5 de febrero de 2017 00:04

El líquido vital escaseó en tres países de América Latina el pasado 2016

Fuentes de agua del páramo en el Carchi. Foto de los frailejones en la zona de Tufiño.

Fuentes de agua del páramo en el Carchi. Foto de los frailejones en la zona de Tufiño. Foto: Archivo/EL COMERCIO

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Elizabeth Frias
Redactora (I) 
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La sed ya se sintió en varios países de la región en los últimos meses. En Bolivia, el presidente Evo Morales decretó emergencia nacional por la escasez de agua. La sequía perjudicó a 290 000 hectáreas agrícolas y 360 000 cabezas de ganado en ocho de los nueve departamentos, durante dos semanas a finales del 2016.

La falta de este recurso es una preocupación mundial que afectará directa e indirectamente a escala global. “Existe el riesgo de que, para el año 2025, más de 3 000 millones de personas se vean afectadas por una crisis de agua”, aseguró la exenviada especial de la ONU para el Cambio Climático, Gro Harlem Brundtland, en el Foro de la Economía del Agua, en el 2016.

En el mundo, cerca de 1 200 millones de personas, casi una quinta parte de la población mundial, viven en áreas de escasez física de agua, y 500 millones se aproximan a esa situación, según el informe presentado por el Depar­tamento de asuntos Económicos y Sociales de las Naciones Unidas (ONU-DAES) llamado ‘La escasez del agua’.

En los últimos 25 años, las Naciones Unidas han detectado que la ausencia de agua se genera por tres factores: el aumento poblacional, las actividades que ejecuta el ser humano y el cambio climático.

El agua es uno de los recursos naturales claves en el desarrollo del planeta por sus múltiples usos. El 70% de la superficie de la Tierra es de agua; solo el 2,5% está disponible para el consumo humano, y el 0,77% se encuentra accesible, según el centro virtual de información del agua de México. Con este porcentaje, el ser humano trabaja en la industria, la alimentación, la salud y más.

La problemática del agua no es ajena al Ecuador. En el país, a finales del 2016, según la investigación realizada por este Diario el 10 de diciembre del 2016, se halló que varias provincias presentaban escasez. Entre ellas estuvieron: Tungurahua, Cotopaxi, Azuay, Manabí, Guayas, El Oro y Galápagos, por el período de ‘veranillo’ (temporal sin lluvias), designado así por el Instituto Nacional de Meteorología e Hidrología (Inamhi).

Alexis Sánchez Miño, secretario Nacional del Agua (Senagua), comentó que no existe un déficit hídrico marcado en el país, ya que constantemente se está monitoreando este recurso. Senagua tenía conocimiento sobre el temporal pasado, sin embargo, no se esperaba una demora en la llegada del invierno, lo que no implicó, necesariamente, una crisis en las reservas del líquido vital.

Para prevenir el cambio climático, en el Ecuador existe un Plan Nacional de Recursos Hídricos hasta el 2035. El esquema cuenta con 176 proyectos multipropósitos, que demandará una inversión de unos USD ­ 30 000 millones. Al momento, se están priorizado los más importantes para trabajarlos en cuatro años, comentó Sánchez.

El objetivo del plan ecuatoriano es responder a las necesidades de los habitantes en diferentes aspectos como agricultura, dotación de agua para el consumo humano, prevención de inundaciones, y otros aspectos.

En la actualidad, el Ecuador cuenta con proyectos enfocados para control de inundaciones y riego. En la Costa se encuentran seis: Chongón-San Vicente, Bulubulu, Daule-Vinces, Múltiple Chone, Naranjal y Cañar. En la región Sierra se está trabajando con previsiones y aún se encuentran en la fase de estudios, según Senagua.

En cuanto a la cobertura de la red pública del agua, el 90% de la población ecuatoriana cuenta con agua por medio de tuberías y el 78% tiene alcantarillado. Asimismo, de cada 100 litros de agua, apenas 40 litros son pagados por la población.

Los gobiernos deben realizar una gestión integrada para responder desde una perspectiva estratégica ante los cambios como el de clima. La escasez de agua y la falta de acceso pueden limitar el crecimiento económico en los próximos años. “Es importante generar políticas públicas y concienciación en los habitantes para que este líquido vital llegue a todos y no escasee en los próximos años”, comentó Sánchez.

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