18 de julio de 2017 10:52

Ladies night, una comedia 'muy seria' que desnuda a la sociedad ecuatoriana

'Ladies Night' es una obra dirigida por Christoph Baumann que, con humor, habla de la sociedad ecuatoriana. Foto: Vicente Costales/ EL COMERCIO.

'Ladies Night' es una obra dirigida por Christoph Baumann que, con humor, habla de la sociedad ecuatoriana. Foto: Vicente Costales/ EL COMERCIO.

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Agencia EFE

Un bar con música lastimera y melancólica aparece en la escena inicial de una comedia que gira en torno al estriptis, en la que los actores terminan "vestidos" con un sombrero, y en la que, endulzada con la sintaxis de un fino humor, se desnuda la complejidad de la sociedad ecuatoriana.

Por más de dos horas, seis actores y una actriz arrancan carcajadas con la comedia 'Ladies night, una noche sin vergüenza', una adaptación local de la obra de los neozelandeces Anthony McCarten y Stephen Sinclair, que llegó al cine como 'Full Monty'.

Con fino ingenio, en la obra se abordan temas muy serios: el desempleo, la política, la infidelidad, el machismo, la homosexualidad, la solidaridad, la traición, el emprendimiento, el amor, el matrimonio, el riesgo, el fracaso... algunos de plena actualidad por la compleja realidad política y económica del país.

Diálogos cargados de palabras que podrían considerarse de grueso calibre para una sociedad como la ecuatoriana, no tan acostumbrada a escucharlas con tanta soltura, tejen la historia de cinco amigos de juventud que han permanecido unidos bajo el patrocinio del Cuzumbos Fútbol Club y el auspicio del decadente Bar El Papi de La Michelena.

Ahora se encuentran todos en el desempleo, en medio de unas circunstancias económicas imposibles de sortear para cualquier mayor de 37 años, por lo que, inspirados en el éxito de un grupo de jóvenes desnudistas, deciden emular esa actividad como única forma de salir de la miseria.

Ello, pese a que se saben conocedores de que sus maduros cuerpos no están para grandes promesas.

Logran que el dueño del bar, interpretado por Pablo Aguirre, les alquile el local para montar el espectáculo, al que se lanzan ignorantes en sensuales movimientos y con unas técnicas seductoras tan precarias como graciosas.

Con gran sutileza, los actores tocan fibras sensibles de la política ecuatoriana con las que arrancan carcajadas de un público -la mayoría pasados los 40 años- que capta el mensaje como si los personajes aludidos estuviesen en el escenario, aunque los diálogos ni siquiera mencionan sus nombres completos.

La difícil situación económica del país, por ejemplo, queda retratada en una escena en la que uno de los actores justifica su retraso a un ensayo porque, antes, había acudido a retirar un bono de asistencia social.

"-Te lo dieron?", le pregunta otro. "-No, se puso Lenín primerito en la fila", le responde el primero arrancando carcajadas de un público que automáticamente vincula la mención de "Lenín" con el presidente de Ecuador, país donde sectores vulnerables reciben un bono mensual de USD 50 y cuya economía atraviesa dificultades.

La aparición en escena de la única mujer en la obra desgrana por completo ciertos comportamientos machistas que se siguen replicando en la sociedad: groseras insinuaciones y miradas morbosas.

Pero es precisamente esa mujer -personificada por la actriz Marliz Romero y quien trata de enseñarles a los hombres sensuales contoneos para su espectáculo final- la que desnuda la personalidad de cada uno cuando estos desisten de bailar al enterarse de que entre el público estarán sus familiares, amigos y admiradores.

Le reclama al casado por culpar a su esposa de sus miedos; al guapo y musculoso por fingir ante sus amigos; al tímido por no saber tomar decisiones, y al emprendedor por creerse superior.
A todos les acusa de estar aterrados de sincerarse con ellos mismos y de preferir quedarse en su zona de confort.

Critica los prejuicios, conceptos machistas y su incapacidad de pararse frente a "inofensivas mujeres" que lo único que quieren, dice, es celebrar su libertad sexual, rematando la faena con una estocada: "Traté de sacarlos de sus cuevas y traerlos al siglo XXI".

Esa escena, que parece ser el corazón de una obra dirigida por el alemán Christoph Baumann, da paso a provocativos y cómicos bailes de Gabriel Baumann, Eduardo 'Mosquito' Mosquera, Francisco Viñachi, Alfredo Espinosa y del propio director de la obra.

El espectáculo, de diversión y reflexión, cierra finamente con el baile de los cinco actores, quienes aparecen con uniforme y un gorro, la única prenda con la que quedan al final de la obra, estratégicamente colocada para ocultar la máxima de las intimidades.

Al final de la comedia, que trata de ser una voz de alarma ante temas muy serios, uno de los actores, muy a su estilo, insiste sobre el tema de los problemas económicos en Ecuador: "Lo recaudado esta temporada se destinará a una fundación para niños que mueren de hambre" y, en un mismo suspiro, remata: "¡Nuestros hijos!".

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