6 de marzo de 2015 17:43

Las mañanitas suenan otra vez para festejar a Gabo

A la casa donde habitó el escritor colombiano mientras vivió en México llegaron flores amarillas, las favoritas de García Márquez. Foto: EFE.

A la casa donde habitó el escritor colombiano mientras vivió en México llegaron flores amarillas, las favoritas de García Márquez. Foto: EFE.

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Agencia EFE

En la calle Fuego de la Ciudad de México vuelven hoy, 6 de marzo, a sonar Las mañanitas para festejar los 88 años del escritor Gabriel García Márquez porque, aunque ya no esté físicamente, sigue en la memoria y el corazón de sus seguidores.

Y es que los familiares y amigos más cercanos del nobel de literatura celebrarán este día su cumpleaños, tal como le gustaba al autor de 'Cien años de soledad', quien falleció el 17 de abril de 2014 en la capital mexicana.

"Este día se va a festejar como si él estuviera", dijo a Efe Genovevo Quiroz, quien durante muchos años fue el conductor y asistente personal del novelista colombiano que hizo de México su hogar durante más de medio siglo.

Una vez más las rosas amarillas inundaron el interior de la residencia de Gabo, como se referían a él cariñosamente, y las llamadas telefónicas comenzaron desde temprana hora.

"Estamos disfrutando este día que es muy especial", dijo Quiroz, quien señaló que la viuda del escritor, Mercedes Barcha, se encuentra "muy bien de salud y acompañada por su familia, hijos y amigos".

"Aunque físicamente no se encuentre, Gabo sigue en nuestros corazones", afirmó Dinorah, una amiga cercana de la familia que llegó desde temprano a la residencia ubicada en el barrio Jardines del Pedregal de San Ángel.

Hace un año el escritor realizó su habitual gesto de saludar a los periodistas que le esperaban a la puerta de su casa para recibir flores amarillas -sus favoritas- y, sobre todo, el cariño que sentían hacia él y que había ganado a pulso desde hacía décadas.

En el recuerdo de los mexicanos quedó la mirada emocionada de ese día, que expresaba lo que no podía su tímida sonrisa, y la llamativa rosa amarilla que el colombiano llevaba prendida en la solapa.

Su voz se añadió al coro cuando le entonaron Las mañanitas, la canción de cumpleaños tradicional en México, donde escribió 'Cien años de soledad', la obra con la que bordó su nombre en letras doradas en la historia de la literatura. Porque, al fin y al cabo, García Márquez demostró al final de su vida que se había convertido en uno más de los personajes que nacieron de su pluma.

Como su Úrsula Iguarán, su muerte -pocas semanas después de su cumpleaños- ocurrió un Jueves Santo, tras luchar contra una infección pulmonar. Y en su despedida, en el capitalino Palacio de Bellas Artes, estuvo rodeado, como su imaginario Mauricio Babilonia, de cientos de mariposas amarillas de papel, que volaron para recordar al maestro del "realismo mágico".

"La obra de García Márquez ya había modificado plenamente la manera que teníamos de ver la realidad, hace muchos años nos acostumbró a ver la cotidianidad de manera prodigiosa, y por eso sigue estando tan presente como lo estaba hace un año", dijo a Efe el escritor Juan Villoro.

Su éxito en la literatura no impidió que se apagara su gran pasión por el periodismo, la otra faceta a la que dedicó su vida, y la que le dio la capacidad de ver "señales extraordinarias en lo más ordinario".

El "azar y la fortuna", opinó el escritor, fueron trascendentales a lo largo de su trayectoria, pero también su vida "es la historia de una disciplina de hierro". En los periódicos en los que trabajó, "cuando terminaba su jornada y el resto de compañeros se iba a la cantina, él empezaba a escribir ficción al compás de la rotativa que imprimía los diarios, como si fuera un oleaje que le acompañaba", narró Villoro.

Sus dos pasiones confluyeron en 'Crónica de una muerte anunciada', un "momento superior de la literatura, donde la realidad se combina con la ficción y usa todos los recursos como cronista y novelista", dijo el mexicano sobre esta obra "inagotable".

La cantante Tania Libertad recordó al Gabo melómano, amante de los vallenatos y los boleros, a quien conoció en 1987, cinco años después de que recibiera el Premio Nobel de Literatura.

Cualquier excusa era buena para que su círculo de amigos diera pie a una celebración, que acababa siendo una "velada literario-musical", señaló la peruana a Efe, recordando su sentido del humor, su generosidad y lo mucho que le gustaba bailar.

"No sé si nos juntaremos para recordarlo y cantarle Las mañanitas aunque no esté", dijo Libertad, quien defendió que "más que la personalidad que todo el mundo sabe que fue, era el gran amigo". "Fue un hombre que disfrutó plenamente la vida y hoy lo hubiera celebrado con una parranda extraordinaria", aseguró Villoro.

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