1 de julio de 2014 19:12

Lana del Rey sale a flote de un vendaval

‘Lana del Ray’ (2010)fue una placa indie. No tuvo mayor repercusión .
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Luis Fernando Orquera

Lana del Rey ha llegado esta semana al número uno del listado más importante del mundo, el Billboard 200. Lo ha hecho después de que declarara a The Guardian que “quisiera estar muerta” y que alegara que todo fue una fabricación del medio, aunque este publicara el audio de la entrevista.

Su llegada a la cima viene con ese estilo de RR.PP. y su quinta producción ‘Ultraviolence’, un disco lleno de matices y que separa a la artista aún más de los clichés del pop tradicional. Aunque es su tercera placa como Lana, ya había lanzado como Lizzy Grant dos obras independientes antes de su ‘boom’ en el 2011.

Lo cierto es que en este punto en el que las ventas avalan su culto -182 000 copias en una semana-, difícilmente se volverán a oír o leer dardos como los que arrojó gran parte de la crítica al salir su primera placa con una disquera grande (‘Born to Die’, Universal/Interscope).

“Personaje inconsistente”, según el New Yorker; “cantante mainstream fracasada”, de acuerdo con Hipster Runoff; o “el equivalente a un orgasmo fingido”, de Pitchfork, fueron algunos de los apelativos que poca mella hicieron en el impacto de aquel disco que llegó al segundo escalón de la Billboard, con ventas que hoy superan los 7 millones de copias alrededor del mundo.

Entonces, cabe hacer dos preguntas: ¿Por qué la animadversión de ciertos medios? Y finalmente, ¿cómo un producto tan apaleado pudo exceder sus expectativas comerciales y consagrarse? Lo que pasó con la crítica fue un simple acoso desde la tinta; un ‘bullying’ que pretende estar en onda con ciertas ‘voces autorizadas’.

Cuando Lizzy lanzó su carrera de manera independiente, las reseñas eran en general positivas -claro, las ventas eran pobres-. Incluso ya cuando Lana apareció con su video viral ‘Video Games’, en junio del 2011 -antes del lanzamiento de ‘Born to Die’-, Pitchfork la nombró ‘mejor canción nueva’.

Entonces, tres meses después Hipster Runoff -blog que marca tendencia en nuevos gustos musicales- la acusó de no ser real y de que todo su acto estaba fríamente calculado.

En definitiva; de ir contra los preceptos de lo que ellos consideran independiente. Desde entonces, los medios de este estilo y otros de carácter más amplio como el New York Times copiaron la fórmula.

Sin embargo, la mayoría coincidía en no atacar directamente a su música. Hasta que en enero del 2012 Lana tuvo su primera aparición nacional en el programa ‘Saturday Night Live’ y la tendencia volvió para invalidarla. En la cadena NBC dijeron que su presentación fue “una de las peores en la historia del show” y esa fue la tónica de los titulares en EE.UU.

“Nerviosa”, “aburrida” o “sin carisma” fueron el tipo de comentarios mediáticos del siguiente día. Sentencias que incluso hasta hoy se repiten tras sus presentaciones, como la del festival Glastonburry este fin de semana. Sí, es verdad, ­Lana no tiene el dedo de espuma gigante ni baila el ‘Twerking’ de Miley Cyrus.

Ver un show de Lana implica escuchar el tono distinto de una voz que habla sobre temas incómodos como la soledad, la tristeza y la violencia, con un manto de glamour y referencias a la cultura pop norteamericana.

Esa fórmula musical no ha cambiado en esencia desde que empezara a cantar en pubs neoyorquinos a los 17 años, cuando firmaba como Lizzy Grant.

La única diferencia entre Lizzy y Lana es que la primera parecía salida de un salón de clases: con jeans, camisetas y una melena rubia sin gracia. Lana es la encarnación visual de toda la poética sonora y lírica de la artista; aquella de un Hollywood hermoso y decadente.

El nuevo envoltorio es la única estrategia palpable; una que irritó a los puristas de lo independiente pero que, con publicidad inversa, la ha consagrado como un ícono tanto de la música como de la moda.

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