11 de agosto de 2017 00:00

Machachi acoge a un reconocido tejedor de cuero

Nelson Morales es un talabartero especializado en el tejido de implementos para el caballo. Foto: Ponto Moreno/ EL COMERCIO.

Nelson Morales es un talabartero especializado en el tejido de implementos para el caballo. Foto: Ponto Moreno/ EL COMERCIO.

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Ponto Moreno

Nelson Morales se considera talabartero de profesión. Este artesano domina todo el proceso para el tratamiento de los cueros, desde la selección de las pieles en el camal hasta su transformación, laboriosa, en tejidos. Su habilidad para ‘tejer’ el cuero le hace diferente a otros talabarteros.

Prefiere las pieles de toros colorados, porque tienen una “bonita flor de cuero”. Su trabajo empieza con la curtiembre, para después cortar y preparar en tiras el cuero que le servirá para elaborar sus productos. Su mayor preocupación es controlar personalmente este proceso de forma natural, sin aditamentos químicos o elaborados industrialmente. Él encarna la tradición de los antiguos.

Cuenta que su padre estuvo vinculado con el campo y desde pequeño empezó su interés por el oficio. No tuvo maestro y perfeccionó este arte ayudado por fotografías, que le permitían documentar las formas del tejido.

Su talabartería, frente al es­tadio de Machachi (Mejía), es pequeña y sus vitrinas se ven especialmente aperos -de diferentes diseños- para la ca­beza del caballo, adornados con nudos y muy apegados a la tradición y al estilo ecuatorianos; son muy apreciados por los chagras del país.

También hay bastos para monturas, estribos y fuetes. En una pequeña vitrina metálica se observan algunos materiales como hebillas y argollas en cobre y acero. Al fondo de su local almacena materiales en sus diferentes etapas del proceso. Sus herramientas de trabajo son de su propio ingenio, construidas o acondicionadas por él. Hay una silla de plástico con pieles de cordero, que le sirven de cojín y que ocupa para tejer.

Al ingreso se ven colgados algunos diplomas que ha recibido en las ferias artesanales. Se inició con una participación en Ibarra, donde además de presentar sus cabezadas, riendas o fustes, expuso aves embalsamadas. Dice ser conocedor de la veterinaria y de la taxidermia.

Se siente orgulloso de ser el ganador unánime en una feria de Cayambe, donde vinieron jueces de EE.UU. y Argentina. Sus monturas, estribos, tarabas y caballitos de madera con todos sus aperos miniatura, fueron muy apreciados por el jurado. También se siente orgulloso de representar al ca

ntón Mejía, cuando es invitado a las ferias de exposición.
Cuando habla de su trabajo, enfatiza sobre la preparación del material, que por ser de uso cotidiano debe ser resistente y duradero.

A su taller también llegan numerosos clientes que quieren reparar aperos y monturas para el trabajo a caballo.

Con su aire pausado y lento examina las piezas detenidamente y sonríe haciendo algún comentario irónico. Para él, algunos de sus colegas son bastante apresurados, ‘trabajan en crudo’ y usan materiales industriales.

La calidad de sus elaboradas piezas -dice- es garantía de una hechura enteramente a mano y de su conocimiento en el tratamiento de los dos tipos de pieles que utiliza. Por ejemplo, el uso del pergamino procede de pieles de animales jó­venes como corderos, terneros o cabritos.

Cuenta que alguna vez puso un anuncio buscando aprendices para transmitir sus conocimientos, pero los que se presentaron querían un salario fijo por lo que desechó la idea y continúa trabajando solo.

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