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Lenín Moreno cortó la cinta de su plan ansiado: el taller de prótesis

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13 de October de 2012 00:07

Jorge Antonio Iglesias ha pasado los 37 años de vida sin el brazo izquierdo por una afección congénita.

El pasado miércoles fue uno de los más felices : estrenaba un brazo nuevo, una prótesis articulada con finos resortes que le permitían accionar la mano mecánica.

Emocionado saludó al vicepresidente Lenín Moreno. Él inauguró un taller de órtesis (brazos) y prótesis (piernas) en el Hospital Abel Gilbert Pontón –conocido como Guayaquil-, el cual aspira entregar 300 prótesis mensuales hasta diciembre del 2013.


A propósito de la nominación al Premio Nobel de la Paz, entre los 10 favoritos, este Diario acompañó al Vicepresidente en su nutrida agenda social de las últimas horas, en especial en Guayaquil.

Moreno extendió la mano y fue correspondido por Iglesias, alto y flaco, agricultor de bananeras en su natal Babahoyo, albañil, y ahora cajero en el parqueo del Hotel Colón de Guayaquil.

“Aún te siento medio tembleque”, le dijo Moreno, y todos rieron -médicos, enfermeras y su comitiva-. “Sigo en la fase de entrenamiento”, respondió Iglesias.

Acucioso, Moreno conversaba con los seis tecnólogos, encargados de elaborar prótesis gratuitas para 4 066 personas en el país; solo en Guayas, 1 216. El costo: USD 4 millones.

Eddy Burgos, un tecnólogo que sufre el síndrome Guillaim barré, una parálisis aguda, trabajaba en su silla de ruedas. “Desde hace 25 años tengo este mal, sé lo duro que es pasar en una silla; a mis 46 años trabajar aquí, para mis hermanos con discapacidad, es un sueño cumplido”, sostuvo Burgos, casado, padre de 4 hijos.

Mostró las tres grandes mesas de aluminio en las que labora con sus cinco compañeros, el horno en el que hacen los ‘soccket’ de resina y en los cuales los usuarios introducen el muñón.

Todo era blanco, la luz, las paredes, como si fuera un quirófano.

El Vicepresidente se despidió de Iglesias. “Gracias por su ayuda, que Dios le bendiga, ya me siento completito”, dijo el paciente.

Moreno le respondió: “Las gracias para ustedes que han luchado tanto para surgir y vencer las barreras, se merecen lo mejor”.

El sargento Jorge Caza, de la FAE, empujaba la silla de ruedas del Vicepresidente. A Moreno le acompañaban su esposa, Rocío González, elegante en su traje blanco y floreado; el capitán de Fragata, Ricardo Unda, el edecán; el médico Álex Camacho Vásconez, secretario General de la Vicepresidencia y promotor del plan Prótesis y Órtesis; Andrés Michelena, secretario de Comunicación; María del Carmen Chicaíza, asesora, y los periodistas Lorena Cazares y Rodrigo Figueroa.

El turno le tocó a Gisella Carrera, tecnóloga médica por la Universidad Estatal de Guayaquil.

Habló de la técnica alemana que usan en el plan: toman fotos en tres dimensiones de los muñones; las imágenes envían a Quito -al Hospital Eugenio Espejo, donde opera el otro taller-, para que hagan los modelos en un programa computarizado; luego los devuelven a Guayaquil con el fin de que las prótesis queden a la medida. El otro taller funciona en el Hospital Isidro Ayora, de Loja.

Carrera tiene el contrato por un año y gana USD 1200 mensuales. Es consciente de que no es un trabajo más. “Ofrecemos prótesis para que la gente se levante y le gane a la adversidad”.

Moreno dejó el taller, separado 150 metros del pabellón central del Hospital Guayaquil, y se armó el alboroto en el pasillo de entrada. La niña Anaís Muñoz esperaba la prótesis de pierna.

Arrimada en una pasarela de metal la madre, Juanita Argüello, le animaba. Lo mismo hizo el Vicepresidente. Afuera el calor pegaba fuerte. Los periodistas rodearon a Lenín Moreno. Como si se hubiesen puesto de acuerdo lanzaron la pregunta: ¿espera ganar el Nobel? Moreno sonrió.

“Estoy feliz por el apoyo que hemos brindado a los ecuatorianos con discapacidades; la solidaridad es nuestro motivo”.

Antes del mediodía, a las 11:30, Moreno dio un discurso desde una tarima, engalanada con heliconias púrpuras. Dijo que así como hubo las emergencias viales y de salud pidió al presidente Correa que decretase, en el 2009, la emergencia para las discapacidades. “El Presidente -sostuvo- es sensible y generoso, a veces es impetuoso, a veces exagerado, pero muy sensible, pronto aceptó la propuesta de emergencia”.

Cientos de personas sonrieron. Gritaron: “¡Correa y Lenín hasta el fin!” Moreno movió la cabeza, como si negase la consigna. “Se puede -agregó- servir al país desde varios ámbitos”. Reconoció que la Misión Manuela Espejo se ha movido con tres ejes: calidad, eficiencia y dignidad. Luego la gente se acercó. Hubo lluvia de pedidos, desde trabajo, el bono solidario, medicina, etc. Walter Félix Salazar, de 68 años, sobrevivió a un infarto cerebral. Clamaba por un colchón ortopédico, una cama y un bastón. “En el Hospital Guayaquil me han tratado muy bien”.

Sara María Estrada ya no ve. Requiere una operación de retinas a un costo de USD 3 500. Los asesores de Moreno tomaban nota.

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