4 de febrero de 2018 00:05

El litio pondrá a América en un dilema económico y ambiental

Extracción de litio en Uyuni, Bolivia. Foto: AFP

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Diego Ortiz. Coordinador (I)
ortizd@elcomercio.com

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La carrera por un mundo sin emisiones de carbono tiene en el litio a uno de sus principales protagonistas. En poco más de dos lustros, este elemento se convirtió en la clave para la elaboración de baterías recargables de larga duración, una alternativa con impacto directo en la industria automotriz, en la cual ese tipo de tecnologías se utilizan para reemplazar a los motores de combustión.

A diferencia de las baterías de níquel-cadmio, que sirvieron para el almacenamiento energético en los noventa y la primera década del siglo XXI, las que están compuestas de litio tienen una vida útil mayor que la de sus predecesoras, son más livianas y administran mejor la energía.

Una nueva opción económica para América del Sur
En el Triángulo del Litio, una zona comprendida por los salares de Bolivia, Argentina y Chile, se iniciaron grandes proyectos de extracción de este elemento en el último decenio. De las 39 millones de toneladas de litio que existen en el mundo, cerca de la mitad se encuentran en este punto del continente.

Estos grandes proyectos extractivistas se han concentrado principalmente en Chile y en Argentina, mediante convenios de producción directa para transnacionales como Tesla.

De acuerdo con un informe publicado en enero por la agencia IPS, “en los últimos dos años hubo inversiones extranjeras (para extracción de litio en Argentina), por cerca de USD 2 000 millones, y hoy existen nada menos que 53 proyectos en fase de exploración o de estudios de factibilidad técnica y económica, que cubren en total una superficie de  876 000 hectáreas en el noroeste del país”.

En Chile la panorámica es similar. Hasta el 2021, el país austral espera alcanzar exportaciones de litio por USD 1 440 millones, por una producción de 147 000 toneladas anuales de este material. En un comunicado de prensa, Sergio Hernández, vicepresidente ejecutivo de la Comisión Chilena del Cobre, señaló que “la industria del litio podría transformarse en un subsector de la economía, alcanzando valores de exportación similares a la de otros, como el vitivinícola, salmonera o forestal”.

Un problema ambiental
A pesar de los buenos augurios económicos, varios grupos ambientalistas temen que la extracción de este material se convierta en algo estresante para los ecosistemas locales. Y sus preocupaciones se sostienen en los efectos que sucedieron a la explotación del níquel en países como Rusia, Indonesia o Filipinas.  En este último, por mencionar un caso, se cerraron a inicios del 2017, 23 minas que explotaban este material debido al impacto ecológico. Una de las principales causas fue que los poblados aledaños presentaron alteraciones a la salud debido a subproductos de la explotación como el dióxido de azufre.

Respecto del litio, en Bolivia y en Chile existe preocupación por parte de las comunidades que viven cerca de las minas y salares. En el informe ‘Tesla Dream’, publicado por la organización Greenpeace, se señala que los aymara ya presentan afecciones de salud debido a que sus fuentes de agua se han contaminado con cloro.

Otro punto en contra del litio está en su acceso: cerca del 87% se encuentra en salares, los cuales están conectados con sistemas de biósfera. Asimismo, este recurso es difícil de encontrar en el Sistema Solar, ya que el sol, con planetas a su alrededor, contiene menos del 1% de litio en comparación con estrellas solitarias.

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