14 de mayo de 2017 16:51

Litro x Mate salpica las páginas de un libro para hablar del arte urbano en Guayaquil

Daniel Adum presenta Litro Por Mate, un libro que recopila el proyecto de los murales que empezo en el 2011 y fue sancionado por el Municipio de Guayaquill. Foto: Enrique Pesantes / EL COMERCIO

Daniel Adum presenta Litro Por Mate, un libro que recopila el proyecto de los murales que empezo en el 2011 y fue sancionado por el Municipio de Guayaquill. Foto: Enrique Pesantes / EL COMERCIO

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Elena Paucar
Redactora (I)

Las puertas del ‘Muy Ilustre Inmundicipio de Guayaquil’ volvieron a abrirse. Y de entrada el panorama cambia. El gris del cemento y el asfalto queda afuera y el ambiente se transforma en una paleta de colores regada por las paredes de esta vieja casona en Urdesa, a orillas del Salado.

Los rectángulos fucsias, amarillos, naranjas y verdes, muy característicos de su estilo, se enfilan para formar la portada del libro Litro x Mate. Foto: Enrique Pesantes / EL COMERCIO

Los rectángulos fucsias, amarillos, naranjas y verdes, muy característicos de su estilo, se enfilan para formar la portada del libro Litro x Mate. Foto: Enrique Pesantes / EL COMERCIO

Adentro huele a tierra a húmeda, a hierba fresca que sube por una escalera solitaria, al hierro enmohecido que enmarca los pasillos convertidos en galerías de grafitis…

En este territorio, Daniel Adum Gilbert pisa confiado -aunque claro, advierte a los visitantes que lo hagan con cuidado, porque algunas tablas del segundo piso están carcomidas por el abandono-.

Junto a la escalera principal, en medio de tachos de pintura, latas oxidadas de grafiti y su cactus de San Pedro, el sábado 13 de mayo del 2017, improvisó un despacho al aire libre para presentar Litro x Mate, el libro que recopila la historia de sus murales cuadriculados, esos que como piezas de un rompecabezas matizado cubrieron algunas paredes de Urdesa.

Su iniciativa, que empezó a salpicar algunas cuadras del norte de Guayaquil en el 2011, resultó más punzante que su propio cactus. Su trabajo, que con la publicación del libro pasó del cemento al papel, fue en ese entonces tapado por una capa de pintura gris, por orden municipal. El cuento, como el artista dice, es bastante más largo. Y uno de los capítulos incluye el juicio que debió seguir.

Todos esos parches toman forma al pasar las páginas de Litro x Mate, una obra financiada por crowdfunding -apoyo de una red online de donantes-, que se presenta como un segundo round en esta iniciativa de arte. Con las pinceladas que han de venir, Adum espera ir contra la censura y “resetear” la forma de ver la ciudad.

“Queremos una ciudad un poco más sensible, un poco más humana, con color, con arte, con naturaleza, con sombra, con tantas cosas que le hacen falta a Guayaquil. Litro X Mate es un llamado de atención sobre todas esas cosas que nos faltan a las generaciones que venimos”.

Con la presentación del libro, también se promociona una propuesta municipal “que entregará algunas paredes a los talentos del arte urbano”, lo mencionó Jaime Nebot, alcalde de Guayaquil. Para Adum, el hecho de esperar una aprobación es colocar una camisa

Con la presentación del libro, también se promociona una propuesta municipal “que entregará algunas paredes a los talentos del arte urbano”, lo mencionó Jaime Nebot, alcalde de Guayaquil. Para Adum, el hecho de esperar una aprobación es colocar una camisa de fuerza al arte urbano. Foto: Enrique Pesantes / EL COMERCIO

Han pasado seis años de esta iniciativa de murales y en esta semana, con el anuncio de la presentación del libro, también se promociona una propuesta municipal “que entregará algunas paredes a los talentos del arte urbano”.

“Los diseños serán seleccionados por un comité de artistas nacionales y extranjeros”, anuncia el video que colgó el alcalde Jaime Nebot en su cuenta Twitter y en el que, al final, aparece en las escalinatas teñidas del Cerro Santa Ana.

Para Adum, el hecho de esperar una aprobación es colocar una camisa de fuerza al arte urbano. “Esta propuesta es tan forzada como cuando Nebot se pinta el bigote”.

Los rectángulos fucsias, amarillos, naranjas y verdes, muy característicos de su estilo, se enfilan para formar la portada del libro. Antes de abrir cada ejemplar para escribir su dedicatoria, la imagen se refleja como una postal en sus gafas circulares.

“La idea es continuar hasta que se pueda pintar otras cosas. La idea es que sea un virus contagioso, que afecte positivamente. Y que se entienda que el espacio público es público, no es de nadie”.

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