana, quien tiene listo un chaleco reflectivo en su despacho.

En la cartelera también están las fotos de los 40 docentes y colaboradores designados guías de los puntos de encuentro. Yoconda Quinto es parte de ese grupo y tiene a su cargo cuatro salones, con lo que repasará las rutas de escape.

En el Colegio Politécnico, el terremoto en la zona costera activó al personal y los planes de prevención. Lo primero fue realizar una evaluación de la estructura de las edificaciones, que concluyó que no había ningún daño. Además, se enviaron comunicaciones recordando a cada uno de los miembros -del comité de prevención y de las brigadas- sus obligaciones y los instructivos que se deben seguir, explica la rectora Carmen Naumann.

Respecto del Plan de Prevención, más que ajustes lo que se hizo es instruir a los responsables para gestionar en la práctica esos planes, y “hacer conciencia sobre lo vulnerables que podemos ser frente a una situación si no estamos preparados y no cumplimos las normas establecidas”.

En el 2010, el Ministerio de Educación implementó una política pública de reducción de riesgos en la comunidad educativa, frente a amenazas naturales. En el diseño participaron la Secretaría de Gestión de Riesgos, Plan Internacional y el Fondo de la Naciones Unidas para la Infancia (Unicef).

Identificar vulnerabilidades, prepararse para enfrentar emergencias, para la recuperación luego del desastre y asegurar la continuidad de los procesos educativos son algunos componentes de este plan.

Para este nuevo año está previsto que más de 2,5 millones de estudiantes regresen a las aulas. Según la Unicef, 250 000 niños y niñas sufren las consecuencias directas del terremoto que destruyó gran parte de Manabí y Esmeraldas. Pero las secuelas del sismo rebasaron fronteras, como asegura la psicóloga Jenny Alvarado.

Por eso, recomienda trabajar en la tranquilidad emocional de los alumnos durante los primeros días de clases. “Quizá muchos tienen familia afectada en Manabí o han visto mucha información que los mantiene en tensión. Hay que reducir esa carga de estrés, que no solo está ligada al inicio de un nuevo año sino también a la tragedia”.

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