18 de diciembre de 2016 00:07

Lascaux IV, la ilusión de lo real

Durante aproximadamente tres años, más de 25 artistas reprodujeron las obras.

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Sabine Glaubitz. DPA (I)

La vaca negra es oscura, imponente, de más de dos metros de largo. Se encuentra en el ‘Nef’, la nave central de la nueva réplica de la cueva de Lascaux, en la que se reproducen al milímetro todas las pinturas rupestres de esta joya prehistórica que el jueves pasado abrió sus puertas en Francia.

Más de 60 millones de euros (63 millones de dólares) ha costado la nueva réplica de la célebre cueva situada cerca de Montignac, en la Dordoña francesa. Se espera que anualmente acudan a visitarla unas 400 000 personas, atraídas por las impresionantes pinturas de la Edad de Piedra que, como sucede con la cueva de Altamira en el norte de España, le han valido el apodo de ‘Capilla Sixtina del arte rupestre’.

En la cueva de Lascaux hay pintados y grabados cientos de animales. Hasta ahora, se han podido identificar más de 600, todos ellos accesibles al público en la nueva réplica.

Para llevar a cabo su reproducción, unos 25 artistas emplearon más de tres años en un taller con el objetivo de que la copia fuera lo más exacta posible. Se trabajó sobre imitación de roca en acero y acrílico con un modelo en 3D. Lascaux IV reproduce además por primera vez la cueva en su tamaño original, con sus escabrosas grietas y sus paredes desiguales.

También se ha replicado el agujero por el que el 12 de septiembre de 1940 cuatro espeleólogos descubrieron este tesoro creado hace unos 18 000 años. La temperatura oscila entre los 13 grados en invierno y los 16 en verano, igual que en la original, cerrada desde 1963.

La nueva réplica se sitúa a unos 800 metros de la cueva original. Se trata de una estructura de hormigón y cristal de
8 500 metros cuadrados que se funde discretamente con una colina. Está dividida en dos partes: una subterránea y otra en la superficie. Y su diseño (del despacho de arquitectos noruego Snøhetta) tiene como objetivo la integración total en el paisaje.

Uros (toros prehistóricos) de cinco metros de longitud, un rebaño de orgullosos caballos o un búfalo rojo son algunos de los animales que galopan por las paredes de la cueva. En la ‘Salle des taureux’, la sala de los toros, su representación es tan realista que da la sensación de que los mamíferos bufan. La calidad y la precisión con la que los hombres e Cromañón pintaron y grabaron las imágenes dejan sin aliento.

Quienes diseñaron estos dibujos eran auténticos artistas, al igual que los que ahora los han reproducido, dice entusiasmado Germinal Peiro, presidente de este departamento en el suroeste de Francia.

La sala de los toros ya se reprodujo en la réplica de la cueva inaugurada en 1983, Lascaux II; esta también se sitúa en la misma colina que la cueva original y en ella se reproducen el 90 por ciento de las pinturas. En los últimos 30 años, la copia de la cueva ha atraído a unos 10 millones de visitantes. Un éxito que fue su condena. Y es que la multitudinaria afluencia de turistas no solo dañó la colina, sino también las pinturas.

Estas se vieron amenazadas por hongos, al igual que la original, que por este motivo lleva cerrada desde marzo de 1963. Desde 1979, la cueva original forma parte de la lista de Patrimonio Mundial de la Humanidad de la Unesco.

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